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Imagen: César Mejías

¿Debería ir al psicológo? 11 razones por las cuales ir a terapia no es "cosa de locos"

Desterremos de nuestro vocabulario la palabra "loquero" e integremos la de terapeuta, el que nos guía para adquirir habilidades que nos permitirán desarrollar un mayor potencial en la vida.

Por María Jesús Martínez-Conde | 2019-08-02 | 07:00
Tags | terapia, psicólogo, psicología
"Hay que estar muy cuerdo para cruzar el umbral de la consulta de un psicólogo por primera vez" (Javier Cid, columnista de "El Mundo").
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"Hay que estar muy cuerdo para cruzar el umbral de la consulta de un psicólogo por primera vez", dice Javier Cid, columnista de El Mundo. ¿Cuántas veces hemos escuchado que la terapia es para los locos? Como si fuera un acto de extrema debilidad, pero no de inteligencia e, incluso, de valentía.

Hay que tener coraje para cruzar esa puerta y relatar a un completo desconocido los desmanes más atolondrados de nuestra psiquis. Es un sano acto de apertura que da inicio a una relación como ninguna, pagada sí, pero donde se crea un ambiente de seguridad y confianza que puede conducirnos a disfrutar de un montón de beneficios.

Hay momentos tormentosos que nos llevan como último recurso hasta el diván pero, como señala el psicólogo y filósofo Ryan Howes, no deberíamos esperarlos para tomar la decisión. Ir al psicólogo debiese ser como ir al gimnasio, una práctica que nos mantiene saludables, no necesariamente una cura cuando la enfermedad mental ya se ha desatado. Simplemente una forma de adquirir habilidades que nos ayuden a desarrollar nuestro máximo potencial en la vida (si es que realmente existe un tope para esto).

Pero si no te convences, hemos buceado en columnas y artículos escritos por profesionales, buscando razones de peso para ir a terapia, aunque sea una vez en la vida. Lógicamente no son las únicas, pero sí las que nos han hecho más sentido. 

1. Una cita con nosotros mismos

"Hacer terapia es un encuentro, no con el terapeuta, no con el psicólogo, sino con uno, y no estamos acostumbrados a darnos cita con nosotros mismos", dice el psicólogo argentino Alejandro Schujman en una excelente columna para Clarín. Y es cierto, asusta encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra historia de dolores o con aquel aspecto o momento de nuestra vida que, hasta ahora, hemos evitado mirar a la cara.

La terapia nos da el lujo de pensar en nosotros durante una hora, conduciéndonos de manera inevitable a aprender más sobre quiénes somos. ¿Y por qué esto es importante? Porque, con la ayuda del profesional, vamos haciendo conexiones entre partes que pensábamos aisladas en nuestra personalidad, orientándonos y entendiendo las razones tras nuestras acciones.

2. Más confianza en nuestras decisiones

Y si nos conocemos mejor, obviamente tomaremos mejores decisiones. Las respuestas a las preguntas de la vida siempre están dentro de nosotros —como explica la psicóloga Lori Gottlieb, autora de Maybe you should talk to someone—, el problema es que nos cuesta encontrarlas. El terapeuta precisamente nos guía a poder hacerlo.

Muchos pacientes, después de relatar su problema, le piden al profesional que les diga qué hacer. Pero ellos no están para eso, sino para darnos las herramientas que nos ayuden a mirarnos claramente para así saber qué es lo que realmente queremos.

3. Para desarmar mecanismos de defensa

Todos tenemos pautas de comportamiento que nos ayudan a no plantar cara a los aspectos desagradables o molestos de la vida. Algo a lo que también se le llama "mecanismos de defensa". Aprendemos a vivir de manera relativamente cómoda con esas piedras en el zapato, nos acostumbramos a ellas sin hacer consciente cómo realmente nos molestan.

Desarmar los mecanismos de defensa es una de las tareas de los psicólogos, haciendo un trabajo de equipo con sus pacientes y ayudándolos a entrar en esos terrenos escabrosos.

4. Quererse un poquito más

Una prioridad en la vida de cualquiera, debiese ser ser feliz, pues los 80 y tantos años que tendremos parados sobre este mundo (si tenemos suerte), son nuestra única chance. Sin embargo, muchos se posponen, dejándose en el último lugar de una larga lista de deberes y tareas con los otros.

No necesariamente se trata de personas deprimidas, sino de cualquiera de nosotros que no se da el tiempo necesario para quererse y mimarse un poquito. La terapia nos ayuda a subir nuestra autoestima y elevar nuestro ranking en esa lista de prioridades.

5. Para ser un marido/madre/hija/profesional/amigo fantástico

No necesitamos ser un fiasco de madre para decidir, por fin, ir al psicólogo. Podemos cumplir bien nuestro rol y estar satisfechas con él, pero teniendo la intención siempre de mejorar y crecer. Lo importante es sentirnos conectados de la mejor manera con cada una de esas personas con las que forjamos relaciones vitales en la vida.

Por ejemplo, que nuestra relación de pareja no sea solo funcional, sino también divertida; que no repitamos negativos patrones de nuestra crianza en la de nuestros hijos; o que si no estamos contentos en la pega, busquemos activamente ese trabajo que realmente nos hará sentir plenos.

6. Perdonar

Puede que el rencor no sea una condición diagnosticable, pero tiene graves consecuencias físicas, emocionales y relacionales, dice Ryan Howes. Esa falta de perdón, por más grande que haya sido el desastre que alguien causó en nuestras vidas, solo nos afecta a nosotros, pues el que perpetuó el daño se encuentra, posiblemente, ya a galaxias de distancia.

A través de la terapia, el psicólogo puede ayudarnos a encontrar ese espacio de perdón que tanto bien nos va a hacer.

7. Cambiando creencias limitantes

Las creencias que todos tenemos son, básicamente, interpretaciones de la realidad, pero de ninguna forma hechos constatados, como explica el psicólogo y coaching español, Jonathan García-Allen. A partir de ellas, damos forma a nuestro modelo de mundo, lo simplificamos para hacerlo entendible, algo que obviamente resulta distinto para cada ser humano. El problema surge cuando esas creencias, en vez de darnos una mano, lo enredan todo:

"Algunas creencias son desadaptativas o limitantes y es necesario corregirlas, pues estas no son innatas, las vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida. Por ello, el psicólogo puede ayudarte a identificarlas, analizarlas, ponerlas a prueba y modificarlas", manifiesta.

8. Ser más autocompasivos

"Le pedí a una paciente que escribiera todo lo que se dijo a sí misma en el transcurso de unos días y luego me lo devolviera, y se sintió avergonzada de leerlo. Dijo: '¡Dios mío! ¡No sabía que hablaba conmigo misma así! ¡Soy una matona!'", cuenta Lori Gottlieb.

Tratarse mal a uno mismo, decirse cosas hirientes y dañinas, no debiese ocurrir. Por más errores que hayamos cometido, tenemos que ser amables con nosotros mismos y tratarnos con cariño. Un terapeuta nos enseña a, en vez de autoflagelarnos, preguntarnos, "¿qué puedo aprender de esta experiencia y cómo puedo tomarla con responsabilidad sin golpearme?".

9. Lidiar con la pérdida

Y con esto no solo nos referimos a la muerte (que es una de las más dolorosas y evidentes), sino a todo tipo de pérdidas: de un trabajo, sueño, proyecto, relación, creencia, etc. Lori Gottlieb dice que hay un mito extendido en nuestra sociedad respecto a las "etapas del duelo", es decir, que todos debiésemos llegar a un punto de aceptación y cierre. Pero no es así.

La tristeza está integrada en el tejido de nuestras vidas y olvidar es algo virtualmente imposible. El objetivo no es deshacerse del dolor, sino aprender a vivir con la pérdida: "reconocerla y no sumergirse en ella, integrarla en la alegría y otras cosas de su vida. Eso es lo más útil", agrega.

10. Porque funciona mejor que los medicamentos

No hay duda de que existen muchos medicamentos que, recetados por un médico, pueden ayudar a muchos a superar condiciones psiquiátricas. Sin embargo, las investigaciones demuestran que, en estos casos, la terapia tiene efectos a mayor plazo que las drogas.

Mientras la medicación reduce los síntomas de algunas afecciones mentales, la terapia enseña a los pacientes habilidades que los ayudarán a abordar esas señales por cuenta propia. Lo mejor de todo es que esas herramientas permanecen hasta años después de acabada la terapia, por lo que los síntomas también irán alejándose cada vez más.

11. Transforma tu cerebro

Si creías que la terapia era "pura conversa", estás equivocado. Resulta que las técnicas de neuroimagen han demostrado que es capaz de producir cambios neuroplásticos en nuestro cerebro, es decir, transformaciones que van más allá de lo que la genética nos impone, porque responden a experiencias ambientales y demandas fisiológicas.

¡Y saber esto es maravilloso! Porque nos damos cuenta que los beneficios de la terapia no son solo aparentes, sino que realmente hay modificaciones en el funcionamiento del cerebro que tienen consecuencias visibles en la mejoría de los pacientes.

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Comentarios
Francisco Álvarez | 2019-08-03 | 14:57
2
Pues soy psicólogo y, si bien la recomendación viene muy de cerca 😂, lo sugiero totalmente. Personalmente he sido paciente en bastantes oportunidades por los mismos motivos que mencionan arriba. Incluso puedo comentar que quienes hacemos terapia necesitamos acudir cada tanto a hacernos "recauchaje" para poder seguir apoyando a otros.
La psicoterapia no es mágica ni la única solución a todo (una vez escuché que "a veces la mejor psicoterapia es tener un buen sindicato" y le encuentro toda la razón 😉) pero sí te permite abordar aspectos que no quieres revisar o que, sencillamente, no sabías que tenías.
Un tip: no todos los psicólogos/as clínicos/as sabemos resolver todos los problemas. Hay especialidades: violencia intrafamiliar, infanto juveniles, problemas de alimentación, etc.
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Patricio Guzman | 2019-08-06 | 12:18
0
He ido a dos sicologos: la primera vez a los 13 años, me hicieron unos test para medir la inteligencia y eso es todo lo que me acuerdo, nunca me sentí cómodo ni el profesional creo un ambiente para que yo sintiera que me podía abrir. A lo mas fueron tres cesiones y listo. Ningún cambio.
La siguiente ocasión fue a los 35, aca ya por necesidad mia me solte mas, pero por necesidad, ya que en esa ocasión me diagnosticaron depresión endogena y me derivaron en forma paralela a psiquiatra para tratamiento con medicamentos. Lo que cuesta a la hora de estar con un sicologo es ser sincero, soltarce y decir lo que en verdad pasa por la cabeza de uno, aquello que nos esta atormentando dia a dia, y que sentimos que nadie quiere oir o que simplemente, les da lo mismo lo que uno esta pasando.
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Debbie Marchant | 2019-08-20 | 03:29
0
Para mí ir al sicólogo ha sido una gran bendición. Lo conocí en la universidad en un muy mal momento y no pude continuar con la terapia. Hace un año, me reencontré con el por suerte, y ha sido el mejor dinero invertido en mí, un regalo. Me he enfrentado con valentía a muchos temores, he sacado mis emociones ocultas y con un poco de suerte he hecho cosas que nunca pensé. Voy a estar eternamente agradecida de él, por abrir mi mente y eliminar un montón de prejuicios, ayudarme a ser coherente con lo que pienso y así vivir un poco más en paz.
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