11-9, atentado, Torres Gemelas, Estados Unidos, Osama Bin Laden, terrorismo, Al Qaeda
Imagen: César Mejías

Si el gobierno estadounidense organizó el 11/9, yo soy el Yeti

¿Realmente le convenía a EEUU? Y si es así, ¿cómo logró hacerse la víctima? Joaquín Barañao analiza la teoría conspirativa desde la lógica. El resultado te interesará.

Por Joaquín Barañao | 2017-10-11 | 15:00
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En 1962, la CIA propuso al presidente Kennedy ejecutar una seguidilla de actos terroristas contra objetivos civiles y militares, plantando en el lugar evidencia ficticia que inculpara a Cuba. Por ejemplo, se proponía disfrazar a oficiales de terroristas cubanos y secuestrar un avión comercial. El fin era concitar apoyo ciudadano con miras a una guerra contra los isleños. Kennedy rechazó el plan. Es una historia bien documentada, y cuya existencia nadie pone en cuestión. Se la llamó "Operación Northwoods".

Dado que es un hecho de la causa que el gobierno estadounidense podría actuar con un maquiavelismo estremecedor, ¿podemos por tanto creer que organizó los ataques del 11 de septiembre de 2001? Hay dos corrientes principales en torno a este asunto:

  • La hipótesis fuerte: el ataque fue orquestado por el gobierno estadounidense.
  • La hipótesis débil: el gobierno estadounidense se enteró con antelación del atentado, pero optó por no intervenir.

Esta columna tiene por finalidad mostrar que, independiente de las intenciones de las autoridades, ambas son imposibilidades logísticas. Incluso si el núcleo del gobierno estuviese poblado por desalmados, las barreras operativas en materia de ejecución y encubrimiento son insalvables. No soy un ingenuo que crea que no hay maldad en el mundo –la "Operación Northwoods" es prueba fehaciente de ello- sino que, de existir ese nivel de maldad en el gobierno, a la hora de plasmarla había miles de alternativas menos complejas de implementar y de ocultar.

Hipótesis fuerte: un “conveniente” autoatentado

Supongamos que alguna autoridad muy arriba en la jerarquía gubernamental, o el presidente mismo, decide llevar adelante el plan. Lo primero es reclutar al equipo. “¿Aló? ¿Secretario Powell? ¿Puede venir a mi oficina un minuto por favor?”.

Hay una probabilidad no despreciable de que entre los miles de muertos haya un ser querido”, piensa el convocado, “Y si me entero de antemano no podré avisarle, porque seríamos descubiertos”. El instigador corre un enorme riesgo. Su interlocutor podría rehusarse de plano a tomar en parte, aún si quien le habla es su superior, incluso el presidente. De hecho, es lo que haría usted y casi todas las personas que usted conoce, por mucha plata y poder que haya en juego. Si ello ocurre, ¿cómo impedir que hable? La única opción segura es quitarle la vida en el acto. Una alternativa, extremadamente riesgosa pero posible, es la amenaza de asesinarlo a él, a su familia, seres queridos y todos quienes hagan falta con tal de asegurar su silencio. Una tercera opción es plantear algo del tipo “puede hablar todo lo que quiera, no tiene ninguna prueba y le tomarán por chiflado”.

El iniciador de la idea se expone a otra severa vulnerabilidad. Su candidato podría comprender que negarse pone en riesgo su integridad. Procede entonces a fingir que acepta y espera una ocasión propicia para denunciar la estratagema. Esto le concede el tiempo necesario para reunir pruebas.

Y otra fatalidad más sería que el tipo genuinamente acepte, pero que con el paso del tiempo lo carcoma la conciencia y acabe por desertar, echando todo por la borda. Una cosa es maquinar en frío y otra convivir con la idea por meses, y ponerle rostro a quienes abordarán esos aviones.

Pero supongamos que se trata de alguien tan siniestro como el arquitecto original, y con el temple de acero para jamás recular, ni siquiera cuando mira a sus hijos a los ojos cada mañana. Indagará los motivos y qué hay para él en todo esto. Es una pregunta con dos respuestas posibles. La primera, es que traerá beneficios a una cúpula reducida de la cual él, desde luego, formará parte. Enriquecerse directa o indirectamente a través de un contrato petrolero leonino en Irak, por ejemplo (aun cuando la mismísima comisión gubernamental posterior concluyó que Irak no estuvo involucrado). La otra posible respuesta es que se persiguen metas de tipo nacional, tales como proveer un pretexto para atacar potenciales amenazas y volver a Estados Unidos un país más seguro.

El plan de reclutamiento debe continuar. Cada vez que la treta se le revela a un nuevo potencial integrante, se repite el riesgo: o bien su alma está tan podrida que acepta tomar parte de una maquinación que matará a miles de inocentes, o bien destapa todo, ya sea en el acto, ya sea tras acumular pruebas, o ya sea fruto de un posterior arrepentimiento.

Supongamos que esta etapa se supera con éxito. Ni una sola persona declinó y ni uno solo desertó a lo largo de todo el proceso. O bien, hay varias personas sometidas a amenazas que hasta el día de hoy no han abierto jamás la boca. Hasta aquí, todavía dentro del margen de lo posible. Pero es ahora cuando viene un paso logístico insalvable: “Mr. Rumsfeld, ha sido asignado encargado de reclutamiento de mártires. Debe conseguir unas 18 a 20 personas dispuestas a MORIR por el éxito del proyecto”. Corta: es una tarea sencillamente imposible. Incluso si uno cree poder identificar personas capaces de entregar su vida por su país (aunque la motivación aquí dista de ser evidente) o bien a cambio de beneficios económicos para sus seres queridos, se enfrenta al obstáculo anterior, pero amplificado en varios órdenes de magnitud: ¿qué se hace con el entrevistado si se niega, si tan solo finge que acepta, o si se arrepiente a medida que su propia muerte se aproxima?

Imagine por un momento la escena: “Así es que para resumir, nos gustaría que usted estrelle un avión con cientos inocentes contra un edificio habitado por otros cientos de inocentes para asegurar el bienestar económico de su familia” (suponiendo que la autoridad tributaria nunca se enterará de esa fortuna). O, en la versión patriótica, “para que nos entregue un pretexto para atacar Afganistán y luego Irak, hacer del nuestro un país más seguro y/o obtener buenos contratos de petróleo”.

Esa tarea no se puede lograr. No hay solución posible. Quienes entregaron su vida esa mañana lo hicieron por una profunda convicción religiosa, no por asuntos de mera conveniencia familiar o nacional. Es un motor que ningún funcionario de gobierno estadounidense es capaz de inculcar en un ser humano.

Supongamos, en cambio, que lo que hizo el gobierno fue de alguna manera canalizar la vocación de mártir de esos 19 musulmanes en pos de sus propios objetivos. Si aceptamos eso (bastante menos inverosímil, por lo demás) concedemos por lo tanto que la identificación de los 19 sujetos es veraz: 15 saudíes, dos emiratíes, un egipcio y un libanés, cuyos nombres y biografías son conocidos y no una invención del gobierno. (Por lo demás, hay cientos de testigos de sus cursos en simuladores de vuelo en Florida, y las aerolíneas y autoridades aeroportuarias pueden certificar que esos sujetos compraron pasajes en sus aviones y abordaron los vuelos.)

Por supuesto, estas personas no entregarán su vida por un dineral para sus familias, ni menos por el bien de Estados Unidos. La única opción es de alguna manera engañarlos para encauzar su vocación religiosa. La escena sería algo de este tipo: “¿Aló? ¿Osama? Te habla George Bush ¿Cómo ha estado la familia? Mira, te quería proponer un negocio ¿Tienes por ahí unos cuántos jóvenes dispuestos a inmolarse por tu causa? Porque se me ocurrió una idea que te va a encantar…”.

La interrogante es la siguiente: si al estadounidense que telefonea le conviene todo este ardid, ¿por qué iba a Osama a ayudarlo, engañando a su propia gente en el camino? Porque cualquiera que crea en la conspiración debe reconocer que el currículum previo de Osama como enemigo de Estados Unidos es intachable, y es avalado por infinidad de fuentes ajenas a ese país, como los servicios de inteligencia polacos y paquistaníes. ¿Por dinero? Impracticable, pues Bin Laden invertía su propia fortuna justamente en su proyecto antioccidental.

Se podría argüir que Osama nunca tuvo nada que ver, y tan solo se adjudicó los créditos a posteriori. El escollo de esta línea argumental es que, aceptado que los 19 extranjeros de la versión oficial son quienes actuaron y no hay un montaje de identidades orquestado por la CIA, los lazos de esas personas con Bin Laden están muy bien documentados por fuentes ajenas al gobierno estadounidense. Por ejemplo, a fines de los ’90 la inteligencia alemana monitoreaba el departamento de Mohamed Atta en Hamburgo por sus lazos con Al Qaeda, un antecedente que escapa por completo a un potencial montaje de una cúpula norteamericana.

Hipótesis débil: se hicieron los lesos

Los estadounidenses se enteraron, pero los dejaron actuar. Aunque menos inverosímil que la movilización de 19 suicidas por parte del gobierno, también se trata de una imposibilidad logística. ¿Por qué? Porque la primera línea de detección es un funcionario de alguna agencia de inteligencia o de seguridad que está demasiado abajo en la cadena alimenticia como para engrosar la cúpula maquinadora. Ni Bush ni Powell habrían pasado horas escuchando el teléfono intervenido de al-Shehhi. Ese trabajo sucio lo habría hecho un teniente o un sargento, quien habría informado a su capitán, quien habría informado a su general, quien habría informado a Powell. Para el momento en que alguien muy arriba se pone creativo y decide aprovechar la oportunidad, ya hay un puñado de personas que están al tanto. ¿Qué se hace con ellas? ¿Cómo se las calla? Se les puede ofrecer una fortuna por su silencio, pero volvemos al intríngulis planteado más arriba. ¿Qué ocurre si declinan, o si fingen que aceptan, o si de corazón aceptan pero a horas del atentado los corroe la culpabilidad y destapan la olla? Más aún considerando que esta vez se trata de personas que no fueron seleccionadas con pinzas por su bien conocida maldad, sino que hombres y mujeres de vocación militar o policial que les tocó en suerte pinchar esa llamada. No digo que sargentos no puedan guardar secretos de Estado, pero sí que no se puede esperar que todos y cada uno lo guarden cuando dicho secreto implica la muerte de cientos de compatriotas inocentes, con un riesgo real de que alguno sea pariente suyo.

¿Y cuáles son los fundamentos de las teorías conspirativas?

No me puedo referir a todos, pero los principales son las dudas que algunos les suscitan la manera en que colapsaron las torres gemelas y el WTC7, y la evidencia del impacto sobre el Pentágono.

Respecto a lo primero, le puedo asegurar lo siguiente: el comportamiento de una estructura específica impactada por un avión comercial y expuesta a miles de litros de combustible de aviación que arden por cerca de una hora es infinitamente más complejo de lo que el sentido común es capaz resolver. Repasar el video de los derrumbes y afirmar muy suelto de cuerpo “eso es más que un avión” no puede ser más infundado. Estudié seis años de ingeniería civil –y “civil dura”, no industrial- y es un problema mucho, mucho más difícil de lo que soy capaz de modelar. Cientos de ingenieros y científicos del Instituto Nacional de Estándares y Tecnologías elaboraron un acucioso informe que explica en detalle el proceso de las caídas. Sí, es una institución gubernamental, pero conceda que no se puede involucrar en una conspiración a cientos de funcionarios estatales, incluyendo un tropel de ingenieros de toda gama de rangos y edades. Además, las planillas de cálculo están publicadas y cualquiera las puede testear. No tengo duda de que hay numerosos ingenieros y personas con formación estructural que defienden la posición contraria, algunos de los cuales publican documentales, pero son una minoría ínfima en medio de un abrumador consenso técnico.

Ahora bien, el párrafo anterior es irrelevante para efectos de esta columna. Aun si fuera cierto que los edificios cayeron por algo distinto a los aviones, en nada modificaría la asignación de responsabilidades. Cambiaría solo el “cómo”, no el “quién”. El “por lo tanto” en la oración “dudo de la versión oficial de los derrumbes, por lo tanto dudo del rol de Al Qaeda” no tiene ningún sustento lógico. Si el día de mañana se descubriera de que en efecto se trató de una demolición controlada, seguiría siendo evidente que fue obra de Al Qaeda. No habría ninguna razón para afirmar “por lo tanto, quien lo hizo fue el gobierno”. Es irónico, pero la principal fuente de sospechas de las teorías conspirativas del 11 de septiembre en nada afecta la pegunta del “quién”, sea cual sea la verdad última.

Respecto al Pentágono, hay quienes cuestionan que el agujero sea tan pequeño para un Boeing 757. Absurdo. Nadie lo ha respondido mejor que Mete Sozen, profesor de ingeniería civil de la Universidad de Purdue: “un jet estrellándose contra un edificio de concreto reforzado no perfora una silueta de sí mismo como si se tratara de dibujos animados. Cuando el vuelo 77 golpeó el Pentágono, un ala golpeó el suelo y la otra fue desgajada por las columnas estructurales del Pentágono”. Sí, el agujero en las torres gemelas fue diferente, pero por la obvia razón de que una estilizada torre de acero no tiene nada que ver con un búnker militar de concreto reforzado.

Si lo anterior, no lo convence, considere lo siguiente.

Hay decenas de controladores aéreos en distintos aeropuertos que fueron testigos de la trayectoria detallada del avión que terminó en el Pentágono. Desde luego, no es factible sumar a cada uno de ellos al complot. En el lugar de los hechos hubo además decenas de testigos. Se encontró la caja negra, la nariz del fuselaje, el tren de aterrizaje, un neumático de avión y un asiento intacto. “Las colocó ahí el gobierno”, me podrá rebatir, pero ¿en qué momento los conspiradores instalaron todo eso sin que los peatones lo notaran? El suceso ocurrió a plena luz del día, en un sitio visible desde la calle. De hecho, la cámara de seguridad del Sheraton National registró todo esa mañana, aunque el avión es demasiado rápido para individualizarlo en una filmación de tan poca resolución.

Luego, se identificó el ADN de 184 de las 189 víctimas, gracias al trabajo de más de 50 especialistas forenses, científicos, y personal del Instituto de Patología del Ejército. De nuevo, muchísima más gente de la que se podría involucrar en un montaje.

Más aún, si el vuelo 77 no se estrelló contra el Pentágono y se trató en realidad de un misil, ¿dónde fue a parar ese avión y las 64 personas que lo abordaron esa mañana, y cuyo despegue fue autorizado por la torre de control del Washington Dulles International Airport? Detrás de cada una de esas 64 personas hay familias y amigos que perdieron a un ser querido, empleados que perdieron a un compañero de trabajo, bancos que perdieron a un cuentacorrentista y compañías de seguros que perdieron a un cotizante. Son miles quienes pueden dar fe de esos fallecidos.

Ya imagino a varios leer esto y pensar “¡qué ingenuo este señor! No sabe lo que varios millones de dólares son capaces de comprar”. No. El mundo no funciona así. Es concebible la existencia de un puñado de personas muy alto en la jerarquía capaces de planear algo así, pero es estadísticamente imposible que todos y cada uno de quienes deben forzosamente ser involucrados después para preservar el secreto mantengan la boca cerrada hasta el día de su muerte. Además, nadie discute que el precio del silencio sería muy alto, del orden de millones de dólares para cada individuo que hay que callar. Imagine que de pronto cada forense del Ejército multiplica su patrimonio cien veces, ¿cada uno cultivaría el autocontrol a un punto que ni su familia ni sus vecinos, ni sus amigos ni el servicio de impuestos internos se enteran? Si no pueden gozar de su nueva riqueza, porque eso lo delataría, pero de todos modos debe pagar a diario el precio del tumor en su conciencia… ¿Para qué aceptó? ¿No sería ese el peor deal de todos los tiempos?

En lo referido al vuelo 93, que se estrelló en Pensilvania, aplican los mismos estorbos logísticos: controladores aéreos, cientos de testigos que encontraron trozos (motor incluido), la interrogante de dónde fue a parar el avión en ese caso, etc. Pero no me extenderé porque el caso es tan irrefutable que incluso al 9/11 Truth Movement le parece disparatado, y declara que “montajes (…) parecen diseñados para para alienar a las víctimas y al público general del 9/11 Truth Movement”.

Por último, piense todo esto de otra manera. Si usted ocupara un cargo dirigencial en el gobierno de Estados Unidos y desea montar un atentado terrorista en su propio suelo. ¿No sería infinitamente más sencillo de ejecutar y difícil de descubrir plantar bombas en lugares públicos, arrojar ántrax en un ducto de ventilación o envenenar agua potable? ¿Por qué elegir el camino más difícil de todos, que involucra conseguir pilotos suicidas, orquestar una demolición controlada en tres rascacielos de alto tráfico sin ser visto, hacer desaparecer dos aviones comerciales de la faz de la tierra y sobornar, entre muchos otros, a medio centenar de médicos patólogos para que guarden un secreto que no han revelado ni siquiera con sus cónyuges 16 años después?

Suponer mala fe de parte de una cúpula del gobierno estadounidense es muy, muy insuficienteLas intenciones son solo el punto de partida. De ahí al desafío logístico que supone concretar y ocultar la operación hay un abismo. Habría que involucrar a cientos para la ejecución y luego para resguardar el secreto: controladores aéreos, operadores de aerolíneas, peatones de Washington D.C., especialistas forenses, militares a cargo de misiles, cuadrillas para esconder un Boeing 757 y un largo etcétera. Nadie es capaz de semejante hazaña. Ni siquiera el hombre más poderoso del mundo: el presidente de los Estados Unidos.

Joaquín Barañao

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Comentarios
Jorge Alvarado | 2017-10-11 | 16:14
1
Si, es muy atrevido sugerir siquera una teoría conspirativa. Pero hay un elemento que el autor no considera en su calculo: el error humano, la burocracia, la ineficiencia de los controles.

En la segunda hipótesis se asume que la inteligencia y la cadena de mando funcionan a la perfección. Son los errores los que generan la oportunidad. No siempre será necesario planear y llevar a cabo todo a la perfección. Muchas veces basta con esperar hasta que alguien se equivoque y listo.
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JCL | 2017-10-11 | 16:48
2
Lo que expone Jorge, me recuerda a los tsunamis del 2010...
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Joaquín Barañao | Colaborador | 2017-10-12 | 09:45
0
Es exactamente al revés. El hecho de que los gobiernos no son máquinas perfectas y hay errores humanos hace imposible ocultar para siempre maquinaciones de este tipo
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Jorge Alvarado | 2017-10-12 | 13:14
0
Totalmente al contrario. Si todo funciona correctamente, no hay espacio para un acto de esta naturaleza. Pero donde hay errores, hay espacios para que lammala hierba germine y se reproduzca. Me explico: Si quiero robar a la institución, por ejemplo, no necesito sobornar a todos, sólo a los eficientes. A los flojos e incompetentes no necesito participarlos, porque de todos modos no harán subtrabajo y no se darán cuenta.
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oscar riquelme | 2017-10-17 | 18:59
0
Bueno para eso inventaron la "posverdad", que en mis tiempos se llamaba mentira, para ocultar y mantener la ignorancia de las mayorías. Tu Joaquín eres un producto acabado de la posverdad.
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Alvaro Cerda | 2017-10-11 | 17:28
2
Muy buen articulo. Yo creo que las personas "conspiracionistas" tiene un sesgo que es imposible de cambiar, porque es una forma de explicar el mundo que los rodea. Llegué a esta conclusión después de ver vídeos de terraplanistas , si bien puede ser que los youtubers que lideran esta corriente no crean en ella y la utilizan para que sus canales tengan mas audiencia , yo creo que los suscriptores si creen en ello , o al menos dudan de los viajes a la luna y de un millón de cosas mas (puras conspiraciones).
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JCL | 2017-10-11 | 18:14
2
Muy de acuerdo con Alvaro, el motivo de que existan medios amarillistas es porque tienen audiencia, siempre existen mentes débiles y con mirada obtusa respecto a una temática, que se entretiene con el morbo, y carece pensamiento propio.
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Isa Ibáñez | 2017-10-11 | 19:37
1
Buen análisis, ojalá llegue a varios conspiracionistas...
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Damián | 2017-10-11 | 19:43
8
Lo que pasa es que quien escribió el artículo es un agente encubierto de la CIA que se infiltro en El Definido para convencernos que nos unamos a la guerra contra el terrorismo islámico y a la pizza sin piña
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Jorge Alvarado | 2017-10-12 | 13:20
1
No nos van a intimidar. Pizza con Piña, ahora y siempre.
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Pablo Raín | 2017-10-15 | 14:16
0
Ay no, ya van a empezar

Invoco a los señores de la pizza con piña: Álvaro y Rodolfo

Por otro lado, viva la pizza con piña xd
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oscar riquelme | 2017-10-17 | 19:00
0
Las Pizzas sin piña jamas serán vencidas.
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Alonso Espinosa | 2017-10-11 | 22:24
3
Voy a disentir. Estoy lejos de creer sin más en alocadas teorías conspirativas. Pero me parece que lo del 11s deja, cuando menos, un par de interrogantes. Bajo esa perspectiva este artículo no contribuye mucho porque caricaturiza el suceso. El "alo, secretario Powell" es parte de ese ridículo.

Probablemente un modelo de autoatentado no se sustenta bajo una lógica de reclutamiento sino en una más permanente, de orden institucional. En otras palabras, el atentado no lo organizan en rigor personas sino corporaciones. Sí bien las corporaciones se componen de personas, estas forman parte de la organización como un todo y las políticas, ideologías o principios son permanentes, van más allá del atentado, y se siguen cual religión.

Del atentado, como sea que se haya producido, me sigue generando dudas lo que ocurrió con la famosa torre 7 del WTC. Se vino abajo solo por los incendios que la afectaron.

Por otra parte, que el informe oficial sostenga que la caída de las torres tiene una explicación física, no implica que este sea verdadero o bien que hayan otras explicaciones que expliquen el hecho incluso de mejor manera.

Finalmente, yo pienso que haber puesto explosivos sí cambia el "quién". Y lo cambia porque un plan de esa índole hace el atentado tan complejo que no podría explicarse sin la intervención de gente distinta de los suicidas. En otras palabras, de probarse la existencia de explosivos se generarían más dudas sobre la autoría del atentado.



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Joaquín Barañao | Colaborador | 2017-10-12 | 09:47
0
Y si son corporaciones ¿cómo lograron estas reclutar 19 personas dispuestas a morir, por ejemplo? ¿En base a qué los convencieron?
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Cristina Perez | 2017-10-12 | 10:43
0
nose si vemos casos cercanos como la colucion en la farmacia y que probablemente eso siginificaba y el potencial dano que eso ocasionaba. comprar loa medicamentos y murieron y como muchos vendedores vendian en las farmacias las marcas mas caras por un interes economico e hicieron vista gorda de lo que significaban.
y que hablar de las transnacionales en la mineria y todo el dano que ocasiona al medio ambienté y los lugareños por mucha normativa que exista aun no es suficiente y todas las personas que trabajamos para ellos ya sea directamente o indirecta tambien hacrmos vista gorda y quizas algunos no tienen idea de lo que sucede pir que son una pequena parte de una maquinaria gingatesca y quizas nuestra pequena tarea como barrer o sacar fotocopias no hace dano pero en global si.
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Jorge Alvarado | 2017-10-12 | 13:23
0
Teóricamente, la corporación no necesita hacer un atentado, sino permitir que ocurra uno planeado por otro. No todos son como la DINA.
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Alonso Espinosa | 2017-10-12 | 20:50
0
Hola Joaquín, tal vez no tuvieron que reclutar a nadie. No quiero decir que los secuestros no sucedieron, pero una respuesta razonable es que fueron cómplices o incluso facilitaron que esos secuestros se produjeran. Las personas que llevaron a cabo estos actos efectivamente tenían una motivación religiosa y por tanto no hubo necesidad de reclutarlos y tampoco hubo que lidiar con la el dilema de estar dispuesto a morir.

Yo insisto con la falta de una explicación lógica sobre la caída de la torre 7. Recuerdo incluso esa periodista de la BBC que informaba sobre la caída de la torre y se veía detrás que ésta continuaba en pie...
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César Vivanco | 2017-10-11 | 22:33
1
Señor, usted solo supone cosas y espera que sean correctas porque a usted le parecen muy lógicas, es muy ingenuo, como un niño. En general los ingenieros piensan que lo saben todo y pueden dar cátedra de cualquier cosa. Por eso entiendo su motivación.
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Carlos Bohle | 2017-10-12 | 11:57
3
¡Pero usa algún argumento pues! Lo único que haces es atacar al mensajero, sin jamás referirte a lo que dice. Si estás en desacuerdo, cuenta por qué. La falacia ad hominem no lleva a ninguna parte (Cito aquí a este mismo medio http://www.eldefinido.cl/actualidad/plazapublica/5811/Que-no-te-enganen-Aprende-a-reconocer-las-falacias-mas-comunes/)
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Patricio Bajodepino | 2017-10-11 | 23:19
1
Y que te dio con los pobres e inocentes ingenieros?
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Seba Roman | 2017-10-15 | 16:24
0
"Estudié seis años de ingeniería civil –y “civil dura”, no industrial-"

Pobres e inocentes ingenieros industriales
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Carlos Bohle | 2017-10-12 | 12:18
1
Me parece además que hay un tema de calidad argumentativa: por un lado el discurso oficial muestra un set de pruebas, hipótesis y análisis que sustentan la versión. El discurso conspirativo sólo plantea dudas en base a evidencia cuya calidad es discutible como fotos sin fechas asociadas, o hipótesis erróneas como lo que mencionas de las alas del avión. El discurso conspirativo te diría cosas como "JA! Nadie ha hablado, es cierto. Pero eso es HASTA AHORA! Quizá hable mañana. O pasado. O el próximo año, da lo mismo". Eso puede ser suficiente para que consideres débil una teoría, pero no es suficiente para poder afirmar otra. Y en ese caso, concuerdo con el último argumento: si el gobierno quería hacer un autoatentado, había formas muuuucho más simples.
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Felipe Lazo | 2017-10-12 | 19:00
1
Me parece que la hipótesis fuerte no se sustenta tanto en la parte de la culpabilidad, remordimiento y reclutado. Te pongo un ejemplo: luego del golpe militar en el 73 en Chile, hubo, al menos oficialmente, alrededor de 28 000 torturados y 3 000 muertos. 31 000 afectados, siendo positivos, porque probablemente hayan sido muchos más. Chilenos contra chilenos; de seguro que había familiares de los ejecutores entre los afectados. ¿Crees que costó mucho encontrar a los que ejecutaran eso? Para nada, se los ordenaron y lo hicieron (lo del encubrimiento queda aparte, porque acá no se esforzaron en encubrir). ¿Y el remordimiento de conciencia? Más de 40 años después siguen viviendo con ello, y no queriendo hablar al respecto.
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Javier Æøå | 2017-10-13 | 19:20
1
Mientras leía este texto pensaba justamente en el caso chileno de la dictadura. Sin ir más lejos, mi abuelo era profesor de Historia y fue detenido. "Justo dio la casualidad" que uno de los soldados que estaba en el camión era ex-alumno de él, él lo reconoció y en una de las curvas le dijo "tírate por la parte de atrás y arranca".

No es disparatado pensar que uno de esos altos oficiales o ingenieros le dijo a su ser querido "demórate más en ver el la Estatua de la Libertad" o "conoce Central Park el 11 de Septiembre mejor, las Torres el 12 :) ".
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J C | 2017-10-16 | 16:04
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En el mismo caso quemados un conscripto fue el que declaró y se reabrió el caso. No se necesita que todos se arrepientan, basta con uno,
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Francisco Gonzalez | 2017-10-12 | 21:42
2
Muy buena columna... me gusta enfrentar las interrogantes desde la lógica más simple, comprendo que de esa forma podemos "reducir al absurdo" algunas hipótesis; sin embargo en este caso me parece bastante prudente el enfrentamiento del señor Barañao. Siempre van a quedar espacios "vacíos" que dan la oportunidad a los conspiracionistas para helocubrar, y reconozcamos que sus ideas son bastante sabrosas... saludos!
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Matías Gutiérrez | 2017-10-13 | 11:27
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Me gustó tu columna Joaquín, ya que es un buen ejercicio para la mente el usar la lógica ante hechos y situaciones como el atentado del 11S. Personalmente soy un convencido de que en el mundo sí existen conspiraciones, quizás no todas así de alocadas y tampoco todas son con el fin de dominar el mundo, como los conspiranoicos quieren hacer creer, pero sí ha habido muchos casos de conspiraciones comprobadas, tal es el golpe militar del 73', ya que hace no mucho se comprobó que había sido impulsado y pensado por el gobierno estadounidense en la llamada "Operación Cóndor", y este es sólo un ejemplo cercano.
Ahora bien, que todas las teorías conspiratorias de cualquier tipo sean ciertas, ahí hay que tener más cuidado, y es entonces donde la lógica y las evidencias deberían jugar un papel clave, cosas que a muchos se les olvida. Y es en eso en lo que básicamente tu opinión se fundamentó, por lo que la encuentro valiosa. Claramente, hay algunos vacíos del atentado que no se han podido explicar, pero usar eso como evidencia vendría a ser como decir que como no se ha probado que no exista vida extraterrestre, entonces sí hay vida inteligente (Falacia ad ignorantiam).
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Javier Æøå | 2017-10-13 | 19:16
0
En el año 2010 ocurrió un atentado terrorista en Noruega, realizado por un compatriota. No es una conspiración ni nada: el culpable (Andreas Brevik) está en prisión, su caso documentado, las víctimas identificadas, etc.

Sin embargo, lo menciono porque lo que permitió el éxito de Andreas fue justamente una seguidilla de casualidades y deslices que "justo ese día" permitieron la masacre. Las señales telefónicas eran insuficientes en un área rural, el personal de emergencia no estaba correctamente entrenado, el área rural era de difícil acceso, era un día festivo por lo que había menos personal policial disponible, etc.

Las proporciones entre lo que pasó en Noruega el 2010 y en USA el 2001 son muy diferentes sí, pero no digo que la casuística (o "errores voluntarios") hayan permitido que esto ocurriese.

Y finalmente...cómo se explica la caída de dos torres de acero producto de un incendio cuando en los '80s el Empire State se incendió por mucho más y no le pasó nada? Esa para mí es la gran duda, cómo esas torres se cayeron.
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Alvaro Urbaez | 2017-10-16 | 16:30
0
El autor del artículo deja entrever con su narrativa argumentativa que estas son las únicas dos opciones, cuando existen múltiples opciones.. Les dejaré una más, ¿crees que el círculo más cercano de "colaboradores" de George W. Bush está conformado por idiotas?
Recuerda que se comprobó una relación de negocios entre ambas familias (Bush / bin Laden), habían suficientes contactos de la alta cúpula del gobierno de USA con fuerzas del medio oriente..
¿De verdad está muerto Osama bin Laden? O mejor aún, ¿De verdad existió Osama bin Laden?
¿Qué tan difícil le habría resultado a Bush reclutar a un par de líderes yihadistas para que fraguaran toda la logística desde las bases como si fuese de verdad un ataque terrorista genuino?
Una y solamente una empresa fue la encargada de recoger todos los escombros de las torres, una vez caídas, creen que habría sido muy difícil "comprar" a una parte de los directivos incluso haciéndoles creer que habían ganado la licitación (que de paso la empresa también tenía nexos con la familia Bush); otra cosa, ese día justamente, las torres estaban con una ocupación sospechosamente baja, lo que podría deberse a "rumores", horas libres, o cualquier acto coincidencial que no generara sospechas para llevar a cabo el atentado con la mínima cantidad de víctimas posible.
Las esferas de poder en las que esos grupos se mueven a veces puede resultarnos difícil de imaginar, pero tampoco juguemos a ser tan ingenuos.
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Miguel Vega García | 2017-10-16 | 22:16
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Yo solo diré una cosa. No seria la primera vez que los Estados Unidos hace o deja de hacer algo para influir en la politica externa e interna.
No olvidemos como participo en la guerra de Cuba contra España al provocar el hundimiento del Maine
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