golpe de estado, derechos humanos, unidad popular, 1973, política, reconciliación, historia

40 años después ¿metemos el golpe bajo la alfombra?

¿Tienen derecho las generaciones jóvenes a opinar sobre el golpe? ¿Y si es así, cuál debe ser su rol?

Por Alfredo Rodríguez @AlfreoRodriguez | 2013-09-10 | 09:45
Tags | golpe de estado, derechos humanos, unidad popular, 1973, política, reconciliación, historia

A 40 años del golpe en Chile, formo parte de una generación completa de adultos, y nuevas familias, que no vivimos en carne propia los hechos del 11 de Septiembre de 1973. En mi caso, la dictadura terminó cuando apenas tenía 9 años, y a pesar de recordar el proceso del plebiscito, no fue hasta muchos años después que empecé a comprender su relevancia. Para muchos, somos la generación que no puede opinar, los que no estuvimos ahí, simplemente porque no vivimos los hechos. ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos olvidamos del tema? ¿Nos quedamos callados? Yo creo, por el contrario, que nuestra generación cumple un papel importantísimo dentro de este proceso.

Las heridas no se olvidan.

Salgámonos por un segundo del tema de la dictadura. En mis pocos años de casado, una de las primeras cosas que aprendí es que no hay nada peor que enterrar una pelea: ¿Se me olvidó su cumpleaños? Filo, me haré el tonto… tarde o temprano se le va a olvidar. Pretender ocultar un hecho doloroso bajo la alfombra es una pésima estrategia, lo único que consigue es que frente a cada nuevo roce, el antiguo conflicto vuelva a salir a la luz. ¿No bajaste la tapa del WC? ¡Obvio! ¡No te acuerdas de mi cumpleaños y vas a acordarte de bajar la tapa!

Si conflictos así de triviales pueden arrastrarse por meses ¿Cómo podemos esperar que una herida tan profunda y reciente dentro de la historia de nuestro país se olvide, que demos vuelta la página? Más allá de la indolencia y la patudez que puede significar el decir “ya pasó, no nos quedemos pegados”, argumentarlo es no entender que el ser humano necesita vivir los procesos, aunque sean largos, y que la forma de cerrar las heridas es manteniéndolas al aire para que cicatricen. Porque callar una pena es la mejor forma de convertirla en rabia, en odio. Las penas hay que sacarlas fuera, llorarlas, cuantas veces sea necesario.

Nuestro papel.

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos mientras tanto los que no vivimos el proceso? Nosotros somos los encargados de escuchar, de informarnos. Mi experiencia, recogiendo el relato de quienes vivieron la Unidad Popular, el golpe y la dictadura, es que viven marcados a fuego por su vivencia. Marcas profundas y en muchos casos tan distintas, que pueden llegar a generar visiones opuestas de un mismo hecho, visiones muchas veces irreconciliables. Para ellos, pero no necesariamente para nosotros.

Por ser una generación que no lo vivió, tenemos el contra de no haber visto nada con nuestros propios ojos, pero el pro de ser capaces de escuchar todas las visiones y entender que no existe solo un “lo que pasó”. Porque no pasó una sola cosa, no existió una sola historia, sino que millones de historias personales que poco a poco hay que ir recogiendo, con oído abierto, empático, reflexivo y crítico, que con el tiempo nos permita construir una historia que nos haga sentido como país. Una historia que vaya más allá de las conveniencias y las justificaciones, que entienda la polarización no como una competencia por quién tenía la razón, sino como dos caras de una moneda que estuvo profundamente dividida. Una historia que nos ayude a nunca volver a cometer las mismas atrocidades, vivir el mismo odio y sufrir el mismo dolor. Que nos sirva para construir un Chile más unido, con una memoria potente y lo más completa posible, sin heridas guardadas bajo la alfombra.

Escribir la historia.

Yo entiendo que recordar es un proceso desgastante, que revivir es un proceso doloroso, que olvidar sería lo más cómodo. Pero el ser humano no puede olvidar su dolor. Necesita curarlo. Y la única forma de hacerlo es con toda la verdad, con todas las verdades. Las verdades son las que permitirán que la herida cierre, para luego lucir con orgullo la cicatriz que demuestra que sobrevivimos y que salimos fortalecidos.

Una cicatriz que se llama historia y que nosotros, las nuevas generaciones, debemos construir, recogiendo, ojalá, todas las experiencias de quienes vivieron esos años. Sin los sesgos del trauma, de los temores y de los odios, pero por sobre todo, haciéndonos cargo de todo el dolor que vivió este país. Porque no queremos volver a repetir la historia y eso no se logra con olvido.

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Comentarios
El Pol | 2013-09-10 | 10:18
13
Creo que la diferencia esta entre olvidar y perdonar, muchas personas se ciegan comparando ambas cosas, dicen abiertamente que no olvidan ni perdonan y traspasan ese "odio" a las nuevas generaciones, permitiendo que esa division que destruyo al Pais siga latiendo entre la gente.

Yo estoy igual que tu Alfredo, tambien tenia 9 años cuando termino la dictadura, tambien la vi desde diferentes angulos, he leido mucho acerca de dicha epoca y puedo decir que realmente fue un periodo oscuro y doloroso, donde los mas perjudicados fuimos los "ciudadanos de a pie", donde los "poderosos" de izquierda arrancaron del Pais y los "poderosos" de derecha gobernaron y se enriquecieron, y como dijo Juan Herrera de los 80 "somos nosotros los que nos quedamos a pelar papas, somos nosotros los que seguimos trabajando, somos nosotros los que nos quedamos a sobrevivir".

Espero algun dia las heridas se cierren y podamos contar esta historia de forma serena y tranquila, pero tengo claro que eso no ocurrira hasta que grupos politicos de ambos bandos dejen de usar el tema como su arma de campaña.
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Rodrigo Arriagada | 2013-09-10 | 10:22
20
Yo no viví el golpe, nací en el 80 y fuera del país, llegué acá en el 85, ya en las últimas de la dictadura, así que nunca me crearon un trauma. Y digo crearon un trauma, porque he visto a muchos jóvenes (menores que yo) que disparan palabras de odio y resentimiento de algo que no vivieron, solo se los contaron (tanto a favor o en contra), por lo que me he dado cuenta que su odio es heredado. Lo cual es triste, porque no deja ver las cosas con claridad u objetiva, ni formarse una opinión propia.
Estoy de acuerdo contigo en que el ser humano no puede olvidar su dolor, porque el dolor no se olvida nunca, solo se supera.
Saludos.
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Eduardo Borquez | 2013-09-10 | 10:47
6
Muy buena reflexión, es lo que hay que hacer para algún día ser mejores como país, yo tenía 7 años cuando termino el golpe militar y lo único que me acuerdo es que mi papa llegaba temprano todos los días para estar con nosotros y las veces que tenía que estar como vendedor en la isla grande de Chiloé, solo aparecía los fin de semana, y era una alegrita tan grande para mi, que siempre terminaba golpeándome la frente en algún mueble, después de tanto brincar de alegría.
Es un poco desgastante el tema del golpe, ver tanta odiosidad y división, ver como algunos políticos incitan a la gente a la violencia, esa consigna: "ni olvido ni perdón!" para mi genera un enorme rechazo, ya que no permite la superación y sanación, solo genera mas división y odiosidad, le da aliento a la gente para que salga a destruir, y también les dan razones a los (delincuentes) que solo van a aprovecharse de la situación, francamente me da dolor todo esto y espero que no quede tan la cagada, porque de que la va a quedar, va a quedar.
Ojala salga toda la verdad de la verdad algún día y logremos salir adelante todos juntos.
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Eduardo Borquez | 2013-09-10 | 10:51
0
*me da dolor de guata

Fe de ratas?
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Pato Pardo | 2013-09-10 | 11:03
12
Me encanto la frase "Para muchos, somos la generación que no puede opinar", en muchas discusiones me la han tirado a la cara: el "tu no habías nacido" "no sabes lo que paso antes" etc...
muy buen articulo, corto conciso, ni de acá ni de alla. quizás como las nuevas generaciones, sin colores, si no multicolores. multideas y sin ismos.
Saludos Alfredo

(pd: me inscribí solo para pelear con Alfredo con sus criticas de peliculas, pero este articulo lo encontre muy bueno).
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Mabel Anriquez | 2013-09-10 | 11:06
5
Me parece un articulo muy representativo.

Yo no viví el Golpe, nací el año del plebiscito. Y cómo primer presidente de mi vida recuerdo a Frey.

En mi casa están 2 polos, mi mamá "momia" y mi padre "cabeza de piedra", hemos crecido con sus relatos. Cómo vivió cada uno esta etapa de la historia.

Al crecer conocí otras realidades, en mi comuna la alcaldía representa a la derecha y los pobladores de las comunidades más activas son abiertamente Comunistas.

Son mis vecinos, a quienes estimo mucho y también escuche sus relatos.

Veo cómo "niños" y delincuentes queman y gritan consignas, casi como en una escena de película apocalíptica cada 11 de Septiembre en la esquina de mi casa...

La historia vivida no hay que olvidar; a las personas las debemos respetar. Debemos respetar el esfuerzo que hay por salir adelante. Dejar de destruir.

Las reacciones de la "juventud en llamas", los "indignados", son tan violentas como los actos que repudian en sus consignas.

Temo de quienes no son capaces de reflexionar en cómo sus actos influyen en los demás.
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Paper Luis | 2013-09-10 | 11:09
14
Cuando fue el plebiscito de 1988, con mis 8 años no tenía idea de que pasaba en el mundo, ya con el terremoto de hace 3 años tenía suficiente como trauma.
Mis padres, que desde siempre me inculcaron el valor de las personas por el hecho de existir, se preocuparon de explicarme y mostrarme la realidad que ocurría en el país, pero en versión niño. Gente mala se llevó a gente que pensaba diferente a la gente mala. Muy sabios de no decirme que "los militares" eran los malos, sino que "existen personas malas dentro de los militares". Una sutileza que marca una gran diferencia ahora cuando adulto.
Cuando se concreta el triunfo del NO, mi madre me despierta y me dice "Vamos a salir a celebrar"... Yo pregunto el porqué... "Porque esto es historia, tienes que vivirlo" Tengo borrosos recuerdos de tener una bandera chilena, de ver gente gritando, saltando en todas partes y de acurrucarme en los brazos de mi madre para seguir durmiendo.
Pasó el tiempo y fui creciendo, enterándome por las mías de los errores de unos y los horrores de otros, tomando mi propia postura frente a los golpistas, frente a la UP y frente a la incipiente raza política que se creaba.
Ahora, ya adulto, con 5 años de matri, con un hijito hermoso, veo el pasado con otros ojos... Y claramente veo todo con una mayor claridad, donde los buenos no eran tan buenos ni todos las FFAA eran malos.
¿Olvidar? Nunca, ya que queda una gran cicatriz en todos los chilenos, donde unos gritan "Viva mi General" y otros gritan "Milicos culiaos". Y eso duele, cuando ves que tus amigos, tu circulo cercano y querido, se ve "cegado por la rabia de algo ocurrido hace 40 años". Ver que la dignidad de las personas aún depende si apoya o rechaza una tendencia política.
Ahora, 40 años después, ni quiera es una cicatriz la que existe. Esto es una herida, que cada vez que se mueve, sangra. Y mientras no tengamos la voluntad de perdonar al prójimo y de poner la otra mejilla, no vamos a poder crecer como país.
(Me salió mas largo que el articulo)
saludos
@paperluis
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Catalina Olavarría | 2013-09-10 | 11:26
3
Yo tampoco vivi el Golpe y estoy muy de acuerdo contigo en eso de permitir que sanen las heridas, sobre todo para quienes lo vivieron en carne propia y aun sufren, pero el odio heredado a gente de mi generación y menores que no estuvieron siquiera involucrados de ninguna forma, no permite esa sana cicatrización.

La herida se abre y se trasmite con versiones alteradas de los hechos, que van manteniendo el odio a lo largo de los años. Aunque no quiero generalizar. Pero temo que esto se siga repitiendo eternamente y el odio siga traspasándose a muchas más generaciones, y que al final nunca se logre olvidar sanamente. Espero equivocarme.

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V. B. S. | 2013-09-10 | 11:56
4
lo mas complicado es que en año de elecciones, todos tratan de usar nuestra historia como herramienta de division para ganar votos, todos los años de elecciones presidenciales pasa lo mismo...

Solo la opinion de unos es valida mientras que las de otros no se considera (encuentro que Marco Canepa dio en el clavo con su tira de juanelo al respecto). Yo naci el 83, no vivi el golpe, ni la dictadura, pues llegue a chile el 96, mi Madre arranco del pais para la dictadura, pero no por eso permito que opiniones polarizadas forjen la mia, a veces para entender un echo historico, lo mejor que se puede hacer es ponerse en el papel del que todos indican como "malo" y tratar de entender que lo llevo a estar donde esta y que provoco todo eso.

Me lleve muchas sorpresas cuando empece a ver las cosas desde esa perspectiva, como que solo un 32% de los votantes habían votado por Allende (una clara minoria del pais) y muchas cosas mas, cuando uno ve la otra cara, la que nadie quiere contar, le ayuda a entender mejor las cosas.

como siempre, excelente articulo EL Definido!
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Felipe Castillo | 2013-10-22 | 14:01
1
Allende ganó con un 37% (por si acaso) de los votos.. Siempre me ha llamado la atención ese "argumento"... siempre hablan de que un gobierno no puede ser legítimo si gana con un porcentaje " tan bajo, tan minoritario" y entonces quien me puede explicar que el señor Alessandri el año 58 haya sido electo con solo un 31% de los votos, o el señor Gonzalez Videla que fue electo con un 42%... Nunca oí ese argumento contra ninguno de esos presidentes.. porqué con Salvador Allende sí puede ser? tampoco he escuchado nunca hablar sobre el hecho de que la UP ha sido la única coalición política en la historia de Chile que ha incrementado su votación luego de acceder al gobierno ( primero a un 51% a comienzos del 71 y luego un 44,5% en las parlamentarias del 73). Y por último no es bueno dejar de lado un dato que se desconoce, pero que dice mucho. El año 70, meses antes de la elección, parlamentarios de izquierda redactaron un proyecto de ley para que se contemplara una segunda vuelta electoral en caso de que no hubiera una mayoría absoluta terminada la primera elección... ¿ Qué ocurrió? Los parlamentarios de la derecha se opusieron a esta propuesta, por que estaban demasiado confiados en su triunfo...( Fuente: Allende y la UP, Jorge Magasich)
Otro aspecto del que siempre se habla es de " la acusación constitucional" contra el gobierno que finalmente le dio el " amparo legal" al golpe de estado ( aprobación de la corte suprema, cuya autoridad máxima terminó colocando la banda presidencial a Pinochet tiempo más tarde)... Bueno.. partir diciendo que esa declaración de ilegalidad del gobierno de por sí es inconstitucional ya que la oposición nunca llegó a tener los 2/3 del parlamento, y acá aparece otro dato desconocido.. el tribunal constitucional( ente máximo en cuanto a constitución respecta) jamás declaró que el gobierno se haya salido de la ley, de hecho en todos los litigios que llegaron a esta instancia se sancionó a favor del gobierno (importante es destacar que este tribunal estaba compuesto mayoritariamente por personas de derecha,hecho bastante valorable. Personas que pudieron seguir actuando moral y profesionalmente a pesar de sus tendencias políticas).

Con esto solo doy cuenta de algunos hechos en cuanto a votaciones y al marco legal de esa etapa, para remarcar que el problema fue político(y finalmente moral, ejemplo : La corte suprema aún no reconoce su participación en el amparo legal al golpe de estado ( delito de traición a la patria), y bueno como escuchamos al señor Dolmetsch hace un mes " la corte suprema actúo bien y no tiene que pedir perdón por nada" ) ya que quienes debieron actuar obedeciendo la ley, fueron otros y no el gobierno como "la historia oficial" nos ha contado.

Saludos!
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Eduardo Borquez | 2013-09-10 | 12:08
0
*me da dolor de guata

Fe de ratas?
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Melissa Amaro P. | 2013-09-10 | 12:12
8
Me gustó esta opinión, sobre todo cuando dices que esas visiones irreconciliables no necesariamente lo son para nosotros. Siempre me pregunté qué podía hacer, si mi familia me decía una cosa, otras personas me daban otra versión, y si quería tomar una postura recordaba que nunca viví eso. Por lo mismo, decidí dejar de discutir. Escuché a ambos lados y, aunque no me pude identificar tanto con ellos, descubrí que los 'ciudadanos de a pie' (citando a El Pol) de ambos sectores sintieron miedo y dolor; por motivos distintos, pero lo sintieron. Y mucho miedo podría hacer que uno vea a un hermano como un enemigo...

Igual creo que el problema no es que la gente piense y sienta distinto respecto a la política, sino que haya grupos que, de forma consciente, hagan que esa diferencia se convierta en un abismo insalvable. Mantener la herida abierta de esa forma no permitirá que ésta sane.
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Mauricio Melo | 2013-09-10 | 12:33
2
Yo nací el 75, y mi familia siempre fue de centro-derecha, en realidad, no tengo mayores recuerdos de la dictadura ni nada parecido, pero mis padres siempre me permitieron recabar toda la información necesaria para hacerme yo una idea propia del problema.

En realidad, estoy de acuerdo con el articulo, es hora de ver las cosas mas objetivamente y comenzar a sanar las heridas, dejar de destruir y empezar a construir, y dejar de responsabilizar a otros que también, siquiera estuvieron ahí y no son responsables de lo que paso.

Un abrazo a todos.
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Francisco Sáez | 2013-09-10 | 13:23
3
Una forma de lograr sanar las heridas es que quienes son culpables sean juzgados y reciban un castigo acorde, cumpliendo condenas en presidio como cualquier persona y no en cárceles especiales. Y los colaboradores civiles asuman de una vez por todas su responsabilidades, y se excusen de forma patética aduciendo desconocimiento de la realidad que se vivía en nuestro país. Y lo mejor que podrían hacer todos ellos es dar un paso al costado y retirarse de la política, entregar el relevo a las nuevas generaciones.
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Diego Marañón | 2013-09-10 | 14:16
7
Uf, si resulta que no se puede opinar no haber vivido el Golpe y la Dictadura, uno que ni siquiera ha tenido la oportunidad de vivir en Chile no debería ni siquiera pensar en el tema. Pero bueno, igual que como el autor, eso no impide que se pueda aportar con ideas, y enriquecer las visiones que existen sobre ese acontecimiento.
En primer lugar, aclaro: Soy chileno de parte materna, no un extranjero que viene a meter su cuchara. Nací el mismo año del plebiscito. Por azares del destino, siempre me tocó vivir fuera de mi país natal. Estando en el exterior, y dado que mi familia es de cierta tendencia política, la versión que conocí respecto a lo que pasó en el 73 fue más afín al gobierno de Allende, que a la de los militares y sus adherentes. Cabe mencionar que en el exterior, la visión que prima es que Pinochet fue un dictador sin más, y el sentimiento, en general, se inclina más a la figura de Allende. Con una formación así, es fácil que se incline la balanza, y se termina convirtiendo a un acontecimiento histórico complejo en un cuento de buenos (que eran muy buenos) contra malos (que eran malísimos).
Recién en los últimos años, he tenido la oportunidad de revisar el tema de una manera menos simplista. Por ejemplo, yo siempre había pensado que el gobierno de la UP había sido una maravilla, y apenas ahora he caído en la cuenta que también tuvo sus errores y desaciertos. Algo que podría parecer muy obvio, pero que cuando te formas dentro de una cierta visión ni siquiera te pasa por la cabeza. En fin, a lo que quiero llegar es a lo que considero el valor de este artículo, que es el de humanizar un acontecimiento histórico que generalmente se nos ha venido presentado como una lucha épica, entre buenos contra malos (donde cada bando se abroga el papel de buenos).
Dejando de lado, por un momento, las ideologías, es de señalar que el Barbón rescate la dimensión "socio-emocional" del conflicto, para una generación a la que no le tocó vivirlo, pero que tiene que lidiar con sus consecuencias. El proceso de sanación de un trauma histórico es una necesidad real, y lamentablemente pareciera que a 40 años del Golpe se ha hecho poco para avanzar en ese sentido, prefiriendo más bien, una especie de terapia de negación, de fingir que aquí no pasó nada. Y el que persista una división visceral entre los chilenos, motivada por intensas emociones negativas, más que por una reflexión crítica, no aporta nada al asunto. Por señalar eso, un aplauso para el Barbón.
Ahora bien, hay un punto donde discrepo: Si bien todo lo que se dice en el artículo es válido, considero que deja de lado un aspecto fundamental, y que a la larga puede hacer que se caiga otra vez en peligrosos olvidos: el de la justicia. Siguiendo la propuesta de enfocar el problema desde su perspectiva emocional, no podemos dejar pasar por alto la situación de las víctimas, de los familiares de los desaparecidos, de la gente que sufrió y continúa sufriendo por ese pasado. Porque hay que aceptar los hechos, y el hecho aquí es que "la historia es escrita por los vencedores", y los vencidos normalmente son los que ponen los muertos. Y en Chile, los vencidos fueron los que estuvieron a favor de la UP, los de "izquierda", o como quieran llamarlos. Toda esa muerte genera secuelas, y pretender negarlas es absurdo.
Siguiendo con la idea de la sanación, para que pueda haber un proceso curativo, también es necesario que se le dé una reparación a las partes afectadas. Porque no se trata de dejar la cagá y luego decir: "Sí, estuvo mal, lo reconozco, pero filo y sigamos adelante." El dolor se queda en los afectados, en los que recibieron el daño, y ese dolor no puede irse al menos que se haga algo al respecto. Atención: cuando me refiero a reparación no lo digo en su sentido material ($$$), sino a algo más profundo. Porque ni toda la plata del mundo deshará el pasado. Me refiero precisamente a la justicia, al "dar a cada uno lo que le corresponde". Y para las víctimas y sus deudos, ¿cómo se sentirá ver que los responsables de su dolor, anden por ahí sin hacerse cargo de las consecuencias de sus actos? ¿Qué pasa co sus muertos? Ése es uno de los problemas fundamentales en Chile, no ha habido justicia, no se ha resarcido a las víctimas, no se ha tratado de una forma real de sancionar a los responsables, los que haciendo uso del poder que adquirieron, lo usaron para causar dolor. Porque ellos, en la forma en la que se dió la historia, fueron los vencedores, los que ganaron, no los que les tocó poner los muertos. Si la historia hubiera sido distinta, también habría que reclamar, que cuestionar, que indignarse contra esos otros vencedores, y solidarizarse con los otros vencidos, porque ellos también, siempre, son tan humanos como todos nosotros.
En fin, viendo que me mandé un tremendo ensayo, quiero finalizar resumiendo mi idea: Lo que dice el Barbón es muy acertado, y puede ayudar enormemente para enfocar el problema de una manera más positiva. Pero no por eso, debemos olvidar que, para que una sociedad pueda funcionar correctamente, siempre es necesario también que se haga justicia, apoyándose no tanto en las pasiones -que siempre las habrá-, sino en un análisis lo más objetivo posible, siempre buscando el bienestar común. Lo que se necesita es una solución no sólo "emocional", sino también política. En su sentido original, la política no es este circo que vemos hoy en día, sino la actividad en la que los individuos que integran una sociedad, resuelven los problemas que surgen al vivir colectivamente. Y eso es lo que necesita Chile.
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Alfredo Rodríguez | El Barbón | 2013-09-10 | 15:38
1
Uf! El tema de la justicia da para una columna completa. Concuerdo contigo con la necesidad de buscar justicia, es esencial. Al final me enfoqué en los aspectos "socio-emocionales" porque son en los que podemos colaborar hoy, que está a nuestro alcance como ciudadanos comunes (y que no vivimos el golpe), no porque me parezca que el problema se limite simplemente a este aspecto.

Saludos! ;)
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Paper Luis | 2013-09-10 | 17:55
2
Creo que este comentario merece ser parte de un articulo nuevo =)
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Darknesshell . | 2013-09-10 | 22:06
0
Encuentro muy necesario nunca esconder los problemas.

Pero encuentro morboso, obsesivo e insano estar sacando el problema a relucir todo el tiempo.

Los medios tienen ganancias millonarias gracias a fomentar el odio de la gente entre sí.

Considerando que aun estamos divididos entre O'Higginistas y Carreristas, creo que este es un país tan rencoroso y odioso que el tema no se va a ir quizás por cuánto tiempo.

Felicitaciones a los que fomentan la división entre humanos por su éxito.

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Enrique Ulloa | 2013-09-10 | 22:57
4
Muy buen artículo y los comentarios no se quedan atrás. Da gusto informarse y opinar con un ambiente así.
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androp rodriguez | 2013-09-11 | 11:18
1
Nací el 75. Me crié hasta los 18 años en un protegido mundo de derecha. Donde UP, marxismo y comunismo eran el demonio.

Desde mi salida del colegio, fui teniendo la oportunidad de conocer y hacerme amigo de gente del otro lado. A mis 38 años me considero una persona de centro izquierda. Y hoy, que soy padre, más allá de un sector político, sueño con que mi hijo crezca en un país donde exista un acuerdo generalizado de que los militares no están para resolver los problemas de los civiles ni donde nadie justifique, bajo ninguna circunstancia, que un chileno (uniformado o no) pueda matar a otro por su manera de pensar o cualquier otra razón. Donde podamos convivir con nuestras diferencias, creyendo en el valor de éstas. En mi desarrollo personal, agradezco enormemente haber tenido la posibilidad de haber compartido y empatizado con gente diferente a mí. Creo firmemente que ahí radica siempre la gran oportunidad de crecer.

Pero también creo en el valor de la justicia como único medio de real reparación. Y aunque creo que la frase "ni perdón ni olvido" es dura y cierra puertas al diálogo, no me siento que sea nadie para cuestionársela a aquellos que vivieron en carne propia el dolor, la tortura y la muerte.
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eugenia mondaca | 2013-09-11 | 12:30
0
Yo no viví la segunda guerra mundial, pero no por eso no puedo ver lo horrible del holocausto propiciado por Hitler. Alemania ha podido reconciliarse gracias a que ha ido haciendo justicia "más allá de lo posibles".
Me parece que las heridas hay que ventilarlas, exponerlas a la luz para que cicatricen. Luego la marca que queda nos recuerda que hay que cuidarse de las circunstancias que las provocaron, para no repetirlas.
Gracias a El Definido por no esconder estos temas bajo la alfombra...
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Marco P | 2013-09-11 | 13:37
0
Personalemnete dudo que haya algún chileno que trate de ocultar un de los momentos más importantes de nuestra historia, excepto aquellos que sienten verguenza o culpa y quieren borrar algo imposible de borrar.
Al igual que la mayoria de los chilenos yo no viví el golpe (supuestamente 50% de la población actual tiene menso de 40 años), pero sus repercusiones nos salpican a todos: viejos, adultos, jovenes y probablemente a innatos (auqnue no lo queramos).Por lo que todos tenemos derecho a opinar si estamos informados y si lo hacemos con respeto.
IMPOSIBLE olvidar y creo que es dificilisimo para los que tuvieron perdidas perdonar, pero es posible y lo he experimentado. tengo un apellido que me ha marcado toda mi vida pero mis mejores amigos de toda la vida tienen distintas tendencias politicas y distintas historias en su familia, entre nosotros generalmente hay debate pero siempre respetamos y toamamos cuidado de lo que decimos, por que aunque el país este dividido por algo pasado y no olvidado, sabemos que tenemos que trabajar como amigos, como país para encontrar soluciones y un futuro unido.
Grande el Barbón y el Definido.
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María Paz Ceresuela | 2013-09-11 | 18:15
2
Con 20 años recién cumplidos hablo del golpe:

porque a mi alrededor veo personas de pie que sufrieron las consecuencias y las vivieron (de un lado y de otro, cómodos o con miedo), porque gente de mi facultad que estudiaba igual que yo fue detenida y aún está desaparecida, porque gente que he conocido tuvo que arrancar de nuestro país, porque mi abuela justifica aun la violencia del golpe pues las cosas para ella no estaban bien, porque heredé un país post- pinochetista, porque mi desafió es sentir realmente la democracia que muchos dicen vivir.

Hablo del golpe porque escucho del golpe (y no me molesta escuchar más de él, de las verdades que se han callado), porque es parte de la historia de nuestro país, porque el golpe si paso, porque el día de mañana, cuando a mi me toque contar nuestra historia, quiero ser capaz de decirle a mis hijos porqué nunca más ésto para mi país y qué se puede hacer para no llegar a lo mismo.

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Héctor Grandón | 2013-09-12 | 00:14
2
El comentario en Twitter era limitado, Alfreo. Así que decidí hacer tres cosas: Registrarme, dejar una columna en revisión en la Plaza Pública, y escribirte este comentario, que tengo la esperanza de que leas. Lo más difícil en estos tiempos que corren, es mostrar las cicatrices de la historia sin abrir las heridas. Yo tenía tres años, siete meses y trece días para el Golpe, y nada recuerdo salvo flashes muy difusos que apenas puedo calificar como recuerdos. Sin embargo, crecí en dictadura, y cuando tuve los grandes cojones y la ausencia de miedo que da la juventud, di la pelea en muchos sitios, incluyendo la calle, pidiendo voz para hacerme oír, una vez que la anestesia informativa y cultural de los medios orquestados por el gobierno no pudieron acallar nuestra voz pidiendo libertad, democracia y el fin del terror oficial. Hubo algunos que prefirieron luchar con las armas en la mano por ese objetivo, y no los censuro, mas no los alabo por lo que hicieron, porque muchos mas inocentes que involucrados pagaron la osadía de aquellos que creyeron en la lucha frontal como medio para acabar con el Statu Quo. Hoy, la brecha profunda que el final de los sesentas, y el primer agitado lustro de los setentas, sigue ahí, y tal como apuntas en el título de tu columna, no podemos meterla debajo de la alfombra. Es bizantino pretender que todos los involucrados saquen a relucir los esqueletos en sus respectivos armarios, pero sin duda que un gesto parecido sería de precioso valor, y no el hueco perdón que algunos pidieron como forma de acallar la conciencia y no con la verdadera hidalguía del que reconoce que se equivocó, y trabaja para enmendar su error.
Ergo, la brecha de la que hable no se tapa con política, demagogia o frases cliché. Se tapa con verdad, conciencia, y amor por este país que merece estar mas unido por las ganas de verlo grande y mejor para todos, y no solo para unos pocos, que insisten en dejar esa brecha intacta como un inmundo zanjón, o trinchera, que resguarde y defienda los beneficios que un quiebre de hacer cuatro decadas les dejó.
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Sebastián Berríos | 2013-09-12 | 13:50
4
Es innegable ver que tanto el artículo como los comentarios son, la excepción a la regla de lo que se logra apreciar en todos lados, con grande altura de mira de lo vivido.

Yo me considero parte de esa generación que tanto se habla, que no lo vivió, pero que sale empapado de de uno u otro modo. Yo recién vine a nacer a principios del 86, por lo que a pesar de vivir los últimos años de dictadura, la noción de esa vivencia es practicamente nula.

A pesar de lo anterior, como vivencia personal, tengo ambas realidades en mi familia, mi abuelo materno era sub-oficial de la armada, y a la vez, mi abuelo paterno, militante del partido comunista, se fue exiliado a Venezuela con ayuda de amistades del ejército antes que se lo llevaran detenido y hubiera terminado como muchos compatriotas que aún no se sabe su paradero.

Debido a las dualidades existentes en mi entorno familiar, tuve la fortuna de poder apreciar y conocer las diversas realidades con relación a nuestra historia reciente y a través de ello entender que no existen verdades absolutas y que todo lo acontecido antes, durante y después del golpe, tiene responsabilidades compartidas por toda la sociedad. Lo mismo incitó en mí investigar por mis propios medios leyendo y escuchando toda información del modo más objetivo posible.

Del mismo modo que quienes han opinado, es un proceso que aún no termina, pero el enfoque que el del frente tiene la culpa y yo no, no sirve de nada, lamentablemente he visto muchas personas que al exponerles lo bueno y lo malo de cada lado, dependiendo su ideología política, te encasillan de inmediato de Allendista o Pinochetista, hasta siendo personas menores a uno. Ante todo, todos somos personas independientemente de ideas, nivel socio económico, etc; por lo cual merecemos respeto, justicia y paz.

Alegra ver que somos bastantes, los que de uno u otro modo podemos pensar distinto posiblemente pero podemos conversar y dialogar queriendo un mejor país para todos. Yo personalmente quiero entregar a mis hijos (cuando me proponga y decida tenerlos) entregarle una visión completa de la historia y que las diferencias ideológicas deben verse con altura de miras y respeto, para que hechos como tal no se vuelvan a repetir y sean personas de bien.

PD1: En instancias como estas, es donde se agradece enormemente tener un espacio como el que ustedes entregan, que no se cae en la rutina del odio, sino de construir en el presente hacia el mañana, sin olvidar de dónde venimos.
PD2: Excelente artículo Barbón.
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Romina Arriagada Amaya | 2013-09-26 | 13:04
2
Yo soy una hija de la "democracia", el médico de mis papás quiso ir a celebrar el cambio de mando en el 90, por lo que les dio fecha de mi nacimiento para el 14 de marzo... Y a pesar de no haber vivido (afuera) ni un segundo de dictadura, me siento en pleno derecho a opinar.
Honestamente, no es el golpe en sí lo que me duele, la historia de nuestro país está llena de golpes de estado y levantamientos, así que no es el golpe mismo lo que me duele. Tampoco son las acciones que unos u otros hicieron (en ese entonces) para llevar al país a una situación tan precaria que terminó en el golpe. No. Lo que me duele (de ese entonces) es el genocidio; la tortura y matanza indiscriminada Y autorizada; el nivel de locura (porque no me lo explico de otro modo) al que llegaron los que ostentaron el poder y/o sus subalternos. Me duele que aquellos que juraron defender el país hayan cometido -por opción o por mandato- actos tan terribles. Con esto no quiero decir que aplaudo a aquellos que, tomando el camino de las armas, defendieron su vida a costa de la de otros. Pero a ellos los entiendo.
Me duele que llegada la tan ansiada democracia, no se haya hecho "más" por lograr la justicia. Me duele el circo que Pinochet armó a su llegada de Londres y que haya muerto sin ser juzgado (lo siento, pero es verdad, me duele). Me duele que en una fecha tan sensible, Manuel Contreras aparezca en televisión afirmando que nunca se torturó ni mató a nadie.
A mi también me duele que a 40 años del Golpe, aún hayan familias que no sepan el paradero de sus seres queridos. Me duele que se manosee el perdón para ganar votos. Y me duele que nosotr@s, l@s que no vivimos el golpe, no seamos capaces de exigir -acompañando a quienes sufren- que se haga justicia; la justicia necesaria para levantarnos y sanar.
Por todo ese dolor yo salí -vela en mano- a la calle este 11 de septiembre, acompañando a los que se quedaron.
Pero como no todo es sufrimiento en esta vida, me alegro por tantos y tantas que -a pesar de no haber vivido la dictadura- nos informamos, nos comprometemos y nos proponemos lograr un Chile mejor; me alegro por nosotr@s, la "generación sin miedo", l@s que no vivimos la represión de ese tiempo, porque hoy podemos empoderarnos y salir a exigir (en su mayoría con respeto) lo que es justo, porque mientras no se haga justicia con ell@s (después de 40 años), tampoco podemos asegurar que en su momento se haga justicia para nostr@s. Finalmente, me alegro porque creo que con esta herida heredada, estamos levemente mejor preparados para enfrentar un futuro evento similar en esta cíclica historia.
En fin, en resumen, sí, soy de las que no vivieron la dictadura pero que creen que sin justicia no hay perdón, y que sin perdón no puede haber "olvido".
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Yo creo que "olvido" no debe haber nunca, y que siempre hay que recordar para aprender y sacar lecciones que nos permitan ser mejores hacia el futuro.

Pero por otro lado ¿Cuál es el valor de perdonar cuando ya se hizo justicia?

En ese sentido, debiéramos tratar de no utilizar la frase "sin justicia no hay perdón", ya que eso sólo nos lleva a un círculo vicioso interminable.

Y es más, creo que debiéramos aspirar "al perdón sin olvido", lo cual sería un tremendo acto de grandeza que podríamos hacer para que empecemos a construir un Chile mejor y más unido.
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Romina Arriagada Amaya | 2013-09-27 | 17:52
1
Entonces, ¿para qué hacer justicia si ya se perdonó?... Alguien alguna vez me dijo algo que considero muy cierto: Si un@, al perdonar, no olvida la falta y sigue adelante, realmente no ha perdonado. Siguiendo esa lógica, no podría haber perdón sin olvido; si se perdona (por ende, se olvida), ¿para qué hacer justicia?
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Al contrario! Para que haya verdadero perdón no tiene que haber olvido... Te dejo la definición de perdón por si las moscas, puede servir:

"El perdón es la acción por la que una persona, el perdonante, que estima haber sufrido una ofensa, decide, bien a petición del ofensor o espontáneamente, no sentir resentimiento hacia el ofensor o hacer cesar su ira o indignación contra el mismo, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden afectadas o queden menos afectadas.

El perdonante no "hace justicia" con su concesión del perdón, sino que renuncia a la justicia al renunciar a la venganza, o al justo castigo o compensación, en aras de intereses superiores.

El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. Quien la olvida no perdona, pues no adopta una decisión de perdonar. Tampoco perdona quien no se siente ofendido por lo que otras personas considerarían una ofensa.Tampoco perdona quien deja de sentirse ofendido tras las explicaciones del presunto ofensor que hacen ver la inexistencia originaria de ofensa alguna.

El perdón es obviamente un beneficio para el perdonado, pero también sirve al perdonante (que también está interesado en ver recompuestas total o parcialmente sus relaciones con el ofensor y en ocasiones cumple al perdonar una obligación moral o religiosa) y a la sociedad, pues contribuye a la paz y cohesión sociales y evita espirales de venganzas, motivo por el que religiones y diversas corrientes filosóficas lo recomiendan."
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Romina Arriagada Amaya | 2013-09-30 | 22:49
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Sí, tiene bastante sentido... Pero como bien dice esta definición, el perdón se da por petición del ofensor (que hoy en día no existe) o espontáneamente (que me parece -por lo bajo- difícil por parte de los afectados directamente). En mi caso, que no soy una "ofendida directa" (asumiendo que eso significa el haber perdido a un ser querido), y que no quiero que un acto así se repita, no puedo/quiero otorgar ninguna clase de perdón mientras no se haga justicia, casi como método de escarmiento para un futuro si se quiere... Al menos eso es lo que me dicta -por ahora- mi poca experiencia.
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Cristobal Quintanilla Aumen | 2014-09-11 | 17:31
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Nací el 87 por lo que en realidad todo lo que se del tema es lo que eh leído y escuchado de mi mamá y abuela, y muchas veces miro mi generación y veo como sin perdón citando la ya comentada frase "ni perdón ni olvido", es imposible que cerremos el ciclo y no hablo de olvidarlo si no de extirpar el rencor que aun guardamos como sociedad, Nicanor una vez nos dijo "La izquierda y la derecha unidas jamas serán vencidas", y lamentablemente mientras no cerremos el ciclo seguiremos viendo cada 11 de septiembre como miles de personas protestan contra la violencia, con mas violencia.
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