muralismo, aztecas, cultura
Imagen: César Mejías

Muralistas mexicanos en Chile: una ruta a través de sus postales de la mano de dos expertos

Traído por Siqueiros hace 80 años, el muralismo mexicano ha sido cultivado por artistas chilenos y aztecas a lo largo de nuestro país, mezclando cóndores con águilas y a Lautaro con Cuauthémoc. Hoy, aunque más urbano que político, conserva su propuesta estética y su función de puente.

Por Diego Escobedo | 2019-06-06 | 11:00
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“Como siempre digo, el muralismo no es para pintar edificios. Sino para vestir los muros con diálogos” (Polo Castellanos, artista mexicano).
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Invitado por la municipalidad de Providencia, el artista mexicano Antonio Carroza, también conocido como Cix”, vino a nuestro país durante octubre de 2018 para pintar un mural en el río Mapocho, en el marco del Festival Puerta del Sur. Su estadía la aprovechó para visitar la pinacoteca de la Universidad de Concepción, a donde peregrinó siguiendo la ruta de uno de sus grandes referentes: José González Camarena, cuyo monumental mural, Presencia de América Latina, da la bienvenida a cada visitante.


“Presencia de América Latina”/Wikipedia

Hablamos con él y con Polo Catellanos, otro icónico artista mexicano, haciendo un viaje a través de la obra de los grandes muralistas chilenos y mexicanos en nuestro país. ¿Se respeta este arte en nuestro territorio? ¡Vaya que sí!Esto es lo que nos contaron.

Un país muralista

“Para mí, González Camarena tiene el mejor mural de su carrera en Chile. Su legado es eso, una pintura arquitectónica. Aquí está todo, su uso del dibujo, dela estructura, pero sobre todo un uso del color que manejaba diestramente. También la temática es impresionante, hablar de Latinoamérica en un solo muro no es fácil”, nos contó el artista cuyo apodo, “Cix”, es la castellanización de la palabra “enfermo” en inglés.

Durante su visita, Cix pudo conversar con uno de los ayudantes chilenos de González Camarena, quien le contó detalles inéditos de la realización de Presencia de América LatinaLa mujer con el mapa de Latinoamérica que ahora es ícono del mural, inicialmente no estaba contemplada en los bocetos del artista azteca. Era una mujer que conoció durante la realización de la pintura y decidió incluirla. Además, durante la inauguración, una niña, hija de diplomáticos, pintó una mancha y González Camarena optó por no corregirla. Todo lo cual ha sido mantenido hasta la actualidad por la universidad penquista. 

“A mí me sorprendió cómo en Chile se quiere y se respeta demasiado el muralismo y a los muralistas mexicanos. En el río Mapocho pude darme cuenta. Me atrevería a decir que, después de México, Chile es el país más fuerte haciendo muralismo en América”, nos afirmó.

Iniciado en la década de 1920, el muralismo mexicano vino a ser el epítome de la revolución de dicho país de 1910.Con miras a lograr la “regeneración de la sociedad”, en palabras del ministro José Vasconcellos, los murales buscaron difundir el arte y la educación, entre analfabetos y el público más instruido. De ahí que los primeros murales se ubicaron en escuelas y universidades, siempre construidos en base a la estética indígena y motivos prehispánicos, además de alusiones a personajes históricos, con un relato izquierdista y progresista.

Su legado cultural trascendió generaciones y fronteras, llegando hasta el otro extremo de Latinoamérica en nuestro país, donde sintonizó rápidamente con los artistas nacionales, reforzando los lazos entre ambos países.

Entre dos terremotos

El terremoto que asoló la ciudad de Chillán en 1939, generó una gran solidaridad internacional para ayudar a las víctimas en la reconstrucción. Hacía solo unos meses que el radical Pedro Aguirre Cerda, alias “don Tinto”, había llegado a la presidencia apoyado por el Frente Popular con un ambicioso programa de reformas. Una de las cuales debió adelantarse con motivo de la reconstrucción: la creación de la CORFO. Lo anterior puso a su gobierno en sintonía con el del mexicano Lázaro Cárdenas (1934-1940), miembro del Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI), quien concretó muchas de las demandas de la revolución mexicana, como la reforma agraria y la nacionalización de las petroleras, entre otros.

La sintonía entre “don Tinto” y Cárdenas (uno de los grandes ídolos del actual presidente mexicano, el izquierdista AMLO) no se hizo esperar, y el segundo construyó en 1942 una de las grandes postales de la recién creada región de Ñuble: la Escuela México de Chillán. Obra de los artistas David Siqueiros y Xavier Guerrero. 

Lo anterior fue posible debido a que por esos días, Siqueiros estaba preso por su participación en el fallido atentado contra el ruso León Trotsky (el amante de Salma Hayek en la película Frida Kahlo). Para fortuna suya, el cónsul chileno en México, Pablo Neruda (comunista al igual que Siqueiros), intercedió por él y le dio una opción a la cárcel: que lo acompañara a Chillán con el encargo de pintar en la nueva escuela un mural que reflejara la historia de ambas naciones.


Vestíbulo de Escuela México de Chillán. Mural "De México a Chile"/Diego Escobedo

La obra resultante la podemos dividir en dos conjuntos de murales: Muerte al invasor y De México a Chile. El primero, ubicado en la biblioteca de la escuela, se constituye como una cámara neobarroca, donde en su muro norte se aprecian personajes notables de la historia de México como Cuauthémoc, último emperador azteca, figura ascendiendo los peldaños de una pirámide mesoamericana y lanzando flechas contra una cruz pintada en el cielo de la biblioteca. La cruz asemeja a la forma de una espada y un ataúd, metáfora de la destrucción y genocidio que trajeron los conquistadores españoles a América. 

Un tip para los que vayan a visitarla: la cruz se pintó sobre una superficie curva. De modo que si uno se para junto al muro norte, y después en el sur de la sala, descubrirá que la flecha lo sigue apuntando (para quedarse boquiabierto, ¿no?). A la izquierda del cacique se aprecian héroes militares, mientras que a su derecha se ven líderes que representan el republicanismo y la democracia.


Sin importar donde uno se pare, la icónica flecha siempre está apuntando al observador/Diego Escobedo

En el muro sur está representada la historia de Chile. Al centro, vemos al toqui mapuche Galvarino corriendo con las manos cortadas, y en el mismo cuerpo, la cabeza del político liberal Francisco Bilbao. Lo anterior viene a ser una metáfora de la relación dual entre la lucha por medio de la fuerza física y la fuerza de las ideas. A su izquierda figuran los líderes mapuches Caupolicán y Lautaro, los tres en posición de ataque a tropas españolas, mientras que a su derecha se representa el Chile postcolonial, simbolizado en Bernardo O´Higgins (no se asombre si descubre que la ciudad está llena de alusiones a O´Higgins, oriundo de Chillán), quien sostiene las tres banderas que ha tenido el país, y en la pálida figura del presidente liberal José Manuel Balmaceda.


Biblioteca de la escuela. Muro sur de la obra "Muerte al invasor"/Diego Escobedo

La elección de figuras históricas no es casual. No sólo se replica el ordenamiento que pone a la lucha indígena como central y fundacional de la historia de ambas naciones, sino que los líderes decimonónicos son en ambos casos de corte liberal o izquierdista. En la misma línea, los gobernantes de ambos países al momento de inaugurarse la escuela, Pedro Aguirre Cerda en Chile y Manuel Ávila Camacho en México, también cuentan con cuadros que los homenajean en la biblioteca (¿habrá sacado de aquí la idea Cathy Barriga?).

La cooperación no terminó ahí, y nuevamente el país del Chespirito prestó su ayuda al país de Condorito con motivo de una nueva catástrofe natural. El terremoto de Valdivia de 1960, el más poderoso del que se tenga registro, devastó a gran parte del sur del país, y el gobierno mexicano envió ayuda y recursos de primera necesidad. Lo anterior, dio pie al Plan Chileno-Mexicano de Cooperación Fraternal 1960-1964, que nuevamente tuvo un correlato artístico cultural, esta vez materializado en la Universidad de Concepción. 

En dicha casa de estudios, el pintor y escultor mexicano José González Camarena, realizó en 1965 el mural Presencia de América Latina, que mencionamos al inicio. En él se relata la historia de Latinoamérica de forma alegórica. En la parte central, se ubica la "pareja original", un español y una mujer que simbolizan todas las razas americanas. Mientras que los tres rostros fusionados en la parte superior, representan la "fusión de las razas". Se encuentran también las flores y aves típicas de México y Chile: el nopal y el águila, y el copihue y el cóndor, respectivamente. Además del infaltable Quetzatcóatl —dios de la cultura mesoamericana-, y un verso de Pablo Neruda: “Y no hay belleza como esta belleza de América extendida en sus infiernos en sus cerros de piedra y poderío y en sus ríos atávicos y eternos…”.


“Presencia de América Latina”. Pinacoteca de la Universidad de Concepción/Diego Escobedo

González forma parte de una segunda generación de muralistas mexicanos, que buscó una forma de expresión más personal, distinta a sus predecesores, a través de una técnica que denominó “cuadratismo”, que le da a sus murales una estructuración geométrica característica, lo que delinea un estilo menos político y menos expresionista que el de Siqueiros. 


Al igual que en Chillán, Camarena hace una representación alegórica de la historia latinoamericana/Diego Escobedo

De la provincia a la capital

El Plan Chileno-Mexicano abarcó quince ciudades a lo largo de Chile, entre Santiago y Puerto Montt. Implicó la construcción de escuelas primarias, casas de arte, auditorios, y por supuesto, murales pictóricos. Lo que se ve reflejado también en el Club Deportivo, Social y Cultural México, ubicado en la comuna de Santiago y dedicado al boxeo. ¿Qué tal?

En el auditorio del recinto, se realizaron dos murales en 1963. Uno del artista chileno Nemesio Antúnez, y otro del mexicano Tomás Parra, ambos realizados sobre tela. En el primero, Parra realizó un paralelo entre la figura de Cuauhtémoc y Lautaro. Entremedio destaca un enorme sol rojo, y cruzando a cada cacique se leen versos de poemas de Pablo Neruda y del mexicano Ramón López Velarde sobre cada líder. 


Club México, Santiago. Mural del artista mexicano Tomás Parra/Diego Escobedo

Antúnez, por su parte, buscó emular el muralismo mexicano clásico en una obra pintada en la pared opuesta, representando de forma abstracta las luchas por la independencia y la revolución, y realzando al colectivo por sobre el individuo, salvo por la figura del cura Miguel Hidalgo. ¿Una copia made in Chile? Otros dirían transculturación. Algo que se manifestó con mayor fuerza tres años después.


Club México, Santiago. Mural del artista chileno Nemesio Antúnez/Diego Escobedo

Y es que dentro del mismo plan, fue concebido en 1966 el mural de la piscina Tupahue en el Cerro San Cristóbal. La obra fue diseñada por el artista y arquitecto mexicano Juan O´Gorman y ejecutada por la chilena María Martner. Se aprecia nuevamente al cacique Caupolicán junto a Cuauhtémoc, ambos rodeados de elementos del imaginario de cada país, como serpientes y huemules. El muro, hecho de piedra, refleja el interés de O´Gorman por mezclar pintura y arquitectura, y fue construido con piedras de distintos tamaños y colores recolectadas por Martner a lo largo de Chile. Dicho mural refleja quizás la compenetración absoluta de las técnicas y culturas de ambos países, en el marco de este plan de cooperación que derivó en una escuela de muralismo híbrido.


Piscina Tupahue, Cerro San Cristóbal/Diego Escobedo

Curiosamente,la academia local tendió a hacerle el quite al muralismo mexicano. Es más, en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, más apegada al arte europeo y la pintura de caballete, los muralistas fueron apodados los “patagones”, por su tendencia a exagerar las caras, pies y manos, y menospreciados por el apoyo estatal que recibían. Uno de los mayores críticos de Siqueiros y su escuela fue Camilo Mori, irónicamente uno de los artistas chilenos que colaboró con el azteca en Chillán. Pero bueno, ¿qué saben los académicos?

Neomuralismo”

Pero más allá de la cooperación entre ambos países, también se han realizado destacables murales de estilo mexicano por parte de privados. Tal es el caso del restaurant de comida mexicana Los Cuates. El recinto, ubicado en la comuna de Providencia, alberga en su interior un amplio mural que abarca paredes y techos, recreando los principales motivos del muralismo y la cultura mexicana, como las deidades precolombinas, héroes históricos como el cura Hidalgo y Benito Juárez, e incluso personajes más contemporáneos como el Chavo del Ocho y Cantinflas. En un claro juego de intertextualidad, el mural también incluye entre sus personajes a los muralistas David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Diego Rivera, y su esposa Frida Kahlo.


Restaurant "Los Cuates" en Providencia/Diego Escobedo


Frida Kahlo, Diego Rivera, David Siqueiros y José Clemente Orozco/Diego Escobedo

Junto a Plaza Baquedano en la ribera del río Mapocho, en tanto, se encuentra el mural de Antonio “Cix” Carroza. En la pintura, se representa nuevamente al dios Quetzatcóatl, una serpiente de cien metros de largo, y en su garganta asoman indígenas chilenos. No son mapuches en esta ocasión, sino selknam

“Estuve conociendo sobre su cultura mientras pintaba, y me llamaron mucho la atención. Son una cultura desaparecida, similar a algunas de México, también muertas en la actualidad. Quetzatcoátl es el dios que nos creó, así que estos elementos sirven para representar la vida y la muerte", nos relató Cix.


Quetzatcóatl en el río Mapocho/ Diego Escobedo

Carroza, quien ha realizado pinturas murales a lo largo del mundo, reconoce la influencia de los “tres grandes” del muralismo en su trabajo (Rivera, Siqueiros y Orozco), pero afirma que su trabajo, y el de los demás muralistasmexicanos contemporáneos, es un estilo distinto. Para Cix, este “neomuralismo” se distingue del anterior por “ser menos escolarizado y menos político”, lo que le da mayor libertad y creatividad a sus cultivadores. No obstante, persiste su objetivo provocador, como demostró su compatriotaPolo Castellanos en el sur de nuestro país.

En Osorno, en noviembre pasado,se organizó un evento similar al de Providencia, el II encuentro internacional de muralismo canto y poesía en homenaje a Gabriela Mistral. La instancia reunió a artistas chilenos y afuerinos con el objetivo de pintar murales sobre la poetisa en distintas ciudades de la región de los Lagos. Lo anterior, llevó a la Brigada Ramona Parra y al doctor en artes Polo Castellanos, a realizar lo propio en el Colegio de Profesores de Osorno.

Para el académico, la poetisa no era una figura nueva. Al igual que Neruda, Mistral tuvo un estrecho vínculo con México: Vasconcellos la reclutó en 1922para participar de su reforma educacional. Tan valorado fue su desempeño, que hoy cuenta con una estatua y diversas escuelas con su nombre. “Sólo tuve que echar un repaso a su biografía. Su trabajo es muy interesante, muy rico. Gabriela Mistral no es sólo la poesía y la educación para los niños. Es también la lucha por la educación pública y de calidad, y por los derechos de la mujer, entre otras cosas”, afirma el artista.

No obstante, la obra de Castellanos terminó por dividir a los docentes. Ello debido a que el extranjero representó a dos mujeres desnudas, una de las cuales exhibe su vagina. Ésta última escribe una larga carta que parte con la palabra “Gabriela”, por lo que muchos han interpretado el mural como una alusión a la relación lésbica entre Gabriela Mistral y Doris Dana. 

“No es un retrato de ella. No podemos ver el arte como literal. Ahí se ha desatado toda una confusión al respecto, porque las figuras no retratan a las personas, sino que las simbolizan en su esencia y su concepto. Depende de cómo lo quieras ver. Pero sí habla de esa parte íntima de Gabriela Mistral, y nace a partir de este epistolario que tiene con su pareja íntima”, nos comentó Polo Castellanos.


Obra del artista y académico Polo Castellanos en el Colegio de Profesores de Osorno/El Austral de Osorno

Castellanos dice que buscó representar la homosexualidad, pero no con un afán de “morbo irracional” como lo han tomado algunos, sino como un derecho legítimo; además de rescatar la lucha que realizó la poetisa de Vicuña por los derechos de la mujer. Sin embargo, nos comenta que se siente satisfecho con la reacción conseguida. 

Ese es el objetivo del muralismo: proponer debates. A través de las imágenes generar esa capacidad de las personas de reflexionar, debatir y cuestionar desde otro lado, desde el arte. Esa es la función del muralismo. Como siempre digo, el muralismo no es para pintar edificios. Sino para vestir los muros con diálogos”.

Hemos visto a esta escuela híbrida transitardesde su origen más político, de la mano de Siqueiros y González Camarena, hasta el neomuralismo urbano de Cix y Castellanos.De mapuches a selknams o de Neruda a Mistral, constantes han sido los esfuerzos por parte de los artistas por acercar culturas.

Y es que no sólo YuriLucho Gatica han fomentado las relaciones diplomáticas entre nuestras dos naciones. Ya sea tomando el sol junto a una piscina o entrenando en el ring, siempre habrá espacio para un muro con el poder de entretener y educar a las personas en su día a día. No hay que olvidar que un muro desnudo no tiene por qué ser presa de los grafiteros y sus tags únicamente. Puede ser también ventana a una gran aventura, donde se ven, entre otras cosas, a charros bailando cueca o huasos bailando el jarabe tapatío.

¿Cuál es tu mural favorito en Chile?

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