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Imagen: Rodrigo Avilés

Lana a cambio de vida: cómo Perú salvó a las vicuñas de la extinción

Un increíble plan para producir la lujosa lana de vicuña, ha logrado rescatar a esta especie en peligro y beneficiar de paso a las comunidades andinas.

Por Magdalena Araus @mmaraus | 2018-10-19 | 11:20
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“Perú fue el primer país en llevar a cabo manejo en silvestría de vicuñas a cargo de comunidades andinas. Hay muchísimas lecciones para tomar de este rico modelo que une la conservación de una especie silvestre y el alivio a la pobreza” (Gabriela Lichtenstein, autora de “El comercio de la fibra de vicuña”).
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Es de pasarelas y vitrinas elegantes, aunque su origen dista mucho de ese mundo. Conocida como uno de los tejidos más finos (y abrigadores) del mundo, la lana de vicuña es un lujo que pocos se pueden dar. Hablamos de prendas que pueden costar más de 4 millones de pesos.

Fue tan cotizada en el mundo de la moda, que por poco se acabó con esta especie. Hoy, esa misma industria se aprovechó para revertir la tendencia y transformar el mercado gracias a una gestión sustentable. ¿Qué medidas tomaron para torcerle la mano al destino? En El Definido te contamos de este caso de éxito y los nuevos desafíos que se presentan.

Valor ancestral inca

Viviendo en las condiciones extremas del altiplano, la vicuña, pequeña pariente de la llama, es sorprendente. Su cuerpo es capaz de procesar mejor el oxígeno en altitudes donde escasea y sobrevive comiendo una hierba difícil de digerir (ichu). Para los fríos y calores extremos de esa zona, está su lana altamente aislante y ultra fina.

Fina, fina. Porque cada pelo mide 12 a 14 micras de diámetro, casi cinco veces más delgado que el humano. Le gana la carrera a tejidos elegantes, como la cachemira (que va de 14 a 19 micras) o la lana de oveja (que promedia 20). Esto la hace muy, muy suave… y valiosa.

Los incas ya sabían de esto y en pleno imperio, cuando convivían con unos dos millones de vicuñas, también aprovecharon su pelaje. Era solamente honor de los nobles poder usar este tipo de prendas, pero eso sí, eran esquiladas cada cuatro años en un ritual llamado chaccu.

En él se reunían distintas comunidades, realizaban una ceremonia religiosa donde se hacían pagos a la tierra y luego formaban entre ellos un inmenso cerco a través del cual arreaban a las vicuñas evitando al máximo el daño, pues eran considerados animales sagrados. Su fibra se valoraba como el oro y era guardada en bóvedas custodiadas.

Cuando “olvidaron” agradecerle a la tierra

Los españoles que llegaron a conquistar América con armas de fuego, cambiaron las reglas: empezaron a cazar vicuñas para obtener su lana, sin rituales ni cuidados. Esto se mantuvo por cientos de años y se intensificó durante el siglo XX, cuando los tejidos de vicuñas eran cotizados en varios países. En los años 60s, llegaron al borde de la extinción, con sólo 10 mil ejemplares.

Perú tomó fuertes medidas y creó el primer santuario de vicuñas del país: Pampa Galeras Barbara D'Achille (provincia de Lucanas), en 1967. Luego estableció el Convenio de la Vicuña, prohibiendo la comercialización de su fibra durante de diez años en los países firmantes: Argentina, Bolivia, Chile y el Perú; solo quedó fuera Ecuador.

Poco después, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES, por sus siglas en inglés) declaró a la vicuña "en mayor peligro", prohibiendo el comercio internacional de productos de vicuñas en 1975 (hasta 1994).


Pampa Galeras. Imagen vía DiarioCorreo.pe

Un inevitable mercado negro hizo surgir cazadores furtivos, que recibían ganancias de hasta 1.000 dólares por kilo de fibra de vicuña (casi $680.000), por lo que continuaba disminuyendo la población.

Para solucionar este problema, decidieron volver a las raíces y hacer un cambio en la política.

“Una vicuña esquilada, una vicuña salvada”

Perú no rechazó la industria de la moda, sino que cedió a las comunidades locales el derecho a esquilar la fibra de la vicuña (viva) y procesarla, creando un círculo virtuoso: se verían beneficiadas económicamente del mercado y, además, eso les daría una razón para cuidar a los animales de los cazadores ilegales. Fue un éxito.

Desde esa medida tomada en 1980 hasta hoy, los ejemplares aumentaron a 450.000 en todo los Andes, siendo la reserva Pampa Galeras la que más concentra a estos camélidos en el mundo.

*Toca para agrandar la imagen:


Gráfico en El comercio de fibra de vicuña. Consecuencias para la conservación y los medios de vida de las poblaciones rurales, 2018.

"La participación (de las comunidades) tiene un alto valor para la gestión de la Reserva, legitima la gestión y la hace más sostenible y eficiente en el tiempo. Es por ello que la Reserva cuenta con un Comité de Gestión integrado por los principales actores locales y del ámbito de acción del Área Natural Protegida", cuenta a El Definido Allan Flores, jefe de Pampa Galeras.

¿Y cómo se realiza hoy la esquila? Con el recuperado rito del chaccu, donde la comunidad toma un lazo lleno de banderas de colores y camina hacia las vicuñas para ir poco a poco acorralándolas en un embudo hecho de redes y postes. El rito toma unas dos horas y es hoy una atracción turística, especialmente en esta reserva que está cerca de las Líneas de Nasca y es parte del corredor turístico hacia el Cusco.

Luego de la captura de las vicuñas, la comunidad evalúa su salud y situación para la esquila. Cada vicuña puede ser esquilada solamente cada dos años y se procura que a lo largo de su vida no se extraiga su fibra más de cuatro veces. “Una vicuña esquilada, una vicuña salvada”, se dice en Perú.

"Los técnicos de esquila son expertos en el tema, y tratan con mucho cuidado a las vicuñas, actividad que es supervisada y fiscalizada por la reserva, en representación del Estado Peruano", nos explica Flores.

Una vez obtenida la fibra, las vicuñas son soltadas y las mujeres son quienes limpian las fibras a mano antes de enviarlas a compradores nacionales o internacionales.


Chaccu en Pampa Galeras. Imagen vía Dos manos Peru.

Pampa Galeras, cuenta con 6.500 hectáreas y es hoy la mayor reserva de vicuñas del mundo. “Esta exitosa experiencia convirtió a Pampa Galeras […] en un ícono de la conservación en el Perú y en el mundo, es el mejor ejemplo de todo lo que puede lograrse mediante el trabajo articulado entre Estado, cooperación internacional y población local. Todo esto nos permite ahora decir con orgullo que la Reserva es el ‘paraíso eterno de la vicuña’”, señala Flores.

La conservación de las vicuñas en todo Perú incluye también un censo nacional, control sanitario, seguimiento de los nacimientos y mejora de los pastos, además de controlar a los depredadores.

¿Y qué pasa en Chile?

Al 2012, la población de vicuñas alcanzó los 15.500 ejemplares en nuestro país, siendo que en los años 60 había registrado solo 500. La producción de su fibra se realiza principalmente en grandes corrales y está en manos de las familias aymaras. Esto es parte de un incentivo para revertir la migración forzada que habían hecho muchas de las personas que habitaban estos sectores andinos hacia ciudades cercanas, donde había más alternativas económicas o educativas.

La mayoría de los productores chilenos vende su fibra a través de una cooperativa llamada Cooperandino Chile, que organiza las licitaciones, señala una investigación del Centro de Comercio Internacional. La adjudicataria hasta ahora siempre ha sido Pelama Chubut.


Vicuñas en Loa, Antofagasta, 2010. Imagen vía Paulo Fassina/Flickr.

En Chile, la vicuña es una especie bajo protección, por lo que la CONAF organiza y actualiza planes de conservación. “Actualmente, las principales amenazas que influyen en la disminución de las vicuñas está [sic] la caza furtiva, los asentamientos humanos y el desarrollo de actividades productivas como la minería”, señala Claudio Cunazza, jefe del Departamento de Conservación y Biodiversidad de CONAF.

¡Hacerlo aún mejor!

El enfoque de los últimos años de Pampa Galeras, tiene que ver en parte con mejorar las condiciones ambientales de las praderas altoandinas, potenciar la visita turística a los chaccus y promover la investigación científica y la transferencia de tecnologías para el manejo de la vicuña y su fibra. Este último punto sobre la tecnología es clave.

“El enorme desafío (que aún tenemos) es implementar políticas públicas que contemplen la conservación de los recursos naturales, cuidando que los mayores beneficiarios sean los pobladores locales que ‘pagan el costo’ de la conservación”, dice a El Definido Gabriela Lichtenstein, autora del reciente estudio El comercio de la fibra de vicuña y parte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina.

En los últimos diez años, el comercio de fibra de vicuña en Perú ha aumentado en un 78%, exportando alrededor de 3,2 millones de dólares al año (el principal destino es Italia). Pero aunque las comunidades se han visto beneficiadas por este plan y son las protagonistas, se quedan con entre el 2% y el 6% del valor de los productos finales.

Por ejemplo, por un kilo de fibra de vicuña limpia (muchas veces a mano), reciben 326 dólares, unos 220.000 pesos chilenos. Y ya sabemos lo que pueden llegar a costar las prendas elaboradas.

Magaly, una de las mujeres que realiza este trabajo hace 16 años, señala que esta tarea requiere de mucha fineza y precisión. Aun así, considera el precio poco justo: “Si pudiéramos crear sombreros o hacer prendas con esta fibra, lograríamos más ingresos”, comenta.

Esto sucede porque son muy pocas las empresas que están en el mercado del procesamiento de la fibra (oligopsonio), siendo Loro Piana el principal comprador. Según las mismas, esto es porque se trata de un producto muy especializado, donde pocos tienen la experiencia y la capacidad tecnológica para convertirlo en prendas finas, y los costos de producción son altos.


Imagen en Loro Piana

La propuesta de Gabriela Lichtenstein, junto a Alexander Kasterine, es actualizar esas destrezas y tecnologías de procesamiento de la fibra de vicuña y transferirlas a los mismos productores en los países de origen.

Proponen medidas concretas para lograr esto, como generar iniciativas que refuercen a las asociaciones de los productores; mejoren la disponibilidad de información del mercado y precios; fomenten la participación de las comunidades locales en el Convenio de la Vicuña y otros foros de toma de decisiones; y reduzcan los costos burocráticos del proceso de venta.

Aunque hay desafíos pendientes, la regulación del comercio de la fibra de vicuña y una buena gestión en el proceso de extracción, logró que la industria textil se transformara ya no en una amenaza para la existencia de estos increíbles camélidos, sino en la solución para protegerlos.

“Perú fue el primer país en llevar a cabo manejo en silvestría de vicuñas a cargo de comunidades andinas. Hay muchísimas lecciones para tomar de este rico modelo que une la conservación de una especie silvestre y el alivio a la pobreza”, afirma Gabriela.

¿Qué te parece este caso de éxito? ¿Qué otras medidas crees que podrían tomarse para favorecer a las comunidades?

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