El luto

Por Julio Pérez | 2016-09-14 | 08:00

Muerta la señora, la casa se rehusó a ser nuevamente habitada. Es por esto que el hijo mayor (quien la ocupaba mientras tramitaba la venta de la misma), debió poner a prueba su tenacidad frente al sentimiento de rechazo que se hacía patente en las tazas, lámparas, sillas, cosas varias que retrocedían con recelo ante su presencia.

No, no era bienvenido. Y la casa, gentil hasta entonces, se lo volvió a explicar la madrugada en que se apagó la luz al tiempo que se abrió la puerta principal con sereno proceder, para brindarle al intruso la última oportunidad de irse.

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