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Imagen: César Mejías

4 coworks que demuestran que Chile está cambiando su forma de trabajar

El trabajo colaborativo, los proyectos compartidos y las oficinas comunes, se están tomando nuestro estilo de trabajar más rápido de lo que pensamos. Conoce cuatro de los coworks que están innovando el concepto de rutina laboral en Chile.

Por Jonathan Mardones | 2016-08-09 | 07:00
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El trabajo de oficina suele percibirse, para muchos, como un cúmulo de momentos estresantes. (Si usted está en su oficina leyendo esto, le recomiendo que continúe). Pero sentarse frente a un computador, en un cubículo personal, sin mucho espacio para momentos de relajo o distracción, con compañeros que sólo quieren caerle en gracia al jefe, con labores que consumen varias horas del día, hace años que dejó de ser la única alternativa de trabajo.

Poco a poco van ganando cancha las empresas que buscan que sus colaboradores disfruten trabajando. Espacios amplios y sin muchas divisiones, zonas para la distensión con sillones y taca-tacas, casinos bien equipados y la flexibilidad en los horarios ya no se ven como lujos, sino como elementos del cotidiano en varias empresas.

Pero el sistema de trabajo cowork quiere llevar esa lógica mucho más allá. Independiente de la variedad de espacios y formas que puedan adoptar, los coworks llegaron para instalar el trabajo colaborativo como una nueva forma de hacer las cosas, basado en la confianza entre las personas y la calidad de vida de quienes los integran. El primero en su especie nació el 2005, en San Francisco, EE.UU. Se expandió por el mundo muy rápido y en pleno 2010, Europa ya estaba viviendo la primera Conferencia Europea de Coworking.

Los cowork son espacios compartidos por diferentes emprendedores o empresas (chicas y medianas). Se caracterizan por tener salones con mesas grandes donde cualquiera puede llegar, sentarse donde sea y trabajar. Además existen actividades en común, como almuerzos, desayunos, asados o ciclos de cine, para fomentar la esencia de este sistema de trabajo: conocer al resto de las personas y sus proyectos, para opinar-aportar sobre ellos. En palabras simples la lógica es que un proyecto puede ser potenciado con los conocimientos del resto de los emprendedores.

En Chile la tendencia llegó el 2011. En ese año se fundaron tres coworks. Luego, el fenómeno explotó y, así como en el resto del mundo, creció muy rápido. Para mediados de 2015, según un estudio de Broota, en todo Chile había más de treinta coworks, quince de ellos en Santiago.

La masividad obligó a los nuevos coworks a diferenciarse. En la actualidad, la oferta es tan variada que a un naciente emprendedor se le hace difícil elegir uno. Sin embargo, El Definido visitó cuatro de los coworks que están dando que hablar en Santiago, para conocer sus dinámicas de trabajo y sus espacios, y así presenciar en terreno cómo funciona esta nueva forma de trabajar.

Los cuatro abrieron sus puertas para mostrarnos su esencia. Cada uno con conceptos muy diferentes entre sí. Este es el viaje al centro de la forma de trabajar que la está llevando.

Ideas Factory: confiando en los genios

Ideas Factory (IF), o la fábrica de ideas, nació en marzo de 2014. Su nombre no pudo ser más acertado: en pleno barrio Italia, el edificio IF tiene la apariencia de una fábrica. En el frontis se ven murallas de ladrillos, puertas de lata negra y ventanas a gran altura, que dan un tono hermético al lugar. Aunque sólo por fuera. Al interior, la cosa cambia radicalmente.

80 organizaciones, entre empresas y emprendedores, dan vida a IF del barrio Italia (que también funciona en Recoleta y Valparaíso), uno de los cowork más grandes de Chile. El edificio prácticamente ocupa una cuadra completa. Por dentro, se divide en laboratorios, bueno, quizá no exactamente el tipo de laboratorio que se les viene a la mente, pero ya entenderán.

“La gracia es que donde se instale IF se genere un ecosistema propicio para la colaboración. La idea es que las personas que habiten estos lugares tengan valores en común, como por ejemplo el respeto, la felicidad, ser apasionados por lo que hacen”, comienza diciendo María José Urrutia, Gerente de Proyectos de IF.

El perfil de las empresas y emprendedores es muy diverso. Desde proyectos tecnológicos hasta canales de televisión o universidades conviven en el mismo espacio, buscando desarrollar innovaciones que sean útiles para nuestra sociedad a través del conocimiento compartido.

Volvamos a los laboratorios. IF pretende agrupar a emprendedores con temáticas similares, por eso subdivide el lugar en laboratorios temáticos, que en la práctica, son espacios con mesas grandes y sillones en los que cualquiera puede trabajar.

En el del segundo piso están las organizaciones que apoyan el emprendimiento y la innovación, como universidades y fundaciones. Otro laboratorio es Socialab, donde habitan proyectos para resolver problemáticas sociales. En el primer piso, está el laboratorio tecnológico y en el resto de espacios hay laboratorios de robótica, educación, medios de comunicación, música e ingeniería.

¿Cuál es la gracia de esta gran mezcla? Si, por ejemplo, el equipo de la Universidad Federico Santa María está desarrollando una innovación, pero cojea en tecnología, alguien del laboratorio tecnológico puede ayudarlo con ideas para superar sus limitaciones.

Y aquí se da una dinámica importante: si una persona colabora en un emprendimiento, no necesariamente aparecerá como co-creador en el producto final. La ayuda no se toma como una acción para lograr algo a cambio (réditos económicos, por ejemplo), sino simplemente como un favor, una “paletiá”. Lo importante es fabricar proyectos, ideas, que beneficien a todos.

Los administradores de Ideas Factory se encargan de estimular confianzas entre las empresas y emprendedores creando instancias para que las colaboraciones se den: todos los miércoles una organización hace el desayuno para todos, los representantes de cada organización se reúnen cada 15 días para hablar de avances y necesidades, también los 120 fundadores de las empresas se reúnen una vez al mes en una comida.

Lo que buscamos es que el equipo de IF esté articulando esta comunidad. La idea es que las empresas en vez de buscar proveedores externos se vean beneficiados por la comunidad”, asegura, y agrega que “nosotros buscamos que la empresa que entre acá, parta teniendo un equipo y un abanico de contactos que no podría encontrar en otro lado”.

María José, al finalizar, asegura que en Ideas Factory “queremos encontrar esos genios que están por ahí, en los que nadie cree al principio, y darles esa credibilidad que nadie te da cuando partes”.

Casa Co.: un gran equipo al servicio de todos

A pocas cuadras del metro Alcántara se ubica Casa Co. Es una casona antigua, de esas grandes, al estilo de película romántica. Ni los más imaginativos, al pasar por fuera, descubrirían que al interior 18 empresas trabajan día a día.

Al entrar te recibe un sillón rojo, unas ramas de plástico en la pared llenas de tarjetas de presentación de empresas que simulan ser hojas y carteles con frases para emprendedores. En la misma entrada, a mano izquierda, la escalera que nos lleva al segundo piso y que en cada escalón tiene una planta.

Eso es Casa Co.: un lugar en el que interactúan empresas y emprendedores que, como requisito excluyente, llevan mínimo un año causando impacto positivo en alguna industria nacional. Y esto es muy importante mencionarlo de entrada, porque a Casa Co. se postula. No es llegar y entrar a este cowork. No, no, no. Catalina Boetsch, cofundadora, y su equipo son los encargados de elegir a las empresas que calcen con el perfil del lugar y que estén dispuestos a hacer de la colaboración una práctica diaria.

Nosotros nos salimos de la lógica del precio del metro cuadrado. Nos importa más el trabajo de cada persona”, enfatiza Catalina. Eso sí, una vez seleccionadas, cada empresa paga su mensualidad por estar en el lugar, con su oficina particular. Y es que a diferencia del resto de los cowork que visitamos, Casa Co. le da un espacio privado a cada empresa.

Estar en un espacio abierto se puede tornar invasivo, por eso cada uno tiene su oficina. A veces los equipos quieren trabajar en privacidad”, explica la cofundadora. Esas oficinas están en el segundo piso, sin embargo, el primer piso es para compartir. Hay una sala grande de reuniones, un casino común y el patio, donde hacen, según dicen, sus buenas "comilonas".

“El feedback entre las empresas se da espontáneo, en los almuerzos, en los eventos en común. Eso sí, aunque se den espontáneas, las interacciones no son tan casuales”, relata Catalina Boetsch.

Con esa frase pícara, Catalina quiso remarcar cómo funcionan Casa Co. semana a semana: los miércoles son los desayunos grupales, donde una empresa le hace el desayuno al resto. La misma actualiza sus proyectos para que todos sepan en qué están, exponen avances y nuevas ideas. Ahí nace la semilla de alguna conversación posterior entre los emprendedores.

Y bueno, los asados y completadas también son habituales en esta casona. De hecho, en una de esas completadas se probó por primera vez la app Sáltala, aplicación que busca eliminar las filas de una vez por todas (te lo contamos aquí), y que hace un par de semanas dio que hablar en los medios nacionales. Los creadores decidieron utilizar a las 120 personas que trabajan en esta casa como la primera muestra de su proyecto. Y resultó increíble.

“En el cowork se comparten gastos, información, redes de contactos. Los emprendedores cuando entran aquí pasan a tener un equipo multidisciplinario de 120 personas”, asegura Catalina.

Por último, en Casa Co. buscan que la experiencia que se vive al interior de la casa le sirva a la mayor cantidad de emprendedores, por lo que la idea es que año a año las empresas que participan se vayan renovando, cuenta la cofundadora de este cowork que se está posicionando como uno de los más importantes de Santiago.

Espacio Ba: la importancia del lugar

Espacio Ba es distinto, aquí más que la colaboración importa el espacio común. El término "Ba" es parte de una filosofía japonesa y significa lugar de conocimiento. Es por eso que los administradores se preocupan que el espacio sea perfecto para que los veinte emprendedores que habitan este cowork trabajen cómodamente.

A pesar de estar en un lugar céntrico, la ubicación permite que el silencio sea una de sus principales características. Es también una casona de dos pisos, a pocas cuadras del Parque Bustamante y funciona hace un año. Salas espaciosas con mesas grandes y sillas para que cualquiera se siente, auditorios, una mini biblioteca y una cocina común, no es distinto a lo que se ve en otros coworks. Sin embargo, el balcón y patio que tiene la casa es digno de destacar.

El balcón es un lugar de distención, para relajarse o conversar un rato. En una de las paredes una pizarra gigante anuncia “cumpleaños Fran”, “asado co-work” y “ciclo de cine”. Como vimos en los cowork anteriores, en estos lugares las comidas en común son fundamentales, pero lo que diferencia a éste de otros, son los ciclos de cine.

En un espacio de madera en el patio, una vez al mes se juntan a ver una película. Casi siempre son producciones chilenas y para hacerlo mucho más interesante, Espacio Ba invita al director de la película para que una vez terminada la función comience un conversatorio sobre la temática del largometraje.

Además de generar comunidad, este cowork también se encarga de potenciar los proyectos concretamente. Dos veces al mes organizan ciclos de consejos jurídicos impartidos por abogados especialistas en una materia específica, para el que tenga dudas y necesite resolverlas.

“Acá se tiene calidad de vida. Puedes escuchar música, tienes un muy grato ambiente, puedes cocinar o tomar algo. Es como tu segundo hogar”, dice Viviana Marambio, administradora del lugar.

Eso le gustó a Miguel Muñoz, un español que eligió Espacio Ba para trabajar diariamente. “Además de que sea un lugar agradable, es barato. En vez de estar en una oficina, sin duda prefiero trabajar desde acá”, cuenta Muñoz.

Espacio Ba se caracteriza por ser un lugar más fluido, lúdico, tranquilo. Es el cowork donde se ven las vestimentas más relajadas. Si lo pudiéramos caricaturizar a la rápida, se ven más lanas que camisas o blusas.

El Timbre: experimentar, experimentar y experimentar

Son los lactantes del grupo que escogimos. Los que llevan menos tiempo. Pero a pesar de eso, con sólo cuatro meses de vida ya se imponen como un cowork con identidad propia y distintiva, que marcará pauta en los próximos meses con proyectos experimentales y atrevidos. Eso es El Timbre.

De partida sus integrantes, según palabras del propio fundador Marcelo Solís, se denominan Ringers. ¿El timbre? ¿Ring-ring? Ya, sí, es por eso.

El nombre del lugar busca familiarizar a los emprendedores con dos conceptos claves: el hogar, lo local, lo casero; y el "ring-ring raja", aquel travieso juego de la infancia. Según Marcelo Solís ese juego representa todo lo lúdico que quieren ser como cowork.

A un par de cuadras del metro Salvador, El Timbre es un lugar lleno de elementos que llaman al reciclaje. Es parte de esa identidad bien marcada. Un solo ejemplo: la sala central, donde están las mesas grandes en la que los Ringers trabajan, está adornada con cajones de tomates. Muchos elementos están hechos con madera. La apariencia es bastante rústica.

Hay cuatro principios que mueven a este cowork: sustentable, local, solidario y lúdico. Creen que es clave relacionarse directamente con la comunidad en la que están insertos. Son parte de la junta de vecinos (incluso les ofrecieron funcionar en sus dependencias totalmente gratis), y han buscado vincularse con la Municipalidad para crear proyectos conjuntos.

“Nos interesa mucho la calidad de vida de las personas. Tratamos de que todo lo que hacemos logre un beneficio social. Por eso para nosotros sería ideal que personas de la misma comuna vengan a trabajar acá, para que sus viajes sean más cortos, por ejemplo. Queremos ser parte de la comunidad que nos rodea”, afirma Marcelo Solís.

Por otra parte, el lado solidario de este cowork se demuestra en cuestiones concretas. Marcelo asegura que el dinero no es lo principal. Saben que deben rentar en algún momento, pero por ahora les interesa vincularse con los mejores proyectos que aspiren beneficios sociales. “Si alguna persona u organización externa al cowork quisiera usar algún salón para realizar una actividad, lo puede hacer totalmente gratis, siempre y cuando su proyecto genere un impacto positivo para el bien común”, afirma el fundador.

Y definitivamente quieren experimentar. El Timbre está a semanas de montar un canal de televisión que se transmitirá en señal abierta para Providencia y que saldrá definitivamente al aire el 30 de este mes. ¿La programación? Está por verse, quieren proyectos que, como ya dijimos, vayan en beneficio de todos.

Mientras esa gama de ideas son desarrolladas por los administradores de El Timbre, los emprendedores del lugar (20 proyectos, 25 personas), trabajan en espacios compartidos de una forma distendida. La libertad llega a tal punto que si alguno quiere llevar su mascota al cowork, lo puede hacer sin problemas. “Tenemos una pareja que viene con su perro. Se instalan los tres acá y la mascota no molesta a nadie”, asegura Marcelo Solís.

Todo eso pasa en el primer piso. En el segundo, hay oficinas que son arrendadas a empresas que trabajan a puerta cerrada, pero cuando hay actividades comunes salen a compartir con el resto: almuerzos comunitarios o el Timbre Fest (un viernes al mes, un carrete en el patio), son instancias para que se genere la tan anhelada confianza entre los Ringers. Y esa confianza ha dado sus frutos.

Hace un tiempo un productor deportivo que trabaja aquí conversó con unos emprendedores que tenían un proyecto de alimentación saludable. Juntaron ideas y crearon un proyecto de comida saludable para deportistas.

“En esta primera etapa de El Timbre queremos experimentar. Los conceptos bases ya están. Pero queremos probar, no cerrarnos a nada. Siempre pensando en que queremos aportar nuestro granito de arena para que el mundo sea un poco mejor”, termina diciendo Marcelo Solís.

¿Conoces algún cowork? ¿Crees que es una mejor forma de trabajar?

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