política, ciencia, discusión, partidos, antropología
Imagen: Rodrigo Avilés

¿Por qué nos enojamos cuando hablamos de política? Aquí la respuesta de la ciencia

Recientes estudios de prominentes profesionales de las ciencias sociales comprueban y explican por qué las discusiones políticas pueden llegar a ser tan volátiles como un choque entre pandillas. ¿El culpable? Un "sistema de detección de alianzas" que desarrollamos hace miles de años.

Por Francisco J. Lastra @efejotaele | 2015-06-22 | 07:00
Tags | política, ciencia, discusión, partidos, antropología
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El pavo se enfrió, las papas se humedecieron y la cerveza perdió todo su gas. Los vestigios de otra cena de Navidad arruinada. El culpable esta vez no fue el tío borracho, no, el culpable ni siquiera es de carne y hueso. Es la famosa e ineludible discusión política.

No tendría por qué ser así. Una discusión política, como cualquier otro tipo de conversación entre personas, se puede llevar de forma civilizada y constructiva. Pero cuando se habla de partidos e ideologías es especialmente difícil. Hasta nuestros muy educados políticos (?) de vez en cuando se agarran a combos, comportamiento que fue alguna vez explicado por Vargas Llosa al decir que "la política saca a flote lo peor del ser humano".

¿Por qué sucede esto? Se podría explicar de forma obvia, argumentado que se trata simplemente de una situación más donde no hay entendimiento y las personas son incapaces de, como dice la traducción de una popular frase inglesa, ponerse de acuerdo en no estar de acuerdo. Pero explicarlo así es cómo decir que la Nutella es chocolate. Que lo es, lo es, pero simplificar su complejo sabor de esta forma sería una afrenta contra la civilización y el intelecto humano.

Entrando ya en las intrincadas aguas de la mente humana, las razones de por qué es tan difícil tener una discusión política civilizada se tornan un poco más complejas e interesantes, y se explican por una enraizada conducta del ser humano que data de hace miles de años: la formación de alianzas y cómo las percibimos.

Nosotros contra ellos

Hace miles de años, cuando éramos tan peludos como monos y nos matábamos continuamente por comida y territorio, las formación de alianzas era una forma de sobrevivir. Si vivíamos entre personas de nuestra tribu podíamos estar seguros, mientras que la aparición de personas externas era señal de alarma.

¿Cómo diferenciarlos a ellos de nosotros? se comenzaron a preguntar nuestros ancestros. A partir de esta necesidad, el cerebro humano desarrolló un "sistema de detección de alianzas", término acuñado recientemente por psicólogos, a través del cual "percibimos quién está aliado con quién y tratamos de predecir quién probablemente está aliado con quién antes de la interacción", dice un estudio de la Universidad de Harvard. El beneficio de saber de antemano a qué tribu pertenecía un extraño, aunque hubiese sido solo intuitivamente, era importante para prepararse antes de interactuar con él. Recordemos que eran tiempos donde una piedra con filo era suficiente para cometer un genocidio.

¿Cómo podíamos intuir una alianza? Primero observábamos sus patrones de coordinación, cooperación y competición. Esto significaba que si, por ejemplo, veíamos a dos personas cazando juntos un tigre dientes de sable, percibíamos que ambos compartían algo: una alianza. También extraíamos ciertas señales, como la dirección de donde venía la persona, su vestimenta, maquillaje tribal y cualquier otra cosa que nos hiciera pensar: "Mmm, no ser uno de nosotros. Matar" o "Mmm, ser de los nuestros. Invitar a asado de mastodonte".

Las alianzas de hoy

Pese a que hemos explicado todo esto en pretérito, el sistema de detección de alianzas sigue más vivo que nunca, de hecho, no ha parado de evolucionar. Los tatuajes carcelarios y los colores usados por pandillas, por ejemplo, son algunos de los indicadores cuyo único fin es facilitar la detección de alianzas modernas. Y para qué hablar del fútbol. ¿Pero qué tiene que ver todo esto con la discusión política?

El hecho de que una coalición política en Chile se llame literalmente "Alianza" es un indicador claro de que la mayor herencia de las alianzas tribales es la política.

Podemos odiar la palabra, pero su importancia dentro de civilización humana no ha parado de crecer desde que nuestros primitivos ancestros se dieron cuenta que no era la fuerza bruta lo que llevaba al poder, sino la unión, las alianzas, cuyo papel hoy desempeña, entre otras, la política.

El mismo escenario que antiguamente vivieron nuestros antepasados, el de "nosotros contra ellos", se vive hoy, pero ya no es su maquillaje tribal, ni su vestimenta el indicador de alianzas: es su orientación política. Es por ello que, en cierta forma, una pelea entre pandillas no dista tanto de una discusión política.

Eso es lo que piensa David Pietraszewsk, co-autor de un reciente estudio al respecto, quien dice que "en cuanto a nuestros cerebros se refiere, la afiliación política se ve más como una membresía a una pandilla que como una postura filosófica desapasionada".

Pietraszewsk demostró con un experimento que la afiliación política llega ser tan importante que incluso supera a otro factor: la raza.

La política se come a la raza

Históricamente, la raza ha sido un fuerte indicador para nuestro sistema de detección de alianzas, sobre todo en países con una mayor variedad étnica. Pero aquí hay algo curioso: cuando nuestro sistema detecta que hay otro indicador más potente y más fiable, que nos permite intuir de mejor forma las lealtades y forma de vida de una persona, se sobrescribe.

¿Podría entonces la afiliación política sobrescribir la raza de una persona en nuestro sistema de detección de alianzas? En otras palabras ¿podríamos "olvidar" la raza de una persona una vez que su afiliación política se hace patente?

Pietraszewsk hizo la prueba con un experimento conocido como "¿Quién dijo qué?" en el que se les presentó a 193 estudiantes estadounidenses fotografías de ocho personas, cada una acompañada con tres frases de una tendencia política clara. Así, cuatro personas eran asociadas con frases demócratas y las otras cuatro con frases republicanas (los dos principales partidos estadounidenses). Cabe decir que cada grupo de fotos contaba con 2 participantes blancos y dos negros.

Luego de un minuto de una tarea de distracción, se les pidió a los participantes llevar a cabo una tarea de pareado: relacionar una de las frases dichas con la imagen de la persona que lo había dicho. Para sorpresa de los investigadores, las personas confundieron más la atribución de la frase entre personas del mismo partido que de la misma raza, "demostrando que habían categorizado a los objetivos y sus frases de acuerdo a su afiliación de partido político". En otras palabras, olvidaban con mayor frecuencia el color de la piel que la tendencia política.

Lo demostrado en este experimento no es ninguna locura. Explica, de hecho, por qué los políticos en países con gran diversidad étnica logran votos mucho más allá de su propio grupo racial. “La coalición es la verdadera invención del hombre evolucionado, no la raza” dice el antropólogo John Tooby, co-autor del estudio, quien menciona los casos de Obama (afroamericano), Benjamín Disraeli (judío sefardí) y Schwarzenegger (austríaco) para dar ejemplos de políticos exitosos “que no necesitaron ser de la misma etnia que la mayoría de sus seguidores”.

"Los resultados presentes parecen sugerir que apoyar un partido político no es visto solo como una posición ante la política y creencias, sino que también, al menos implícitamente, es visto como un predictivo de la calidad y naturaleza de las relaciones que las personas tendrán con otras" concluye el estudio, que si bien puede que no sea verdad objetivamente, acota que "la mente parece ver las afiliaciones políticas de esta forma".

¿Y no hay remedio?

Entonces tenemos que la política, querámoslo o no, juega un papel importantísimo en cómo nos relacionamos con los demás, al punto de que nuestro cerebro cree que una persona de un partido opositor es siempre un enemigo de cuidado ¿Hay algo que podamos hacer para que la próxima cena de Navidad no sea arruinada?

Pietraszewsk señala que, así como las divisiones raciales pudieron ser superadas en su experimento, las políticas también. "Lo que se requiere es cooperación que corte transversalmente las anteriores divisiones, y mientras más mejor".

Aquí una idea loca: ¿y si los partidos políticos dieran el primer paso?

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