castellano, idioma, lenguaje, palabra, rae
Imagen: César Mejías

Una "herejía lingüística": ¿y si inventamos palabras para enriquecer el castellano?

"Bacán", "cuático" o "filo", son palabras que integran nuestro vocabulario, aunque no sabemos cuál es su origen. Y no son las únicas. A raíz de esto, en esta columna de opinión, Joaquín Barañao, plantea una herejía en términos lingüísticos. ¿De qué se trata?

Por Joaquín Barañao | 2018-12-28 | 12:10
Tags | castellano, idioma, lenguaje, palabra, rae
“A mi modo de ver, son bien recibidas aquellas modificaciones que propendan a la belleza, la precisión y la economía de un idioma, y nocivas las que remen en el sentido opuesto. Dado que un vocabulario más extenso favorece las tres, ¿cómo lo enriquecemos?”.
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En la columna acerca de la gramática inclusiva, hablé de Funes el memorioso, personaje de un cuento de Borges de tan prodigiosa capacidad de retención que maldecía la pobreza del vocabulario castellano. “Le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)”, dice en una de sus páginas. 

Aunque no sería capaz de administrar una palabra para “perro de las tres y cuarto (visto de frente)”, detrás de esa hipérbole borgiana hay un germen de verdad. Como constructos espontáneos que son, los idiomas sufren de vacíos, y nadie detenta la autoridad para resolverlos.

La escasez

En Tasmania, poseen un denominativo para cada árbol, pero no existe la palabra "árbol". La tribu amazónica de los Pirahacarece de términos para los números mayores a dos y cualquier cifra superior se dice "muchos".

Más cercano a nuestra realidad, en inglés no diferencian “querer” de “amar” y no hay una traducción sintética para “aprovechar” (como en “aproveché el viaje para comprar pan”). Por supuesto, la más severa omisión es “estadounidense”, con la consecuencia de que a ellos no les queda más remedio que insultar a todo el resto del continente denominándose americans.

En castellano, no somos ajenos a los baches lexicográficos. En la misma columna antes citada escribí:

Es pobre que no distingamos entre carne viva (flesh) y carne comestible (mutton/pork/beef), que no exista una palabra específica para “sonido de volumen alto” (loud), para información que revela una trama (spoiler), o para distinguir entre dedos de la mano (finger) y del pie (toe). No sé por qué está tan arraigada la falsa noción de que el castellano es un idioma tan rico. El diccionario de la RAE publica un quinto de las palabras que el Merrian-Webster en inglés, menos de un quinto que el principal diccionario islandés, y apenas un 8% de las que cita un diccionario coreano.

Mantengo una lista de las palabras que he identificado que le faltan al castellano y al inglés, y que actualizo los 6 de julio. Para que se haga una idea:

¿Cómo parchar los baches?

A mi modo de ver, son bien recibidas aquellas modificaciones que propendan a la belleza, la precisión y la economía de un idioma,y nocivas las que remen en el sentido opuesto. Dado que un vocabulario más extenso favorece las tres, ¿cómo lo enriquecemos?

La respuesta que sé que estás pensando (y que es fundamentalmente correcta) es: en forma espontánea. Los idiomas adquieren vida propia, edificios sin arquitecto, rebaños sin pastor. Y funciona. Aun cuando nada ni nadie detenta atribuciones para imponer cambios o ampliaciones, de lo más bien que nos las hemos arreglado para seguir expandiendo el arsenal lingüístico. Hace un siglo no existían los neologismos “avioneta”, “gentrificación” ni “helicóptero”, entre cientos de otros.

La mayor parte de la expansión proviene de la calle. Posiblemente nunca sabremos cómo se originó “bacán”, “cuático” o “filo”, pero ahí están. La minoría nace en el entorno formal de la academia. FitzRoy, el capitán del navío en que viajó Charles Darwin, acuñó “pronóstico del tiempo”, el gran filósofo Jeremy Bentham ideó “internacional”, y el biólogo Richard Dawkins, aún vivo, inventó la palabra “meme (aunque su definición no coincide exactamente con la viralización de imágenes de gatos de YouTube).

Nadie discute entonces que la potencia generativa marcha a todo vapor. El proceso resuelve razonablemente bien neologismos específicos, como “renderización” o “cortocircuito”. Sin embargo, y es esta la justificación de esta columna, la innovación muy rara vez parcha los vacíos básicos. Un astrofísico acuñará sin tapujos conceptos tales como “espaguetización” para describir el estiramiento de objetos en formas finas y delgadas (como un espagueti) dentro de campos gravitatorios heterogéneos, porque sabe que se está expandiendo la frontera del conocimiento. Pero nadie posee la autoridad para inventar una traducción de loud.

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La RAE, “la autoridad del castellano”

Es por eso que vengo a plantear una herejía: propongo que un panel de expertos nombrados por la Real Academia de la Lengua Española, sugieran (no impongan) palabras con bases etimológicas conocidas destinadas a suplir aquellos vacíos más importantes de nuestro idioma. Sé que se te erizaron los pelos, pero aclaro antes de que vengas a quemarme la e-casa:

1. Está fuera de discusión que el rol de la RAE siempre ha sido describir un idioma que evoluciona en forma espontánea, no normarlo. Estoy plenamente consciente de eso. Es más, apostaría buena plata que los propios miembros de la RAE discreparían de mi propuesta. Por eso lo de “herejía”.

2. Nadie ha decretado que la RAE sea “la autoridad del castellano”, por la obvia razón de que nadie posee atribuciones para tal cosa. La RAE es una institución independiente (en el sentido de que los idiomas son acéfalos) a la cual uno puede decidir o no prestar atención. De hecho, hay muchas otras academias de la lengua, incluyendo una chilena de respetables 133 años de historia, y en ninguna parte está escrito que aquellas se subordinen a la RAE. La falsa noción de que la RAE es “la autoridad” se debe a su tradición, prestigio y permanente caudal de publicaciones de calidad. Dicho eso, es justamente por dichos pergaminos, bien ganados en la cancha idiomática, que sería la RAE a través de su diccionario de uso universal la única con chances de hacer que esto resulte.

3. Aunque ya dicho, repito que todo asomo de imposición está total y completamente fuera de discusión. Se trataría en forma explícita de meras sugerencias, nada más que una invitación a usar.

¿Y cómo funcionaría? Más o menos así:


Elaboración: Joaquín Barañao.

¿Qué razón habría para no intentarlo? Si resulta que con el tiempo la propuesta prende, se elimina la etiqueta de “[PROPUESTA RAE]” del diccionario y nuestro querido castellano ganó en belleza, precisión y economía. En caso contrario, pues se elimina la entrada del diccionario sin pena ni gloria. Si ninguna propuesta cautivó a los hispanoparlantes, queda archidemostrado que nada más que los procesos espontáneos permiten expandir el vocabulario, se eliminan todas las “[PROPUESTA RAE]”, y aprendimos un montón en el proceso. Al menos, les habremos dado pasto a los lingüistas para décadas de papers acerca de esta quijotada.

¿Qué les parece esta “herejía lingüística”?

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Comentarios
Pablo Pizarro | 2018-12-28 | 22:57
1
Una corrección. dedo de la mano se dice "falange" y dedo del pie se dice "ortejo" asi que si tenemos palabra para ello 🤭
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Joaquín Barañao | Colaborador | 2019-01-02 | 10:43
1
Hola Pablo

La falange es una parte del dedo http://dle.rae.es/?id=HVhSR3d

Ortejo no está en la RAE ¡Hay que masificarla! :)
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Mario Vial | 2019-01-02 | 12:38
0
me parece que una falange es un hueso del dedo
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Oscar Arias | 2018-12-29 | 16:06
3
Lo que no veo en ninguna parte del artículo es por qué sería TAN importante hacer esto. El autor asume que es importante, pero en ninguna parte lo explica: ¿es TAN necesario distinguir entre la carne viva y la carne comestible como para crear palabras específicas? ¿Es TAN necesario distinguir entre los dedos de los pies y de las manos? ¿Acaso se producen tantas tantas confusiones a diario por no tener esas distinciones? En los pocos casos en que pudiera ser necesario, basta con hacer la precisión "dedo de la mano", "dedo del pie" y LISTO: ningún problema aquí, salvo en la imaginación del autor.

También hay otro asunto que el autor no aborda en su artículo, ¿a qué exactamente le llamamos "vacío lingüístico"? ¿Podría yo proponer entonces que usemos distintas denominaciones para la papa, en función de la forma, tamaño, color y usos de ésta? Algunas propuestas mías:
- Papancha: papa que es más ancha que larga
- Paplarga: papa que es más larga que ancha
- Papascura: papa de color oscuro
- Papanoel: papa que se cocina durante el mes de Diciembre

¿Es necesario esto? ¿Se puede hablar realmente de un "vacío lingüístico" aquí?
Personalmente, no veo mayor necesidad de hacer TANTO cambio, y el artículo tampoco contribuye a clarificar nada.

Por último, un par de observaciones:
1) Si bien puede que no exista una palabra específica en la RAE para "volumen alto" (le voy a creer al autor, yo no soy experto en lingüística), en la práctica se usa "ruidoso" como un sustituto razonable.
2) La lista que presenta el autor es HARTO discutible. Por ejemlplo, la palabra SPAM sí está incluida en la RAE, y palabras como "bullying" y "spoiler" ya se usan tanto tanto en nuestro idioma que probablemente van a terminar siendo incluidas en ediciones posteriores de la RAE. Además, hay otras palabras que sí tienen equivalentes razonables en español, como "trade-off" (dilema, compromiso), "teenage" (adolescencia), "engage" (atraer), etc.
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Joaquín Barañao | Colaborador | 2019-01-02 | 10:52
1
Hola Oscar

Por supuesto que no es necesario distinguir entre la carne viva y la carne comestible. El castellano ha existido por siglos sin ello y de lo más bien que podemos comunicarnos y hasta escribir poesía. Mi solo punto es que el castellano ganaría sin perder nada. Es como si alguien propusiera situar una escultura en una plaza pública. ¿Es necesaria? Por supuesto que no, es solo que la plaza sería un poco más bella.

1- "Ruidoso" es distinto a loud. No dirías "escuché un llamado ruidoso en medio de la noche"
2- Estoy de acuerdo que hay palabras discutibles en esa lista. Personalmente opino que compromiso no es buena traducción de trade-off, pero te entiendo. "Teenager" es alguien que tiene entre 13 y 19, que no es lo mismo que adolescente (esta es una palabra muy específica y de bajísima prioridad, pero casualmente tuve un pequeño problema escribiendo Historia Freak del Fútbol cuando no pude traducir "Mbappé is the only teenager to score in a world cup final besides Pelé"; obviamente se puede decir "el único bajo 20", pero al no haber palabra específica parece que los 20 son un unmbral arbitrario)
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Oscar Arias | 2019-01-02 | 17:21
0
Hola Joaquín, voy contestando por partes:
(1) El comentario que haces al principio es precisamente el cuestionamiento que hago yo. ¿En verdad se gana sin perder nada? Al poner la escultura en la plaza, no sólo estás quitando espacio para otras actividades más útiles (plantar árboles, instalar juegos o bancas, etc.), sino que además estás invirtiendo recursos que podrían gastarse en cosas realmente importantes (y ni hablemos acerca de los conflictos que pudieran derivarse en la comunidad, si la escultura tuviese tintes políticos o religiosos, por ejemplo). Ahora volvamos al tema que nos atañe: ¿en verdad se enriquece el idioma al llenarse de palabras innecesarias, incluso redundantes? No lo creo. ¿Se vuelve más bello el idioma? Este punto es demasiado subjetivo como para conversarlo con seriedad. ¿Se vuelve más preciso? Sólo a veces: en la mayoría de los casos ya existen expresiones en nuestro idioma, o palabras lo suficientemente cercanas como para considerarlas aceptables en el día a día.

(2) Eché de menos en tu respuesta algún comentario acerca de los supuestos "vacíos lingüísticos", ¿a qué exactamente le llamas "vacío lingüístico"? ¿Es posible diferenciarlo de un simple caprichito tuyo o mío o del señor de la esquina? ¿Los ejemplos que escribí en mi primera respuesta constituyen vacíos lingüísticos? ¿Es pobre nuestro idioma por no tener incluidas las palabras "papancha" y "paplarga" que definí en mi primer comentario? Estas preguntas me parecen clave en la discusión.

(3) El ejemplo que das para "ruidoso" suena extraño porque en español la palabra no se usa de esa manera: hablamos de "grito" para hacer referencia específica a la voz alta de una persona (también se usa con algunos animales). Tu ejemplo sería correcto de este modo: "escuché un grito que me llamaba en medio de la noche". Otras palabras que en la práctica también se usan para hablar de "volumen alto" son "chillón" y "bullicioso". ¿Ves que no es necesario andar inventando palabras raras como "loudoso"? Tenemos hartas palabras que usamos para hacer referencia a "volumen alto", bastaría con incluir la acepción correspondiente en la RAE, lo cual no sería nada terrible, porque las palabras ya se usan así.

(4) Si lees con cuidado mi primera respuesta, en mi último párrafo hablo de "equivalentes razonables" (nunca dije que la traducción fuera necesariamente exacta). En el caso de "teenager", hablar de "adolescente" es correcto en la mayoría de los casos (y, ojo, que el problema con esta palabra es que se trata de un derivado anecdótico del inglés: los números del 13 al 19 terminan en "teen", por eso ellos hablan de "teenager", ¿para qué querríamos nosotros tener una palabra exactamente igual, que sólo les hace sentido a ellos?). De todos modos te entiendo el caso puntual que presentas (el de Mbappé), pero no alcanzo a ver por qué te incomoda tanto hablar de "el único menor de 20" o "el único bajo 20" (y ojo, ojo... ¡estos criterios siempre son arbitrarios! Se deciden siempre por conveniencia, para explicar un punto nada más). En verdad no alcanzo a entender por qué te molesta tanto usar esas expresiones... en el mismo idioma inglés es común encontrar expresiones de ese tipo en los periódicos y revistas ("under 40", "under 21", etc.).
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Oscar Arias | 2019-01-02 | 18:55
0
Hola Joaquín, voy contestando por partes:
(1) El comentario que haces al principio es precisamente el cuestionamiento que hago yo. ¿En verdad se gana sin perder nada? Al poner la escultura en la plaza, no sólo estás quitando espacio para otras actividades más útiles (plantar árboles, instalar juegos o bancas, etc.), sino que además estás invirtiendo recursos que podrían gastarse en cosas realmente importantes (y ni hablemos acerca de los conflictos que pudieran derivarse en la comunidad, si la escultura tuviese tintes políticos o religiosos, por ejemplo). Ahora volvamos al tema que nos atañe: ¿en verdad se enriquece el idioma al llenarse de palabras innecesarias, incluso redundantes? No lo creo. ¿Se vuelve más bello el idioma? Este punto es demasiado subjetivo como para conversarlo con seriedad. ¿Se vuelve más preciso? Sólo a veces: en la mayoría de los casos ya existen expresiones en nuestro idioma, o palabras lo suficientemente cercanas como para considerarlas aceptables en el día a día.

(2) Eché de menos en tu respuesta algún comentario acerca de los supuestos "vacíos lingüísticos", ¿a qué exactamente le llamas "vacío lingüístico"? ¿Es posible diferenciarlo de un simple caprichito tuyo o mío o del señor de la esquina? ¿Los ejemplos que escribí en mi primera respuesta constituyen vacíos lingüísticos? ¿Es pobre nuestro idioma por no tener incluidas las palabras "papancha" y "paplarga" que definí en mi primer comentario? Estas preguntas me parecen clave en la discusión.

(3) El ejemplo que das para "ruidoso" suena extraño porque en español la palabra no se usa de esa manera: hablamos de "grito" para hacer referencia específica a la voz alta de una persona (también se usa con algunos animales). Tu ejemplo sería correcto de este modo: "escuché un grito que me llamaba en medio de la noche". Otras palabras que en la práctica también se usan para hablar de "volumen alto" son "chillón" y "bullicioso". ¿Ves que no es necesario andar inventando palabras raras como "loudoso"? Tenemos hartas palabras que usamos para hacer referencia a "volumen alto", bastaría con incluir la acepción correspondiente en la RAE, lo cual no sería nada terrible, porque las palabras ya se usan así.

(4) Si lees con cuidado mi primera respuesta, en mi último párrafo hablo de "equivalentes razonables" (nunca dije que la traducción fuera necesariamente exacta). En el caso de "teenager", hablar de "adolescente" es correcto en la mayoría de los casos (y, ojo, que el problema con esta palabra es que se trata de un derivado anecdótico del inglés: los números del 13 al 19 terminan en "teen", por eso ellos hablan de "teenager", ¿para qué querríamos nosotros tener una palabra exactamente igual, que sólo les hace sentido a ellos?). De todos modos te entiendo el caso puntual que presentas (el de Mbappé), pero no alcanzo a ver por qué te incomoda tanto hablar de "el único menor de 20" o "el único bajo 20" (y ojo, ojo... ¡estos criterios siempre son arbitrarios! Se deciden siempre por conveniencia, para explicar un punto nada más). En verdad no alcanzo a entender por qué te molesta tanto usar esas expresiones... en el mismo idioma inglés es común encontrar expresiones de ese tipo en los periódicos y revistas ("under 40", "under 21", etc.).
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Oscar Arias | 2019-01-02 | 18:58
0
(Perdón por el mensaje doble... no sé cómo borrarlo)
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Mario Vial | 2019-01-02 | 12:50
0
Creo que lo que el autor de la nota dice es muy necesario, importante y muy útil.

Trato de hablar bien y me incomoda que no haya formas de decir cosas en nuestro idioma o que haya que usar tres o cuatro palabras para decir un concepto.
Antes también me molestaba la españolización de los términos en inglés, hoy creo que terminaremos sin tener una palabra en nuestro idioma de un montón de cosas, como bullying, coaching, etc.
Para mi sería genial un apartado de la RAE de esas características, orientativo y promotor de un buen uso, calidad y fluidez de nuestro lenguaje.

Que bueno que no estoy tan solo en esto. Por la cantidad de corazones en tus tuits, veo que somos muchos.

Buena nota y buen año 2019!
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juan antonio garcia sanchez | 2019-01-16 | 11:18
0
las palabras y modismos se crean de forma espontanea, aunque alguien se siente a inventar palabras o cambiar la forma de estas nadie las usara.
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