aborto, mujer, debate, empatía
Imagen: César Mejías

Esta pregunta es la que nos impide llegar a un acuerdo sobre el aborto

Encontrar un punto de encuentro en el debate sobre el aborto, puede parecer una tarea imposible, pero quizás no lo es tanto si cambiamos el enfoque con que miramos la postura del otro.

Por Marco Canepa @mcanepa | 2018-07-31 | 17:33
Tags | aborto, mujer, debate, empatía
Debemos tomar conciencia de que nuestros comentarios llenos de ira, veneno y adjetivos descalificadores juegan en contra de nuestra causa, no a favor. Es predicarle al coro y afirmar convicciones, pero no sirven para convencer a la contraparte.
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Y finalmente, ¿quién tiene la razón en el debate por el aborto?, ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos?, ¿y cómo hacemos que la parte que está equivocada lo reconozca?

Tuve una pequeña epifanía al respecto revisando Twitter el otro día:

La pregunta está equivocada

Sucede que, desde hace años, en un esfuerzo por no quedar atrapado en burbujas de información, he ido siguiendo a gente de todos los sectores políticos e ideológicos (cosa que, debo admitir, me provoca abundantes malos ratos cuando leo opiniones que me parecen absolutamente pelotudas, aunque ya he aprendido a morderme los dedos para no terminar peleando durante horas con un total desconocido). Pero lo bueno que tiene tanta diversidad, es que uno va a aprendiendo a ver la vida desde muchas perspectivas, incluso si no se comulga con algunas de ellas, y empieza además a entender sus propios prejuicios y sesgos.

Fue así como, en un día particularmente álgido en el debate sobre el aborto, en que mi timeline hervía con ataques cruzados, caí en cuenta de algo que debiese ser obvio, pero que al parecer la mayoría de las veces somos incapaces de ver: tanto quienes apoyan el aborto, como aquellos que se oponen, son movidos por un profundo amor al prójimo.

Denme un segundo para limpiarme el café que cientos de lectores me acaban de escupir simultáneamente en la cara al leer esa última frase. Ok, sigamos.

Admito que, para quien está en alguna de las dos trincheras del debate, lo que acabo de decir puede sonar contraintuitivo, por decir lo menos. Porque la visión habitual sobre la facción "pro-aborto" desde la perspectiva de sus opositores, es la de mujeres que solo buscan dar rienda suelta a un libertinaje sexual irresponsable a costa del asesinato de niños, en un acto de supremo egoísmo; mientras que la visión sobre los "anti-aborto", vistos desde la vereda del frente, es la de una élite conservadora patriarcal, hipócrita y fanática religiosa que busca mantener a la mujer esclavizada y sometida, incluso a costa de su salud y del sacrificio de su vida, en base a prejuicios moralistas incompatibles con la complejidad de la realidad.

En otras palabras, mi lado defiende lo que es justo, lógico y necesario, mientras que los otros son simplemente malos, ignorantes o estúpidos, y no cabe otra explicación.

Y vista así la postura contraria, la lógica demanda que uno se embarque en la tarea de demostrarle a mi oponente, con argumentos lógicos, metáforas, sarcasmos y evidencia científica, que simplemente está equivocado, que su opinión carece de sentido. Y cuando no logro convencerlo (que es lo que ocurre el 99,9% de las veces), proceder a ningunearlo, humillarlo, insultarlo o incluso hacerle callar a la fuerza.

Todo lo anterior, desde luego, no nos lleva a ningún acuerdo. Muy por el contrario, nos lleva al conflicto y a una radicalización de ambas posturas, que al verse atacadas confirman todos sus prejuicios sobre la contraparte, transformándose en un diálogo de sordos y un gallito permanente donde ganan temporalmente las mayorías circunstanciales, en lugar de un acuerdo amplio y estable.

¿Es posible otro camino? Yo pienso que sí

Propongo que el comprender la postura del otro como válida y fruto de sentimientos nobles y buenas intenciones, puede ser un camino mucho más efectivo para alcanzar acuerdos o, al menos, para discrepar sin necesidad de odiarnos unos a otros. Este es un ejercicio extremadamente útil que he visto aplicado en debates escolares, donde se les pide a los estudiantes defender la postura contraria a la suya. Habitualmente el resultado es una nueva comprensión y respeto sobre la postura del otro y una mayor apertura a encontrar acuerdos.

Pero sé que, para muchos lectores, la sola idea de que en el debate por el aborto la contraparte actúa motivada por sentimientos nobles, resulta más difícil de tragar que una bolsa de clavos. Por eso, a continuación intento exponer los sentimientos que mueven a cada uno. Sé que la tentación de contradecir y debatir cada una de las visiones de la postura contraria es grande, pero para que el ejercicio resulte, es necesario respirar profundo y abrirse a mirar el mundo desde otros ojos.

La mirada “pro-vida” (mal llamada anti-aborto)

Lo básico para entender esta postura, es comprender que para alguien que se opone al aborto, un bebé es un bebé desde el momento en que se concibió: una pequeña personita, inocente y vulnerable, que solo debiese recibir cariño y cuidados todos los días de su delicada vida infantil. Y, por lo tanto, lo que mueve a un pro-vida, es el amor a esa nueva vida y el deseo de proteger a ese pequeño.

No existe, en esta mirada, diferencia entre el horror de ver a alguien arrojar un bebé por la ventana de un edificio, con la de expulsar o aspirar a un feto desde el vientre materno. Ambas imágenes le parecen igualmente atroces e indefendibles. Que aquella vida exista dentro o fuera del vientre materno, tiene poca relevancia, pues lo considera desde su concepción como una persona aparte.

Poco sentido tienen, para quien así piensa, las discusiones biológicas, sociológicas o filosóficas sobre cuándo ese cigoto, embrión o feto se puede definir como “persona”, “ciudadano” o “ser humano”, ni piensa que haga alguna diferencia en qué estadio de desarrollo embrionario se encuentre. Para la gran mayoría de quienes defienden esta postura, la realidad es simple y clara como el agua: solo existen dos momentos que definen la existencia o no de un ser humano: la concepción y la muerte. Todo lo que ocurre entremedio es un desarrollo gradual, continuo e imposible de dividir o fraccionar en etapas que permitan retirar la condición de humanidad en algún momento.

Si a lo anterior se suma algún grado de religiosidad, como es habitual en el caso en esta postura, el pro-vida está convencido que esa vida, además, está imbuida de un espíritu de origen divino, que no tenemos derecho a quitar.

Por eso los pro-vida pueden parecer, desde la distancia, fríos e indiferentes a las condiciones de la madre: la defensa de ese bebé toma preponderancia sobre cualquier situación circunstancial respecto a cómo o por qué fue concebido, o de las consecuencias que su vida pueda traer a su madre o familia, pues ninguna de estas son vistas como peores a provocar intencionalmente la muerte de una vida humana. Por eso también, cuando los defensores de esta postura son enfrentados al dilema extremo de tener que elegir entre dos vidas (la madre o el feto), solo pueden dejar la decisión al destino, pues no se sienten con el derecho (ni creen que nadie más tenga el derecho tampoco) de decidir la continuidad o la muerte de alguna de las dos.

Así, no hay maldad ni crueldad en las intenciones de un pro-vida, sino la firme convicción de que están defendiendo un valor supremo, que están salvando vidas y que ninguna consecuencia de continuar con el embarazo puede ser peor que el acto de terminar intencionalmente con la vida de lo que, a sus ojos, es a todas luces un bebé.

La mirada "pro-elección" (mal llamada pro-aborto)

Todo lo anterior es, por supuesto, muy difícil de entender o aceptar para quienes habitan las antípodas ideológicas del debate sobre el aborto.

La mirada de quienes defienden la necesidad del aborto (sea este libre o solo bajo ciertas causales) es también motivada por el amor, pero poniendo como centro de esa compasión a la madre, amor que va además acompañado a un profundo respeto hacia la sabiduría de la decisión de la mujer en un momento así. No buscan imponer el aborto a nadie, sino dejar abierta una puerta de escape cuando la mujer, única y soberana dueña de su vida, considere que no puede seguir con su embarazo.

Quienes sostienen esta postura, sienten enorme empatía hacia los sufrimientos y consecuencias que un embarazo no deseado (o deseado pero incompatible con la continuidad de la propia vida de la madre) puede traer para la vida de la mujer que pasa por él. No pueden simplemente aceptar la perspectiva de que una niña violada deba cargar, mucho antes de estar preparada, con un embarazo y la responsabilidad y carga social de criar a un niño. No están dispuestos a pasar por alto las miles de instancias y formas en que los hombres, de una forma u otra, embarazan a las mujeres sin su consentimiento, accidental o intencionalmente; ni aceptan que se las obligue a cargar únicamente a ellas con los resultados de la imprudencia o irresponsabilidad de los machos, que rara vez se hacen cargo de sus actos. No aceptan la idea de que una mujer deba obligatoriamente ponerse en riesgo mortal para sacar adelante un embarazo complejo, cuando tal impasse se podría evitar de manera sencilla, ni pueden dejar de ver el impacto que la muerte de esa madre tendría sobre los otros hijos o marido que dejaría solos en el mundo. No les parece justo que una decisión así de delicada y compleja, llena de circunstancias que son únicas a la vida de cada mujer, venga pre-definida por decreto. Tal cosa les parece cruel e inhumana.

Tampoco sienten que al detener el embarazo se esté cometiendo un acto reprobable. Para quienes defienden el derecho a abortar es evidente que no tiene la misma categoría de derechos un grupo de células o un ser que recién empieza a formarse, con un ser humano plenamente formado. No ven maldad ni crueldad en detener un proceso que recién comienza y que, para todo efecto práctico, aún no adquiere ninguna de las características propias de la vida humana, menos aún si el ser afectado no tiene aún consciencia de su propia existencia. De ahí que abracen entusiastamente definiciones biológicas, filosóficas y sociológicas que les permitan establecer un parámetro relativamente seguro para interrumpir embarazos antes de que se forme algo que, efectivamente, puedan entender como una persona independiente, pues este grupo tampoco siente placer alguno en terminar con una vida y lo comprenden como una medida extrema, un último recurso lamentable pero necesario.

Esta mirada, en su pragmatismo, también reconoce que incluso no existiendo el permiso legal para realizar abortos, estos ocurren de todas formas y en condiciones de alto riesgo para la mujer que se lo realiza, maximizándose el daño en lugar de prevenirlo. La legalización del aborto no solo salvaría vidas, sino que permitiría dar un acompañamiento adecuado de la mujer embarazada, pudiendo incluso ayudársele a encontrar alternativas al aborto o resolver las circunstancias sociales que la llevaron al embarazo no deseado.

Así, tampoco hay maldad en los abortistas, sino el legítimo deseo de dar la oportunidad de elegir a quienes pasan por una situación compleja y dolorosa, demasiado compleja y personal como para ser predefinida por el aparato estatal, sumada a una visión pragmática de la vida.

Y entonces, ¿cómo nos ponemos de acuerdo?

Bueno, así estamos. Dos miradas diametralmente distintas, ambas originadas desde la empatía y el amor, ambas intentando defender un valor fundamental. ¿Cómo hacemos para que se pongan de acuerdo? ¿Es siquiera posible?

Partamos por lo obvio: en temas valóricos nunca hay una victoria absoluta de una postura sobre otra, a lo sumo un tránsito lento y continuo de la mayoría hacia uno de los extremos del péndulo, antes de volver en la dirección contraria. Así que partamos por olvidarnos de pretender convencer al grupo contrario de que tenemos razón, eso no lo lograremos.

A lo que podemos aspirar, en cambio, es a un debate de altura donde la contraparte entienda y valore nuestra postura, e intente moderar la suya para alcanzar algún grado de acuerdo, imperfecto como lo es todo en la vida, pero mejor que la situación existente, haciéndose cargo de las preocupaciones de ambos.

Para eso, es fundamental lograr que la contraparte empatice conmigo o mi causa. Y eso no se logra a chuchadas, escupos, burlas ni prejuicios; mucho menos con afirmaciones provocadoras que buscan “sacudir” al contrario. Al revés, eso aumentará su resistencia, endurecerá su postura y confirmará sus prejuicios en mi contra. Debemos tomar conciencia de que nuestros comentarios llenos de ira, veneno y adjetivos descalificadores juegan en contra de nuestra causa, no a favor. Es predicarle al coro y afirmar convicciones, pero no sirven para convencer a la contraparte.

¿Cómo se logra?

Primero, haciendo lo que acabamos de hacer: aceptar al otro como alguien con buenas intenciones y una mirada válida de la vida. No tenemos que estar de acuerdo con esa postura, pero podemos al menos admitir que tiene un buen punto y que de alguna forma debiésemos hacernos cargo de ella. Es difícil, lo sé. Es mucho más fácil y cómodo desestimarla como ridícula o tonta, nos ahorra un problema intelectual y moral, nos evita tener que poner en duda nuestras propias convicciones, pero es fundamental.

Segundo, debemos expresar y dar a entender que comprendemos esa postura. Tal vez no la vivimos (porque no es nuestra verdad) pero el otro debe saber que estoy escuchando, porque solo entonces el otro estará dispuesto a escucharme a mí. Aquí es bueno dejar de lado las frases absolutistas que pretenden declarar la verdad absoluta de las cosas y tratar de plantear la cosa como lo que realmente es, un debate de opiniones.

Tercero, debemos facilitar que el otro empatice con mi postura. Aquí hay todo tipo de herramientas que nos pueden ayudar. Dos de ellas particularmente efectivas son: contar historias conmovedoras de vidas reales y/o recurrir a la simpatía y al humor, como hace magistralmente Hannah Gadsby en su stand-up comedy Nanette, para derribar las caricaturas que otros hacen sobre uno (aquí un artículo que escribirnos al respecto). Es, en definitiva, cambiar el ceño fruncido y el puño cerrado, por una sonrisa y una mano abierta.

Los trolls, los intolerantes y los rabiosos son inevitables, pero al menos quienes quieren sinceramente convencer a otros y quienes lideran el debate o tienen la obligación de alcanzar acuerdos, deberían en la medida de lo posible hacer el esfuerzo de alcanzar el entendimiento, tomando en cuenta lo anterior (con todo lo difícil que esto es cuando te están constantemente atacando y dando golpes bajo el cinturón), pues es el único camino para alcanzar algún grado de acuerdo duradero y que sea al menos parcialmente satisfactorio para ambas partes.

¿Habías mirado a la postura contraria así? ¿Le reconoces algo de razón a sus argumentos?

*Una versión anterior de esta columna no aclaraba suficientemente que el lado "pro-aborto" es en realidad "pro-elección". El autor originalmente eligió no usar este segundo término por considerar que en Chile no se ocupa y que el artículo dejaba suficientemente claros los objetivos del movimiento. Sin embargo, se optó por incorporar el término para evitar confusiones.

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Comentarios
Alex Mauricio Jimenez Segura | 2018-07-31 | 19:55
3
Yo no se que a que Pro-abortos han visto ustedes, porque yo he ido a varias marchas feministas a mirar y he visto y oído cosas como "feto muerto, carne para la olla" o el clásico "aborta al macho". Si eso no es maldad y mala leche, que baje San Pedro y lo vea (ojo, esto fue solo una expresión. Soy ateo de hecho.)

Una solución mucho mas humana, que discutía el otro día con un compañero de la Universidad, seria una especie de "bono de embarazo": aquella mujer que tenga un embarazo no deseado deberá firmar ante notario un compromiso de 1.-que el suyo es un embarazo no deseado 2.-de que no abortara y 3.-de que dara a su bebe en adopción apenas nazca, a cambio de una compensación monetaria mensual por cada mes hasta el termino del embarazo. Esta comprobado (tristemente) que los bebes son adoptados con mucha mas facilidad que los niños mas grandes, y hay muchas parejas que desean concebir y no pueden.
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Marco Canepa | Director Creativo | 2018-07-31 | 21:16
9
Ojo con confundir lo que *motiva* a personas pro y anti aborto (que argumento que es el amor), versus qué formas eligen para luchar por su causa.

Precisamente el problema que tenemos (y que es el tema del articulo!) es que es tal la conviccion de que esto es una “guerra” contra un otro “malo”, que se recurre a insultos, burlas y sloganes que buscan hacer sentir mal a la otra parte. Te aseguro que nadie en esa marcha realmente piensa que esté bien comer guaguas abortadas. Además, yo he escuchado cosas igual de horribles de parte de los “pro-vida”, pero dirigidas a las madres que abortan o a quienes luchan por esa causa.
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Oscar Arias | 2018-08-01 | 07:23
4
Si bien comparto el fondo del artículo y me parece elogiable que el autor busque fomentar un ambiente de empatía y respeto mutuo, también lo considero muy muy muy ingenuo. Y, antes que vaya a creer que lo estoy atacando, permítame fundamentar lo que estoy diciendo:
1) En la discusión del aborto, el tema en cuestión es netamente valórico (y, en particular, la diferencia fundamental entre una postura y otra es mencionada en el artículo: el concepto de lo que es una "persona" no es algo tajantemente definido). Y, cuando no hay verdades objetivas, en la práctica cualquier cosa que uno diga tiene un grado de valor absoluto, porque no hay una referencia objetiva de qué es lo "correcto" (algo similar a lo que ocurre en esas discusiones del tipo "mi equipo es mejor que el tuyo" o "mi país es el mejor del mundo"). Por tanto, no es razonable pensar que sea posible llegar a un acuerdo en estas temáticas, como propone el autor: necesariamente debe imponerse una idea frente a la otra.

2) Existe un concepto en psicología que es la "disonancia congnitiva", que se refiere al malestar que siente una persona cuando se ve enfrentada a ideas que no son compatibles entre sí. En la práctica, esto significa que la persona tiende a rechazar de manera compulsiva las ideas contrarias a las propias (algo que ocurre, por ejemplo, de forma frecuente en temas como religión y política). Así, si bien la propuesta del autor es noble y elogiable (un ideal a seguir por todos, diría yo), no es algo que la mayoría de las personas esté en condiciones de llegar a poner en práctica, al menos no en estos temas.

3) En cualquier conflicto, para llegar a un acuerdo es necesario que haya un área gris donde ambas partes puedan ceder un poco. ¿Cuál sería el punto medio en esta discusión? Personalmente no me parece que eso exista acá, y tampoco creo haber visto que el autor lo proponga en su artículo. El único acuerdo al que podrían llegar ambas partes es concordar en que no es posible llegar a acuerdo.

Retomando lo que comencé diciendo, el artículo me parece ingenuo porque propone algo que me parece impracticable en este contexto: acá necesariamente debe imponerse una idea sobre la otra, no me parece que haya un término medio.

Sí comparto plenamente el llamado que hace el autor a debatir con altura de miras y escucharnos unos a otros, presentando argumentos sin ataques personales y sin hacerse los ofendidos por cualquier cosa (algo tan de moda estos últimos años). Pero de ahí a proponer "llegar a un acuerdo", eso ya es otra cosa.
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Marco Canepa | Director Creativo | 2018-08-01 | 10:22
6
Hola Oscar, estaba consciente de todo lo que dices, pero:

1) Dije, literalmente "alcanzar acuerdos o, al menos, para discrepar sin necesidad de odiarnos unos a otros". Los más flexibles encontrarán un punto medio, el resto no, pero todavía cabe la opción, como dije, de "admitir que el otro tiene un buen punto" del que hay que hacerse cargo.

2) No quería poner propuestas de soluciones específicas en mi columna porque nos distraería del fondo del artículo, además de obligarme a tomar partido en un artículo que busco mantener lo más neutro posible.

3) Si bien obviamente para las posturas más extremas no hay acuerdo posible, la mayoría de la gente no habita en los extremos, sino en algún punto cercano al medio (distribución normal o campana de gauss). Para esa gente sí puede ser aceptable una solución que: a) deje disponible la alternativa del aborto, pero b) establezca condiciones que fomenten las alternativas que evitan el aborto (por ejemplo, simplificar procesos de adopción, apoyo social y psicológico, etc) de modo que quede como "última alternativa" y c) se haga todo lo posible por fomentar la prevención del embarazo.

4) Jamás creí que todos, la mayoría o siquiera mucha gente vaya a cambiar de actitud o de forma de pensar por escribir esta columna. Pero la visión de El Definido es que una de las principales razones por las que seguimos en el subdesarrollo, es por partir de la base que las cosas son imposibles y ni siquiera intentarlo. La experiencia muestra que los grandes cambios han partido siempre por actos pequeños y gente que se ha atrevido a soñar. No veo ninguna razón para ni siquiera INTENTAR mejorar la discusión.

5) Lo que propongo es una reflexión para quienes sí quieren ser más efectivos en el diálogo con la contraparte, especialmente aquellos líderes de opinión que están activamente buscando la mejor forma de comunicar su postura.
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Oscar Arias | 2018-08-01 | 12:43
0
Hola Marco, te agradezco la respuesta. Comento tus puntos:
1) Como ya mencioné en mi comentario original, tengo súper claro que el fondo de tu columna es fomentar la sana convivencia y el entendimiento mutuo. Aprovecho para felictarte, me dio gusto leer tu artículo.

2) Ok, lo entiendo. El problema es que, en este tema en particular y hasta donde yo alcanzo a ver, cualquier propuesta implica necesariamente tomar partido por uno u otro bando. Personalmente no veo un "punto medio" o un "área gris" donde ambas partes puedan ceder un poco.

3) La propuesta que planteas la comparto (pienso igual a ti, creo que la "solución" va por ahí), pero no se trata de una postura intermedia: lo que estamos haciendo es sólo mitigar el "daño" a la parte que "pierde". A otro usuario le leí (aquí mismo) una fórmula similar pero cargada al otro extremo: prohibir el aborto, pero facilitando los canales de adopción para que las mujeres que no quieran tener hijos los puedan entregar en adopción.

En cualquiera de los dos casos, te tienes que cargar hacia algún extremo. Honestamente no veo que haya punto medio en este tipo de discusiones. Tienes que elegir A o B.

4) Ok, súper bien. ¿Pero cuál sería el "punto medio" en este caso concreto? Suena muy bonito lo que dices, pero hay que ponerlo en práctica...

5) Te reitero que estoy totalmente de acuerdo en el fondo de tu artículo. La parte que me parece ingenua es que tú asumes de antemano que siempre se puede llegar a acuerdo en todo, y esa postura absolutista me parece impracticable. Hay muchos temas donde tu postura sí es correcta (si tenemos que decidir de qué color pintar una casa, y a ti te gusta el blanco y a mí el negro, podemos tranzar ambos y pintarla gris), pero también hay muchos otros donde no lo es. Y este tema del aborto me parece que es uno de estos últimos, donde necesariamente una de las ideas se tiene que imponer a la otra. Más todavía, cuando ambas posturas tienen una sensibilidad especial propia, como tú mismo explicas en tu artículo.
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Bernardo Severino | 2018-08-07 | 05:20
0
Hola Oscar,
He leído tu discusión con Marco (un poco tarde). Muy interesante tu pregunta base ¿Se puede llegar a un acuerdo, punto medio? Para responderla yo diferenciaría los niveles en que se dan los debates. Por una parte esta el nivel moral, que es lo que Marco explicó claramente. Ambas partes tienen sus puntos de vista opuestos y como tú dices se ve complejo llegar a un punto medio. El segundo nivel de debate que yo distinguiría es aquel entre los actores que saben que este tema se resolverá vía las reglas del juego de nuestra democracia. Y acá, desde mi punto de vista, la "opinión pública" juega un rol relevante. Es decir, hay actores que dicen y hacen sabiendo el impacto que dichas palabras y acciones tendrán en la opinión pública. Estos actores, influyentes por cierto, saben que la correlación de fuerza que se dé en el parlamento será consecuencia del "termómetro" público. Y aquí es donde la racionalidad que Marco plantea pasará a un segundo plano. Todo será emociones. Un debate visceral. Y no por convencer al bando contrario, si no por convencer a los que no tienen bando. Entonces, si queremos responder a tu pregunta, sería interesante que pudiéramos explorar las estrategias comunicacionales de dichos actores claves (los que entienden del juego democrático) y así avizorar si hay posibilidad de llegar a algún punto medio, en el parlamento.
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Oscar Arias | 2018-08-09 | 11:20
0
Hola Bernardo: He estado mirando noticias respecto a lo que pasó en Argentina en estos días con este mismo tema del aborto, y lo que leo es que la decisión que tomaron pasó en gran medida porque en el parlamento argentino existe mayoría de sectores que rechazan el aborto libre, a pesar de que no necesariamente representan el pensar de la mayoría de la población.

Quizás más que convencerse unos a otros, el tema pasa por nosotros, por votar a consciencia al elegir nuestros representantes, sabiendo qué es lo que piensan acerca de estas temáticas, de manera que nos representen lo mejor posible.

A modo de opinión personal, me encantaría que estas temáticas se manejaran mediante plebiscitos periódicos, de manera de tener claro que es lo que piensa la mayoría de las personas. A mí me parece una manera justa de resolver estos temas donde no me parece factible ni razonable alcanzar acuerdos.
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Fabián Valenzuela | 2018-08-01 | 11:23
5
Interesante columna, pero siento que le faltó una conclusión evidente: la postura pro-vida quiere obligar a todas las mujeres de un país a vivir bajo sus principios, mientras que la postura pro-elección quiere que las mujeres de un país puedan elegir si quieren o no terminar su embarazo, siguiendo los valores y convicciones de cada una.
También creo que faltó mencionar que hay consenso científico de que los fetos de menos de 12 semanas de vida no sienten, no sufren, ya que no tienen actividad cerebral ni neurotransmisores, por lo que no son seres humanos propiamente tales aún. Si hay gente que quiere creer que esos fetos son vidas humanas completas, es su creencia propia y personal, y si quieren vivir ellos mismos bajo esa creencia está bien, pero es egoísta de su parte querer imponer a todo un país esa creencia.
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Fabián Valenzuela | 2018-08-01 | 11:24
2
Una buena analogía de este egoísmo sería pensar que hipotéticamente los testigos de jehová quisieran prohibir por ley las tranfusiones sanguíneas en todo Chile, sin importar que dicho procedimiento médico produzca una gran mejora en la calidad de vida de muchas personas, solo porque ellos no se hacen transfusiones debido a sus creencias propias y particulares.
Claramente sería una transgresión evidente para toda la gente que no tiene esa creencia.
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Luis Perez | 2018-08-02 | 19:10
2
De echo si hablamos de ciencia el feto humano es humano desde su concepción (ya que no es un mono, ni un terodactilo que después se transforma en humano) que sea capaz de percibir o razonar eso es otra cosa, ya podríamos discutir si las personas tenemos el derecho de matar a otras personas por su incapacidad de razonar... me gustaría dar un punto de vista sobre el tema.

1) Hace no muchos años (menos de lo que uno creería) en muchas culturas los niños tenían menos derechos que los adultos, era habitual ver que los abusaran, vendieran o los usaran como pequeños animales de carga, asimismo la mujer pues se pensaba que ambos tenían menos capacidad de razonar que un hombre adulto, en el caso de las niñas que eran mujeres y ademas niños era aun peor, y si eras una niña negra estabas cagada... creo que es interesante entender lo delicado que es poner los derechos de algunos sobre los de otros.

2) Ahora ya se empezó a escuchar sobre aborto post-parto (y que ya se discute en otros países como si cada "otro país" del mundo fuera mejor que nosotros") y el mismo razonamiento lógico de que un bebe recién nacido no tiene idea de donde esta parado por eso abortarlo pasado hasta 3 meses de su nacimiento no seria tan malo.

3) Creo que para una discusión seria se deben separar las peras de las manzanas (existen muchos que gustan de generar confusión para defender argumentos indefendibles) Yo por mi parte creo que puedo aceptar el aborto en 3 causales por ser perfectamente lógico, pero (para mi) el aborto libre que se pide hoy es algo totalmente distinto y habitualmente se juega a hablar de ambos mezclados para darle mas validez a uno apoyándose en la validez del otro.

Por ultimo y MUCHO mas importante me parece extraño que el embarazo sea un asunto SOLO de la madre, creo que también hay un PADRE en esa ecuación, lo raro es que el bebe sea solo desicion de la Mujer que lo llevara en el vientre 9 meses pero no de el papa que lo llevara en la espalda 24 años no debe tener nada que opinar, si la mujer lo decide el padre debe ver tranquilamente como liquidan a su hijo sin decir nada?
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James Maynard | 2018-08-09 | 14:13
0
Fabián, ese argumento es tan absurdo como decir "Que el rodeo siga siendo legal, total, el que no quiere no va".
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amaro lópez | 2018-08-11 | 20:05
0
leiste donde decia: "(...)fetos de menos de 12 semanas de vida no sienten, no sufren, ya que no tienen actividad cerebral ni neurotransmisores(...)"
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Gonzalo Abarzúa | 2018-08-01 | 23:21
2
Quiero aportar al tema central del artículo con los 4 niveles de la escucha, de la Teoría U de Otto Scharmer (una potente y sencilla distinción):

1) Nivel 1 Reaccionar (o descargar): acá no se escucha, simplemente se responde al otro desde los propios hábitos de juicio. Uno tiende sólo a reconfirmar lo que piensa.

2) Nivel 2 Mente abierta: escucha informativa, me entero de los hechos que el otro afirma, y puedo analizarlos, discutirlos y potencialmente integrarlos. Pueden (pero no necesariamente) suceder transformaciones en mí, de acuerdo a qué haga con la información nueva.

3) Nivel 3 Corazón abierto: escucha empática, puedo no sólo escuchar lo que me dicen, sino percibir desde dónde me lo dicen, cuáles son las preocupaciones, motivaciones, valores que el otro quiere cuidar. Entiendo el contexto afectivo del otro, y me permeo a él. Las transformaciones se vuelven más probables.

4) Nivel 4 Voluntad abierta: abro la posibilidad al espacio co-creativo y de co-construcción, asumo que la realidad la vamos construyendo entre todos, y me abro a las posibilidades del presente en constante movimiento. Me permito una apertura más total desde la cual cualquier cosa puede ocurrir. Me dejo fluir en un devenir con el otro.

Siento que el artículo quiere ir hacia la fase 3, la sugiere - tímidamente y con bastante conciencia del frágil hielo quebradizo en el que estamos parados en este tema, pues los hábitos de juicio son muy fuertes (el nivel 1). Desde mi perspectiva, ya pasar al nivel 2 sería todo un triunfo. Y para el nivel 4 nos faaaaalta.
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Francisca Riveros | 2018-08-02 | 15:34
2
La discusión que uds proponen y la que se ve en redes es infructuosa, por que? Básicamente porque da lo mismo si se está o no de acuerdo con el aborto. No porque sea ilegal el aborto no existe. Lo que importa acá es si seguimos criminalizando a las pobres por no tener los medios para ir a una clínica o al extranjero, las mujeres abortan de todas formas sin pedir permiso a la gente, y las leyes tienen que ser prácticas. El problema de hoy es la desigualdad entre las que tienen lukas que pueden elegir y las que no
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Miguel Castillo | 2018-08-02 | 15:35
2
Los extremos siempre causan conflicto, porque no alcanzan a mirar al otro. Bajo lo que leo estimo que ambas posturas no están en la mejor posición, y por ello creo que no son las únicas posiciones, sino la de los extremos. Y sí concuerdo en que a una buena parte de ellos les motiva el bien del otro (pero en el extremo extremo está la pseudo obediencia religiosa, y en otro extremo extremo está el existente sentir de que me importa un bledo este feto, yo lo boto y punto).
Como en todo lo que se regula mediante ley, debe existir casuistica, y por ello creo que de por sí el aborto ya existe legalmente, pero deberíamos llamarle de otra forma y prohibir el aborto. Me explico.
Tenemos prohibido el asesinato, porque nadie tiene derecho a quitar la vida a otro. Pero hay excepciones, bajo la legítima defensa por ejemplo.
Así el aborto debiera estar prohibido, porque nadie tiene derecho a quitar o negar la posibilidad de vida a otro, bajo los siguientes conceptos:
* Que la ciencia declara que un feto de menos de 12 semanas no siente, no tiene los neurotransmisores, etc. No importa. La ciencia no es exacta. La ciencia ya nos dijo que los homosexuales eran enfermos mentales, y ahora la ciencia dice que no. Así, la ciencia y el conocimiento evoluciona y mañana podría decirnos que, ups, estaban equivocados, que sí hay conciencia (por ejemplo).
* Por ello, es mejor abstenerse de la opinión de la ciencia frente a un tema altamente delicado: la vida de un [potencial/futuro/posible] ser humano.
* Bajo lo anterior, un ser concebido ya debiese haber adquirido el derecho a nacer y vivir (me podrán decir que legalmente no es así, pero es parte de la discusión), y ese derecho es el que se ha negado y debiese ser parte de la discusión. Es algo que se da por zanjado socialmente.
* Reconocido el derecho a nacer y vivir, pasa que el aborto deja de ser un derecho, pasa a ser un acto prohibido.
* No obstante, se debe trabajar y discutir en las causales que generan excepción, 3 de las cuales ya existen, y la discusión podría ser en que otras causales más.
Así, eliminamos el aborto que se quiere hacer porque sí, porque simplemente siento que tengo el derecho a descartar esa vida, ya que la mujer tiene pleno derecho sobre su cuerpo, pero con el derecho a nacer y vivir, no tiene derecho a "sacarse" lo que ha sido concebido en su vientre (aunque el vientre es de ella, lo que hay dentro del vientre no es de ella, ni tiene derechos, bajo este prisma).
Sin embargo, si por alguna causa, ejemplo, violación (que causa daño sicologico terrible), peligro de vida, u otras causales, entra a discutir qué derecho prima: el de la madre o el del hijo, bajo lo cual la madre, como dueña de su cuerpo, podrá decidir que hacer (arriesgarse a tenerlo o abortarlo).
En el fondo, prohibimos el aborto y dejamos la puerta abierta para las causales que sean necesarias justificar que sí se haga (como en el caso de quitarle la vida a otro).
También con esto dejamos de lado la pseudo obediencia religiosa, pues ya no se trata de prohibir solo por prohibir o porque un ser supremo lo dicta, sino que se supedita a causales humanamente factibles (ojo, soy cristiano de tomo y lomo, y Dios en sus "leyes" siempre deja la puerta abierta a situaciones que lo ameritan).
Esto fue mi granito de arena. Gracias Can por poner la discusión al tapete.
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Germanita Campos Lagos | 2018-08-04 | 20:02
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Uf! Este es uno de los temas más complicados de conversar/discutir, precisamente por las diferencias que se plantean en el artículo. Me gusta que se haya intentado exponer de manera más neutral y creo plenamente que la forma que se planeta de enfrentarlo ES la qué hay que tomar. En los comentarios leo que hablan de que unos buscan imponer, mientras que otros dan libertad, de que es imposible en la práctica aceptar lo que “el otro lado” plantee, porque ‘no se puede no más’, pero para mi al menos, lo que se trata de comunicar acá, y de proponer como forma de enfrentar el debate, es poner a la EMPATÍA en el centro. Y no sólo pensando en decirle al otro “sé empático sólo con la vida que hay en el vientre” o “sé empático con la mujer y su circunstancias”, sino en SER EMPÁTICO CON ESA PERSONA QUE PIENSA DISTINTO DE TI, Y TRATAR DE ENTENDER POR QUÉ PIENSA ASÍ. Para mi y ya desde hace mucho rato, la empatía se ha convertido en la única forma de convivir, comprender y respetar a quienes antes no era capaz de entender. Porque es al final eso, la empatía lo que te permite ponerte en los zapatos del otro e intentar ver las cosas a la luz de sus ideales para darte cuenta de que al final todos buscamos lo que para nuestra construcción mental es lo mejor. Y si bien en el caso del aborto puede no existir una posibilidad de acordar, SÍ puede existir la posibilidad de convivir de manera respetuosa, y de valorar al otro independiente de que piense distinto (que aunque duela muchas veces, bien hace que no pensemos igual) y dejar de verlo como un monstruo.
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Maria de los Angeles Espejo | 2018-08-05 | 17:05
1
Grqcias por el enfoque que das al tema, pero siempre me pregunto si los pro-muerte aceptarían que maten a niños recién nacidos porque por ejemplo a los 2 días de vida, se cayó de los brazos de su madre, se partió la cabeza y quedó vegetal? O aceptarían que maten a un niño de 2 años porque se ahogó y quedó vegetal?

Para los pro vida es los mismo matar un niño de 2 años o un niño 2 o 3 días de gestación.... por eso nos es tán difícil aceptar la postura de quienes abortan.
Acaso ustedes no reaccionarían si un grupo marcha para que se permita matar a todos los niños postrados que son una carga económica y emocional para su madre? Para nosotros no hay diferencias en el vientre o afuera.

Que diferencia hay entre matar un feto de 9 meses y un recién nacido de 2 minutos?.... si a dos minutos de nacer lo matas, para ustedes no es crimen y es un derecho de la madre... pero si a los 2 minutos de nacer lo matas, es un crimen y te vai preso....

Es muuuy dificil bajo nuestras convicciones aceptar lo que ustedes hacen y espero nos comprendan.

No me parece andar golpeando, ni insultando a quienes piensan distinto a mí pero sí defenderé la vida y me seguiré haciendo cargo de quienes se han salvado de las garras sangrientas del aborto y viven recluidos y abandonados en hogares.

Si estás embarazada o fuiste vicitima de una violación, te digo que el aborto no borrará el traumante evento que pasaste. Sólo sera otro trauma más.

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Damián | 2018-08-08 | 15:44
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Abortar un feto de 9 meses? Ahí es cuando se caen ustedes en los argumentos, creyendo que las leyes de aborto permiten abortar en cualquier momento que a uno se le antoje.

La ley que se debe aprobar en Argentina se contempla un máximo de 14 semanas de gestación, lo que son aproximadamente 3 meses de embarazo.

Incluso es muy común en las mujeres el no anunciar que están embarazadas hasta después de los 3 meses, ya que durante las primeras semanas de embarazo existen mayores posibilidades de generar abortos espontáneos. Y si bien puede ser doloroso para algunas mujeres tener ese tipo de abortos cuando existía la expectativa de ser madre, no las veo recogiendo los residuos en el baño para meterlos en un ataud.

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James Maynard | 2018-08-09 | 14:12
0
Pucha Can, valoro tu esfuerzo en tratar de ser "conciliador", pero tu intento de introducir una postura mas neutral, justamente desvirtúa los argumentos sobre el tema.

La postura antiaborto es muy simple: No existe actualmente consenso mundial sobre desde que momento se considera al feto un ser humano, punto. De la misma forma que la medicina define el momento de la muerte clínica (sin pulso, respiración y EKG plano), se puede definir el momento en que el feto se considera un ser humano, es un tema netamente científico.

Todo el resto de la innumerable lista de estupideces que usan los pro-aborto para intentar tergiversar la discusión, jamás han sido argumentos de los pro-aborto ("Es que ellos creen que si se legaliza te van a obligar a abortar", "Es que tu crees que todas las minas van a correr a hacerse un aborto", "Es que tu crees que es muy fácil para la mujer la decisión", etc.)

Cuando un pro-aborto ha planteado que no quiere que se legalice el aborto porque "Van a obligar a la gente a abortar"?!?!

Todos esos sinsentidos absurdos no aportan absolutamente en nada a contraargumentar el hecho que que NO ESTÁ DEFINIDO EL MOMENTO EN QUE EL FETO PASA A SER UN SER HUMANO.
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Miguel Castillo | 2018-08-10 | 09:35
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"NO ESTÁ DEFINIDO EL MOMENTO EN QUE EL FETO PASA A SER UN SER HUMANO."

Por ahi va el punto, por eso puse anteriormente que debiese haber una discusión previa que no he visto ni aquí en Chile ni en otro lado: el derecho a nacer de un ser concebido (independientemente de su tiempo de gestación). Ahí es donde "chocarían" los derechos: el de la mujer sobre su cuerpo vs el de ser concebido.

Los pro aborto no quieren obligar a nadie. Los anti aborto saben que no se trata de abortar a los 9 meses.
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juan antonio garcia sanchez | 2018-08-13 | 17:40
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la unión del ovulo con el espermatozoide forman un nuevo ADN por ende una nueva vida y distinta de la mujer, eso según la biología y la genética. para los que están a favor del aborto no les importa que sea una vida, por que para ellos aunque tenga un ADN propio y sea un ser distinto es un embrión sin cerebro o sin sentimientos.
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