agricultura, mujeres, desertificación
Imagen: César Mejías

Mujeres contra la desertificación: así ellas están enriqueciendo los suelos en el Norte Chico

Los suelos degradados de la Provincia de Limarí (Coquimbo) parecían no tener remedio para volver a ser utilizados. Pero gracias a la ayuda de distintas instituciones, sistemas de agricultura sustentable y el empoderamiento femenino, ya se están viendo resultados.

Por Romina Diaz | 2019-01-03 | 07:00
Tags | agricultura, mujeres, desertificación
“Quien sostiene todo el engranaje, la vida en el campo, las cosechas, la cultura es la mujer. Mantiene los ganados, educa a los hijos y gradualmente se ha ido empoderando de las dirigencias de las agrupaciones civiles, juntas de vecino, etc.”, (Eduardo Rodríguez, director de Conaf Coquimbo).
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Son la fuente de ingresos en el campo, proveen de alimentos a sus familias, impulsan soluciones en los cultivos y son líderes en la restauración de suelos. Algunos creerán que se trata de hombres fornidos y músculosos… Pero no, hablamos de mujeres, de las más audaces y creativas.

Si alguna vez se estereotipó a los hombres como los únicos líderes en la vida de campo, esto no es así, y hoy sale a la luz con toda su fuerza. En Coquimbo, y otras partes del mundo, cada vez más sobresale el trabajo femenino en este tipo de prácticas.

En El Definido te contamos sobre el éxito que han tenido muchas mujeres ejerciendo este rol en la zona más rural de nuestro Norte Chico… ¡Y no solo en Chile!

El avance de la desertificación

Entre los valles transversales y las quebradas interiores de la región de Coquimbo, se encuentran las comunidades agrícolas de la Provincia de Limarí. Zonas que desde hace más de diez años se enfrentan a duras condiciones de sequía.

Como se explica en un estudio de la Universidad Bernardo O’Higgins, esto se puede ver especialmente en algunos sectores, como en Peñablanca y Cerro Blanco. “Tomándose como ejemplo la Comunidad Agrícola Cerro Blanco se observa en ella y en localidades cercanas una problemática agroambiental caracterizada por la sequía, desertificación y erosión, exacerbada por el cambio climático, afectando a los cultivos y a la capricultura”.

Hace años esta región era bastante rica en vegetación, nos contó el director de Conaf Coquimbo, Eduardo Rodríguez. “Producto de cortes indiscriminados para hacer carbón y después por el tema minero, se fueron deforestando extensos bosques de nuestra región y también se agotó la tierra por los cultivos de trigo. Hoy día los suelos están completamente erosionados y tenemos paisajes absolutamente desérticos”, explicó a El Definido.

Re-plantando medidas

Sin embargo, esto se está tratando de revertir. En medio de la lucha contra la desertificación, se está llevando a cabo un programa de la ONU que tiene especialmente el objetivo de reducir las emisiones por deforestación y degradación de los bosques en los países en desarrollo (Programa ONU-REDD). Junto con la Conaf, llevan años dirigiendo programas que tienen el objetivo de resolver esta situación. ¿Y cómo lo han llevado a cabo?

Enriqueciendo los suelos con árboles y plantas nativas en los lugares en donde aún hay vegetación, y también habilitando el territorio para que las plantas puedan crecer y reproducirse. Por ejemplo, esto se ha logrado en varios lugares construyendo “limanes”, es decir, zanjas en donde los árboles son plantados, cuya especial forma sirve de captadora de agua cuando llueve, según nos explica Eduardo.

El pasado 5, 6 y 7 de noviembre, especialistas internacionales de la FAO, PNUD, ONU Medio ambiente y la Conaf, realizaron la segunda “Gira Técnica de Intercambio de Comunidades Agrícolas” en la comunidad de Cerro Blanco y Peñablanca. Todo con el objetivo de vincular las experiencias de las comunidades agrícolas en temas de Restauración Ecológica y recolección de aguas y forestación.

“Lo que estamos haciendo es recorriendo el país y los proyectos piloto que se están implementando, y estamos evaluando cómo han ido avanzando sus resultados, cuáles han sido los beneficios y las alianzas que han generado con las comunidades y las autoridades de la región, así que hemos entrevistado a la gente, a los servicios”, contó la jefa de gobernanza y desarrollo sostenible del PNUD en Chile, Paloma Toranzos.

Pero más allá de recolectar resultados y examinar los cambios reales en el ecosistema de la región, lo que más se resaltó en la gira fue la participación de las protagonistas de estas medidas, es decir, las mujeres de la comunidad. ¿Por qué?

La mujer tiene la voz

Las autoridades pudieron ver en terreno las obras de mitigación y restauración de suelo degradado, desarrolladas por las comunidades, con el asesoramiento técnico de Conaf. En esta zona, “la mujer tiene la voz, ella decide y ejecuta”, fueron las palabras de Paloma luego de la actividad. 


Plan de Restauración 2018 - 2019. Fuente: Población Wilson Peña Blanca

Haciendo un balance de la gira, Eduardo Rodríguez recalcó la participación de la comunidad, “esta fue una experiencia bastante positiva, porque nos permitió darles el verdadero rol a las comunidades, un rol protagónico. Ellos han logrado apropiarse de los objetivos de este proyecto haciéndolos propios, alcanzando beneficios y resolviendo problemas”.

Además, detalló a El Definido que los hombres de la comunidad se van a trabajar a empresas mineras y las mujeres son las nuevas granjeras protagonistas. “Quien sostiene todo el engranaje, la vida en el campo, las cosechas, la cultura, es la mujer. Mantiene los ganados, educa a los hijos y gradualmente se ha ido empoderando de las dirigencias de las agrupaciones civiles, juntas de vecino, etc.”, dijo el director regional de Conaf. También agregó que son las mujeres quienes recogen muy bien esta necesidad de recuperar los suelos erosionados.

Como explicó Paloma Toranzos, la participación femenina en este rubro en general es baja. “sobre todo cuando son proyectos en comunidades donde las mujeres no se sienten lo suficientemente empoderadas para participar, el hombre es el dueño de la tierra, son los que reciben los subsidios y la mujer queda en un segundo plano; pero acá nos llamó la atención que las mujeres sí tienen voz, sí participan activamente. Hay varias de ellas que son dirigentes y eso fue muy positivo porque nos damos cuenta que el programa en esta región se está trabajando con un enfoque de género y eso es súper importante para nosotros”, destacó.

Un trabajo en conjunto

Este año ya se comenzaron a ver resultados, dijo Eduardo. Así que ahora tienen un nuevo desafío; mantener las plantaciones en el verano. Para esto establecieron sistemas de riego que ya están funcionando a la perfección y además obtienen agua de maneras más eficientes, como los atrapanieblas. Con estas mallas que recolectan el agua de la neblina del norte, se pueden juntar seis litros e incluso más al día, explica Rodríguez.

Impedir el avance del desierto no solo tiene beneficios medioambientales, sino que también es necesario como fuente de trabajo. Por ejemplo, en la región se produce miel y por esto también es importante recuperar los árboles nativos, ya que las abejas se alimentan de flores de esos árboles. Al mismo tiempo, se plantan arbustos y plantas con fines forrajeros, que son la hierba que se da al ganado para alimentarlo.

Los habitantes dicen estar agradecidos de la ayuda que se les ha otorgado, por ejemplo, la secretaria de la Comunidad Agrícola de Cerro Blanco, Maritza Segovia, dijo el año pasado en un informe de Conaf que se sentía orgullosa de lo que han logrado: “gracias a estos proyectos hemos podido ver un cambio muy importante en nuestro alrededor, donde comienzan a crecer los árboles plantados por nosotras”.

Y aunque la lucha contra la desertificación y por la restauración de suelos ha brindado algunos frutos, el director regional lamenta que el trabajo va más lento de lo que les gustaría, por lo que es necesario esforzarse al máximo en estos programas:

“Es necesario que enfoquemos todas nuestras fuerzas en esta lucha y el trabajo que realizan las comunidades agrícolas, en torno a la estrategia de cambio climático, ya que nos encontramos en el punto focal donde cada vez el desierto avanza con más fuerza, con todo lo que eso conlleva en términos de degradación de suelo y su consecuente daño a quienes viven en estas comunidades y ven afectado su desarrollo rural. Es por ello que estas obras autogestionadas por las comunidades con el apoyo de Conaf, se hacen tan importantes para frenar el avance del desierto”, enfatizó.

Fuente: Conaf

Las líderes del campo africano

Y estas mujeres que toman cada día más liderazgo en la vida rural, también están en otras partes del mundo. Desde PNUD, se han comprometido con distintas comunidades para mejorar sus capacidades de adaptación y han compartido herramientas y prácticas agrícolas climáticamente inteligentes.

En Camboya, una importante fuente de sustento son los huertos familiares, frecuentemente administrados por mujeres. Gracias al apoyo de esta organización que las ayudó a encontrar mejores formas de gestionar el agua, pudieron reducir gastos y ganar 500 dólares extras al año.

En Costa de Marfil, las mujeres representan el 70% del sector agrícola, pero poseen solo el 3% de la tierra que cultivan. Con sus métodos tradicionales trataban de obtener ganancias produciendo manteca de Karité. ONU Mujeres posteriormente estableció un programa que las ayudó a modernizar el proceso, con énfasis en reducir la deforestación. Al mismo tiempo, su producción aumentó y crearon un mejor producto que les permitió cumplir con los estándares competitivos del mercado internacional.

Y en Etiopía también mejoraron sus formas de cultivo, gracias a una nueva manera de almacenar y gestionar el agua. Con el financiamiento de un programa del PNUD, se construyó una bomba de agua que funciona con energía solar, un tanque de 10.000 litros y además un sistema de riego de goteo en las seis hectáreas donde están plantando nuevos cultivos comerciales. Con esta manera de almacenar agua para periodos de sequía, pudieron mejorar la producción de la tierra, se explica en la página de PNUD. Así, en su primera cosecha obtuvieron 7.200 dólares (5 millones de pesos) y también los ayudaron con una cuenta de ahorro para comprar un tractor en el futuro y quizás cultivar hortalizas para exportación.

La participación de las mujeres en la vida de campo no es algo de lo que deberíamos sorprendernos, quien ha tenido la oportunidad de vivir o tener contacto con zonas rurales en Chile, sabe que muchas de ellas son líderes de familia, quienes llevan el pan a la casa, trabajadoras, empeñosas y (ahora lo sabemos) generadoras de cambios con gran impacto positivo en nuestro medioambiente.

¿Conoces mujeres líderes de comunidades agrícolas?

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