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Imagen: Marco Villar

Un coctel de virus para eliminar enfermedades: la nueva terapia que podría salvarnos de algunas "superbacterias"

Isabelle Holdaway, una adolescente británica, estaba al borde de la muerte a causa de una infección resistente a antibióticos tradicionales. Una terapia de virus modificados genéticamente, la primera en el mundo, salvó su vida.

Por Francisco J. Lastra @efejotaele | 2019-05-14 | 07:00
Tags | ciencia, medicina, terapia, virus, antibióticos
Justamente hace 100 años, hay constancia de la primera terapia de este tipo en gallinas. Por 1940, la terapia de fagos ya se comercializaba en Estados Unidos y el ejército soviético la aplicó regularmente en el campo de batalla para combatir la disentería y gangrena.
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Isabelle Holdaway, una adolescente británica, debía recibir un doble trasplante de pulmón para salvar su vida. Los suyos funcionaban a menos de un tercio de su capacidad normal debido a la fibrosis quística que la aquejaba y a una infección resistente a antibióticos.

El trasplante fue un éxito, pero la infección persistió y comenzó a expandirse por todo su cuerpo. "Perdió tanto peso. Era literalmente como un esqueleto”, dice su madre, Jo Holdaway. “No había nada que pudieran hacer para que se sintiera cómoda. Fue horrible ". La bacteria se abría paso en nódulos incluso en la piel de sus brazos y piernas.

Luego de nueve meses en el hospital, regresó a su hogar con cuidados paliativos para disminuir su malestar. El pronóstico era oscuro.

Por entonces, su madre preguntó a expertos del hospital por la terapia de fagos, un tratamiento que involucra utilizar la peor pesadilla de las bacterias: virus bacteriófagos, es decir,virus que solo las infectan a ellas.

Se trata de una práctica centenaria, muy poco corriente en Occidente, que está siendo revivida en todo el mundo gracias al potencial de su manipulación genética. Podría ser, también, la pesadilla de las llamadas “superbacterias”.

Terapia de fagos: un siglo haciéndole la vida imposible a las bacterias

Imagínense ingresar en sus cuerpos a pequeños soldaditos tipo comando (de los más brígidos), cuya única misión en la vida es justamente destruir a las responsables de esa infección hipotética que te aqueja. Esa es la idea de la terapia de fagos, un método para combatir infecciones que es incluso anterior a la masificación de los antibióticos.

Justamente hace 100 años, hay constancia de la primera terapia de este tipo en gallinas. Por 1940, la terapia de fagos ya se comercializaba en Estados Unidos y el ejército soviético la aplicó regularmente en el campo de batalla para combatir la disentería y gangrena.

Fue la Unión Soviética la que profundizaría en la investigación de estas terapias durante la Guerra Fría, mientras que en Estados Unidos se desprestigió debido a su vinculación con el régimen comunista y prácticamente desapareció, en favor de los antibióticos comerciales. Esto explica que, a día de hoy, la terapia de fagos sea una cosa común en países del este, como Rusia y Georgia, mientras que en Occidente casi ni se oye.


El Instituto Eliava en Tblisi, Georgia, lleva casi un siglo desarrollando terapias de fagos y es considerado el referente mundial en el tema. Fuente: Eliava Institute

Pero los antibióticos tienen una ventaja muy importante: rango de acción. La terapia de fagos necesita de virus muy específicos para atacar bacterias muy específicas, lo que se traduce en que una misma infección en dos personas podría requerir de cocteles de virus distintos, lo que toma tiempo y dinero en su elaboración. En cambio, antibióticos como la penicilina se pueden producir y masificar más rápidamente porque, haciendo pequeñas modificaciones, es efectiva en un gran número de aplicaciones.

Ingeniería genética para potenciarlos

La terapia de fagos que recibió Isabelle Holdaway, no fue una cualquiera. Luego de averiguaciones hechas por el hospital, el laboratorio Hatfull de la Universidad de Pittsburgh en Estados Unidos —uno de los pocos lugares que investiga este tipo de terapias en Occidente y que cuenta con muestras de más de 15 mil fagos- comenzó a desarrollar un coctel que pudiera atacar la infección que afectaba a la adolescente y a otra joven.

Durante varios meses, el laboratorio probó virus tras virus en pequeñas muestras en placas de Petri, hasta que logró identificar tres que parecían trabajar bien. Pero no se quedaron allí. Para aumentar las probabilidades de éxito, dos de los virus fueron modificados genéticamente (se les removió un gen) para aumentar su efectividad, en un proceso comparable al de cultivos que son modificados para hacerlos más resistentes a enfermedades o adaptarlos a nuevos ambientes.

Esta es la principal razón del resurgimiento de la terapia de fagos en Occidente. A través de la ingeniería genética se pueden crear cocteles “a pedido” que, si bien tardan en ser producidos, tienen altas tasas de efectividad donde los antibióticos ya han fallado.

El coctel fue finalmente producido, aunque para entonces una de las jóvenes había muerto; Isabelle resistía, aunque apenas. La terapia fue aplicada a través de goteo intravenoso.


Fagos (en verde) atacando a una bacteria. Fuente: Science

Luego de seis semanas, los exámenes no encontraban rastro alguno de la infección. Isabelle hoy, reporta The Guardian, volvió al colegio, tiene un trabajo a medio tiempo y está aprendiendo a conducir. Los efectos secundarios fueron mínimos.

¿La pesadilla de las superbacterias?

La terapia de fagos tiene desventajas inherentes que no le permitirán competir cara a cara contra los antibióticos. Pero no tiene por qué hacerlo.

Una de las principales preocupaciones en términos de salud a nivel mundial, es el desarrollo de “superbacterias” a las que los antibióticos no les hacen ni cosquillas. Imagínense una tuberculosis, pero en esteroides, causando tantas muertes como lo hizo la enfermedad original en siglo pasados. O una infección urinaria que simplemente no cede. Terrorífico, ¿no?

Esto sucede porque las bacterias no son nada tontas. En un proceso de selección natural ultra-acelerado que hemos forzado a través del uso excesivo de antibióticos, las más fuertes son las que quedan y se reproducen, dando lugar a nuevas cepas más resistentes que requieren nuevos antibióticos a mayores dosis.

Entonces la solución es seguir produciendo antibióticos y tratar de llevarle siempre la ventaja a las bacterias, ¿no? Suena simple, pero la realidad es que existen muy pocos incentivos económicos para el desarrollo de antibióticos. Recordemos que, idealmente, se trata de productos que se deberían usar de forma muy limitada para que las bacterias no logren desarrollar resistencia a ellas y esto es, desde el punto de vista comercial, terrible.

La ONU, en un reporte producido por expertos, ya ha indicado que los antibióticos deben ser vistos como un bien público más que un producto comercial y ha urgido a gobiernos para que financien su desarrollo e investigación.

Mientras tanto, los virus pueden ser mejorados genéticamente a discreción para siempre estar por sobre la resistencia de las bacterias. Optimizando su eficiencia, también se reduce el riesgo de que queden bacterias sueltas que puedan desarrollarla.

Si bien la terapia de fagos sigue siendo un nicho muy pequeño con limitaciones que también le quitan atractivo comercial (ya les mencionábamos lo específica que debe ser y el largo proceso de prueba-y-error que acarrea), en los últimos años se ha avanzado en el desarrollo de fagos con un rango de acción mayor que facilitarían su producción y comercialización.

De hecho, Johnson & Johnson, una de las farmacéuticas más grandes del mundo, ha recientemente invertido cientos de millones de dólares en proyectos de investigación con laboratorios y compañías de terapias de fagos, tanto “tradicionales” como modificados genéticamente.

Congresos y simposios en ambos lados del Atlántico sobre el potencial de la terapia de fagos, también reflejan el resurgimiento de este tratamiento, sobre todo en el contexto del aumento en la resistencia a antibióticos.

Todo indica que, luego de años de “si te visto no me acuerdo”, los fagos están finalmente recibiendo la atención que merecen. No reemplazarán a los antibióticos, pero sí podrían hacer la diferencia para casos como los de Isabelle y muchos más.

¿Conoces otros casos en que estos virus modificados genéticamente hayan sido aplicados?

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