El niño salió de madrugada en busca del tren que, durante noches, lo mantuvo con insomnio: no sabía si esos bocinazos que irrumpían a la distancia, esos que hacían aullar a los perros, correspondían a un tren real o a uno fantasma. Y como a él le encantaban los misterios (incluso se los inventaba), resolver esta duda lo motivaba lo suficiente para enfrentar cualquier peligro. No avisó ni dejó una nota indicando a dónde iba, pues supuso que estaría en casa antes del amanecer. Sin embargo no, el niño no volvió más. Pero por lo menos pudo resolver su duda.
Feliz
Sorprendido
Meh...
Mal
Molesto