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Imagen: Flickr de Nicolas de Camaret. Ilustración: Gojko.

¿Cómo transformar tu innovación social en una política pública?

Nació como un voluntariado, pero tuvo tal impacto a su alrededor que llamó la atención de medios, empresas y autoridades. El modelo de Proyecto B para la reinserción laboral de jóvenes que han cometido delitos, está a pasos de ser una política pública. ¿Cómo lo lograron?

Por Magdalena Araus @mmaraus | 2013-12-02 | 12:30
Tags | idea, innovación, política pública, emprendimiento social, Proyecto B, reinserción

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Todos queremos solucionar algo. Y muchos tienen grandes ideas, pero sólo algunas se concretan y logran resultados sorprendentes. Hace un tiempo escribimos sobre Proyecto B y conversamos con su fundador Rafael Rodríguez, sobre cómo habían visto la necesidad de la reinserción social de jóvenes que han cometido delitos y habían encontrado la herramienta básica: el trabajo. Esa idea que nació con un grupo de jóvenes voluntarios y dio que hablar en el SENAME, actualmente es una política aplicada a nivel país. ¿Qué pasos siguió?

Hablamos con Rafael para que nos contara la experiencia de Proyecto B. No es la única fórmula, nos insiste, pero el proceso que vivió este proyecto nos enseña cómo se concreta una idea en un emprendimiento social y cómo se convence a las autoridades para transformarla en una política pública. A continuación los pasos a seguir: 

1. ¡Me tinca! Una idea que apele al sentido común

Lo primero es fundamental: que la solución que se plantea suene como algo lógico, se entienda como posible y genere aprobación o interés a la primera en distintos grupos a los que se les muestra. "La idea parte desde el sentido común y eso es lo más importante. Cuando se creó, le hizo sentido a todo el mundo de manera inmediata, porque era una necesidad que los mismos jóvenes y SENAME tenían. Un joven para poder dejar de robar, necesita generar plata", explica Rafael.

Partieron por entender el problema y luego validarla en distintos grupos, y principalmente entre los mismos jóvenes del Sename, por ser algo novedoso y poco explorado. 

"Era la única manera de poder conseguir los recursos que ellos mismos dicen necesitar. Ahí entonces, la idea fue hacer un programa de empleabilidad y emprendimiento para los jóvenes. Súper simple".

Pero, si era tan de sentido común, ¿Por qué no existía antes?

Por dos razones, según Rafael. El sistema penal de Chile siempre ha estado orientado al castigo, más que a la reinserción. Recién estos últimos años se han empezado a instalar lógicas de rehabilitación. Además, el SENAME había estado orientado a la reinserción de jóvenes menores de 18 años, que era el sentido de la ley. Pero hoy día hay un 50% de mayores de 18 en el Sename. 

Por el tipo de ley y de sanciones que se dan, la mayoría de los jóvenes que está cumpliendo condena, va a cumplir 18 años y va a seguir estando ahí. En ese panorama, "habían experiencias particulares, pero no un programa propiamente tal, que es hacia donde hay que llegar para poder escalarlo", destaca Rodríguez.

¿Qué viene después de la buena idea?

2. ¿Qué piensan los que saben? Evaluar la idea con expertos 

¿Quién te puede asegurar que está bien enfocada? Los que más saben en distintas áreas. La idea tiene que pasar por filtros para que aterrice bien: público al que vas a apuntar, profesionales del área, académicos, otros. Ojalá la mayor cantidad de gente posible debe opinar sobre ella. 

En el caso de Proyecto B, se dio de esta manera: "Después de hablar con varios profesionales que les hacía sentido la idea, me conseguí hablar también con algunos académicos del área, especialistas en temas de delincuencia: sociólogos, psicólogos, abogados… economistas. Gente que estaba vinculada con el tema de la delincuencia y ellos mismos decían que hay experiencias internacionales de intermediación e inserción laboral que habían demostrado dar ciertos resultados en relación a la reincidencia del delito y también en la movilidad social. (…) Después de todas esas conversaciones, con familiares, amigos, conocidos, les hacía pleno sentido que el trabajo era una buena manera de combatir el problema de la reinserción".

No es fácil

Tampoco hay que pensar que una buena idea que es bien acogida es suficiente para que sea un éxito. Hay mucho trabajo y sacrificios detrás: "Estar partiendo un emprendimiento, sea social o de algún negocio, la primera etapa es difícil. Tienes que conseguirte los apoyos y tienes que, en la medida que vas desarrollando tu idea, poder seguir viviendo. En general, terminas haciendo muchas cosas: trabajas en el día, en la noche generas el plan de acción, las reuniones. La primera partes es súper dura en tiempo", comenta Rafael.

Es clave construir el proyecto de a poco, pensándolo bien para lograr que tenga una estructura mínima sustentable y que sea sostenible económicamente en el tiempo.

3. Aterrizaje: Armar un piloto y observar tus resultados

La idea tiene que implementarse y probarse.  Después de conversarlo con expertos, en Proyecto B se armó un piloto, que consistía primero en un voluntariado. Trabajaron con 20 jóvenes durante un año y ese fue el ejemplo de que la idea funcionaba y que era una ayuda concreta que podía crecer. 

En otras palabras, hay que crear un test que, de resultar bien, se pueda presentar como caso de éxito.

Hay que enfocarse en un punto

Las soluciones que funcionan son concretas. No intentan atacar todos los puntos del problema. Por eso es importante enfocarse en un punto y Rafael reconoce: "La idea de nosotros es súper concreta, no veníamos a cambiar el sistema de delincuencia en Chile. No queríamos cambiar el Ministerio de Justicia, queríamos simplemente intervenir un tema puntual. Eso es súper importante, el que mucho abarca poco aprieta y si eres especialista en un tema puedes ser más respetado".

4. Un buen team: personas que puedan hacer cambios 

Crear un Directorio o un Consejo Asesor con expertos y personas influyentes en los medios donde se quiere presentar la idea. Es así y es necesario. Ellos saben cómo funciona la estructura pública, a quién conviene acudir, cómo postular a fondos, etc.

"Después de tener algo que mostrar, fuimos buscar gente que tiene redes de verdad: que puede generar cambios, conseguir fondos, contactarte con personas que están involucradas a nivel del aparato público o con empresas, en el caso de Proyecto B, que pudieran contratar a los jóvenes", explica.

En este punto, es fundamental que las personas que trabajen sean profesionales comprometidos con la causa y quieran arriesgarse en un emprendimiento social, lo que no es fácil porque nada asegura que se vaya a mantener en el tiempo.

¿A quiénes dirigirse en el caso de Proyecto B?

Hay que armar el equipo de acuerdo a las necesidades del proyecto. Ellos necesitaban empresas para que contrataran a los jóvenes y consiguieron personas que estuvieran ligadas al mundo empresarial y que tuvieran la capacidad de abrirles camino a las gerencias para que los apoyaran.  También necesitaron políticos transversales: de centro, progresistas, de derecha, izquierda, independientes. Moverse políticamente de manera transversal. 

"Eso es súper bueno para la vida. Centrarse solamente en una ideología de cómo se deben hacer las cosas, te limita mucho para hacer las cosas bien. Es uno de los problemas que tiene nuestra sociedad, que estamos como atrapados por ideologías, que te impide ver el panorama más general de la manera en cómo hacer política".

Por último personas especialistas en el área de delincuencia. Además, independiente de las características técnicas que uno espere del directorio, Rodríguez comprobó la importancia del compromiso que ellos pueden tener con la iniciativa. No es fácil, nos dice, pero debe ser gente que esté dispuesta a dar su tiempo y a luchar porque el proyecto triunfe.  

A través de este grupo se hace más real la posibilidad de hacer una estructura aún más sólida y conseguir fondos públicos. Porque todo proyecto necesita su sustento y si se quiere un grupo ejecutivo de profesionales dedicados 100% trabajando, hay que mantenerlos.

5. Medir y mejorar siempre el programa

Una vez que hubo fondos y se pudieron financiar, en Proyecto B cambió la historia. "Se profesionalizó completamente. Empezamos a investigar teóricamente la materia, a comparar nuestra experiencia con experiencias de afuera, empezamos a medir resultados, a cambiar muchas cosas que estábamos haciendo, a crear otras que no estábamos haciendo. Gracias a esta profesionalización se logró crear un manual de intervención para jóvenes en programas de inserción socio laborales", dice Rafael.

Nunca las buenas soluciones y proyectos se quedan iguales a como se pensaron. Y esa es su gracia, que aprenden a adaptarse a medida que avanzan y crecen, para apuntar realmente al objetivo primero. Siempre hay que evaluar la idea, conversarla, ponerla a prueba. 

"Lo más importante no es desde dónde se diseña, sino que tu idea, tú la evalúes. Con esto que estoy haciendo, quiero lograr tales cosas. Y ver si es que tú logras tales cosas. Y si esas cosas que se logran tienen que ver con tu intervención y no con otras cosas que están pasando". En ese sentido Proyecto B siempre fue como una esponja.

"Como un niño, que aprende todo lo que le van diciendo sin mucho cuestionamiento. Nunca nos paramos del lugar del experto (…) Yo agarro el primer programa y lo comparo con el que es ahora y es otro. Ha cambiado por los comentarios de las otras personas que han trabajado en el área. Y esperemos que Proyecto B nunca se convierta en eso tampoco, en el experto que sabe cómo hacer las cosas…", enfatiza Rafael. 

Tener claro el trabajo que estaba haciendo y su impacto les permitió pegarse el salto. Mejoraron significativamente sus resultados, identificaron las piedras de tope, mejoraron la intervención. Gracias a eso empezaron a ganarse un lugar en el mundo de la ley de responsabilidad penal adolescente, su nombre empezó a ser conocido, empezaron a participar en distintas instancias y desde el propio Sename los empezaron a buscar. 

"De estar gateando empezamos a aprender a caminar", afirma.

6. Adecuarlo a una política 

Ahora viene lo grande, presentarse como un modelo que pueda ser escalable a nivel país y ahí hay que saber cómo insertarse a partir de las leyes y líneas presupuestarias existentes. Rafael explica que se trata de lograr tener, no solamente un lineamiento técnico, sino que un programa "hecho y derecho", con una línea presupuestaria que permita que se ejecute en el tiempo.

"Lo único que ha hecho Proyecto B es tener una idea, ejecutarla, evaluarla, mejorar la idea, ejecutarla, evaluarla… y en ese proceso, en la medida en que vayas mejorando, siempre vas a ir sumando más apoyo y vas a ir tendiendo a hacer las cosas bien. Evidentemente acá el problema es en el momento en que se escale (…) Para disminuir los riesgos tienes que estar dispuesto a seguir con este proceso de ensayo-error, pero además hay que generar un modelo de ejecución que incluya una autofiscalización". 

Siempre medir, evaluar y volver a mejorar, como un ciclo virtuoso que ha sido muy fructífero para esta idea que empezó entre un par de amigos y está en camino a ser una política pública.

Rodríguez nos cuenta que Proyecto B tuvo que adecuar su "Manual de Intervención" a la realidad de Sename con el fin de que pueda ser implementado por otras fundaciones. Trabajarán codo a codo con este Servicio y gracias a ello se generarán nuevos manuales de implementación del programa, una propuesta de línea de subvención y una metodología de evaluación de resultados.

"Si después se logra convencer al siguiente gobierno que genere una línea presupuestaria para este programa, se podrán financiar a través de subvenciones a muchas otras fundaciones que quieran replicar el modelo. Si eso ocurre, una idea con sentido común se habrá convertida en una política pública", asegura Rafael.

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Rodrigo Eduardo Cerda Silva | 2014-06-08 | 18:35
2
Creo que llegué a este diario por la relevancia de sus contenidos, y hasta este artículo no había visto cual era el enlace a mis intereses, he trabajado en el área social tratando de plantear soluciones y esta información me anima a seguir trabajando, no dejar de intentarlo...Gracias!
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