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7 claves para pelear sin herir a nuestros hijos

No podemos controlar cuándo ocurrirá un conflicto en nuestra familia, pero sí podemos manejar cómo reaccionamos ante ellos. Ofrecemos 7 claves para no hacer daño a quienes más queremos cuando discutimos.

Por Ignacia y Javiera Larrain | 2014-10-30 | 11:40
Tags | paternidad, hijos, padres, niños, educación, crianza, peleas, conflictos, diálogo, negociación

Alejandro y Sandra se sientan a comer junto a sus dos hijos, Martina de 5 y Nicolás de 8 años. La mamá se ha esmerado por preparar una rica comida para el día domingo. Alejandro pide que le traigan mantequilla y Sandra le responde que no hay. Alejandro se molesta y dice “nunca hay nada en esta casa”. Frente a tal afirmación, Sandra se altera y comienza a subir el tono: “¡Cómo que no hay nada, me paso el día entero tratando de tener la comida lista y tú me vienes con esto!”. “Pero que histérica tu reacción!”, responde Alejandro. “No puedes decir que siempre hay de todo… ayer no había bebidas, ni servilletas,la encargada del supermercado eres tú!”. Sandra explota “¡Puede ser que se me olviden algunas cosas, pero por lo menos hago el intento. En cambio tú llegas de la oficina y no te preocupas de las cosas de la casa. Hace un mes que quedaste en arreglar el horno y todavía no lo haces!.”

Para ese entonces, la conversación ya se ha convertido en gritos y descalificaciones, mientras que los niños se pusieron a pelear entre ellos porque uno le sacó la servilleta al otro. Martina se pone a llorar y se va corriendo a su pieza, mientras que Nicolás le dice a su papá que no sea tan pesado con la mamá.

Es frecuente observar como una pequeña situación cotidiana, tal como la falta de mantequilla, puede terminar convirtiéndose en motivo de discordia y pelea dentro de una relación de pareja. Si bien es cierto que dinámicas como las anteriormente descritas pueden esconder una serie de conflictos más profundos, en esta oportunidad queremos poner el foco en la otra cara de la moneda: la vivencia de los hijos.

"Tengo miedo"

Los niños a lo largo de su desarrollo deben ir construyendo una sensación de confianza y seguridad básicas, lo que implica ir interiorizando un modelo positivo y amable respecto al mundo que los rodea. Dentro de la configuración de ese modelo básico, juegan un rol primoridial las relaciones afectivas más cercanas, como lo es la que ellos establecen con sus padres y también la que ven que sus progenitores establecen entre ellos. Un niño se siente contenido y protegido cuando ve que sus padres están unidos, que se quieren, se tratan con respeto y son capaces de resolver diferencias a través del diálogo. Eso le entrega a los niños “un colchón de seguridad”, que les permite experimentar que frente a cualquier dificultad podrá recurrir al amor y serenidad que existe en el núcleo familiar.

Con lo anterior, no se quiere decir que los padres no puedan tener conflictos y dificultades. Tampoco se pretende que tengan que estar permanentemente fingiendo algo que no es real. Por el contrario, se trata de tomar conciencia del impacto que tiene en el desarrollo infantil el clima emocional en el que viven, y el gran peso que tiene sobre dicho clima la relación entre ambos padres.

Un niño que vive en un ambiente caracterizado por discusiones o peleas permanentes, es un niño que tiene mayores posibilidades de experimentar sentimientos de inseguridad, pudiendo traducirse estos en síntomas emocionales o de ansiedad.

"La violencia está bien"

Por otro lado, a partir de la relación de los padres, los niños van internalizando un modelo respecto a cómo son las relaciones entre las personas. Si ven que sus padres se faltan el respeto, se gritan, se agreden o se tratan de un modo poco considerado, aprenderán a validar ese tipo de trato. Dicha situación los puede llevar a ponerse en cualquiera de los dos polos de una relación de maltrato: ser ellos quienes lo ejerzan con sus pares (ya que pasa a ser una forma legítima de relacionarse con otros) o pueden asumir la posición de víctimas (validan que otro los pueda tratar de esa forma).

"¿De parte de quién estás?"

Otro posible efecto de las peleas frecuentes entre los padres frente a los hijos, es que alguno de ellos comience a ser “triangularizado”, es decir, que se vean arrastrados de forma más o menos consciente, a tomar bandos y aliarse con uno de los padres en contra del otro. Algunas veces sentirán que tienen que defender al que ven más débil (como lo hace Nicolás en el caso anterior) y otras veces tenderán a abanderizarse con el que más los entiende o defiende a ellos mismos. Esta dinámica es muy dañina para el niño, porque lo saca de su posición de hijo dentro de la familia y lo deja atrapado entremedio de ambos padres. Además, pueden aparecer fuertes sensaciones de culpa en el niño, quien en un nivel más profundo se siente traicionando al otro progenitor.

Qué podemos hacer

  • Ser un modelo de resolución de conflictos. Como se mencionó anteriormente, es muy difícil que en una relación de pareja no existan desacuerdos, desaveniencias y dificultades. Sin embargo, podemos tomar estas instancias como una forma de mostrarle a los hijos que en la vida existen distintas posiciones y que lo importante es saber llegar a acuerdos. Para esto tenemos que conocer los elementos básicos que implica una buena resolución de conflictos: cada una de las partes debe escuchar al otro, sin descalificar ni contra argumentar. Luego le tocará su propio turno para hablar y ser escuchado. Rescatar los puntos comunes y sobre ellos construir acuerdos. Tener como principio básico que para resolver los problemas, ambas partes deben estar dispuestas a ceder algo. No pretender imponer el propio punto de vista. Respetar y hacer valer los acuerdos convenidos. Dando este modelo a los niños los estaremos preparando para afrontar situaciones difíciles en su vida.
  • Cuidar siempre el tono de voz y el modo de tratarse. Más allá de las peleas, algunos niños son mucho más sensibles, e interpretarán cualquier alza en el tono de voz u otros cambios en el lenguaje no verbal como señal de pelea. Por eso, es necesario cuidar la forma en que los padres se dicen las cosas, más allá del contenido. En estos casos, también puede ser bueno mostrarle al niño que los papás no están peleando.
  • Poner un límite respecto a los temas que se tocan frente a los niños. Si bien habrá situaciones cotidianas de desacuerdo que podremos usar para modelar una adecuada estrategia de enfrentamiento, es probable que haya otros temas que por su complejidad o profundidad no deberían ser abordados frente a los hijos. Es necesario saber discriminar cuáles son esto tópicos y asumir un acuerdo respecto a que si aparecen, se dejarán pendientes para ser abordados con tranquilidad y en privado.
  • Evitar a toda costa la descalificación del otro progenitor frente al niño. Hay veces que la rabia contra el otro es tan grande, que nos lleva a hablar mal de él frente a los hijos. Si bien esto le puede producir un cierto alivio emocional a quien se está descargando, la realidad es que está minando la base de seguridad emocional del pequeño. A su vez, con ese tipo de comentarios, se están creando todas las condiciones para que el niño se vea forzado a tomar partido.
  • Que los niños vean las manifestaciones de cariño y respeto entre sus padres. Para los hijos no hay nada más reconfortante y segurizador que el ver que sus padres se tratan con cariño, se preocupan el uno por el otro y se cuidan mutuamente. Muchas de las manifestaciones de afecto entre los padres corresponden al ámbito de lo íntimo y privado y es bueno que así sea. Sin embargo, hay otras expresiones de afecto que pueden ocurrir en público y los niños agradecen cuando esto ocurre.
  • Si los conflictos y peleas en la pareja han alcanzado un grado tal de complejidad que inundan todo la relación y el quehacer familiar, es recomendable pedir ayuda externa.
  • Cuando los padres están separados o cuando no existe una relación de pareja entre ellos, también es importante cuidar la figura del otro progenitor. Esto puede ser particularmente difícil en situaciones en que el quiebre ha sido muy doloroso. Sin embargo, tenemos que recordar que nosotros somos los adultos y, por lo tanto, los encargados de propiciar un entorno nutritivo y seguro para el niño. De todos modos, habrá casos en los que no se cuenta con esa otra figura y habrá que acompañar al niño en el proceso de aceptar que esa es su realidad. Puede ser muy bueno apoyarse en otras figuras afectivas importantes (tíos, padrinos, abuelos). Con ellos podremos ir modelando el buen trato y el respeto. 

¿Peleaban tus papás? ¿Peleas tú frente a tus hijos?

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Comentarios
Paper Luis | 2014-10-30 | 13:05
3
Mis padres SI discutían delante mío. Pero no era algo habitual, sino muchas veces causado por tonteras. Nunca los vi insultarse ni descalificarse personalmente, pero si ningunear las cosas que hacían.

Con mi pareja si discutimos, pero muy a lo lejos: Hay veces que el estrés y el cansancio ganan y peleas por tonteras. No tratamos de alejar al enano de las discusiones, pq las familias no son perfectas. No nos insultamos, no nos descalificamos y, si el tema pasa a mas, frenamos.

Respecto a las demostraciones de cariño: Siempre y a cada rato... desde el abrazarse y regalonearse delante del hijo: siempre llega a ponerse al medio "pq la mamá es de él".. De hecho nos damos "abrazos de familia" para poder demostrar los felices que somos...

Una amiga me contó que cuando sus papás se separaron, nunca supo el pq, ya que todas las peleas las hicieron en privado y, cuando se separaron, ella se culpó caleta, pq nunca vio que sus padres se llevaran mal. Eso me hizo pensar cuando nació el pequeño ¿Mostrarnos perfectos o mostrarnos reales? Y optamos como familia ser lo segundo: Somos cariñosos, pero imperfectos, con mucha risa, con llamados de atención, con juegos, con todo lo que lleva una familia..

Saludos
@paperluis
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El Pol | 2014-10-30 | 15:12
0
Excelente nota, es sumamente interesante, yo vengo de una familia con muchos problemas, mi madre sufrió Violencia durante muchos años y nosotros crecimos sometidos sin atrevernos a hacer nada.

Ahora ya tengo mi propia familia y a pesar de pasarla muy mal a veces tratamos con mi esposa de siempre sonreír, de mirar la vida con alegría y de hacer feliz a nuestra hija, cuando tenemos desavenencias el que esta mas picado se calla hasta calmarse, discutimos y a veces levantamos la voz, pero tratamos de terminar siempre con un dialogo conciliador y cediendo uno de los 2.
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