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Imagen: César Mejías

¿Un bebé con 3 papás? 9 datos freak de la genética

¿Está tu odio por el brócoli en tus genes? ¿Existen dos tipos de genes rubios? ¿Somos los humanos tan diversos como creemos? Entérate a continuación.

Por Francisco J. Lastra @efejotaele | 2018-01-09 | 12:00
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Si prestaron algo de atención en clases de biología, sabrán que uno es lo que es por el ambiente donde vive y por la información empaquetada, el ADN, que viene en cada célula de nuestro cuerpo. Esta información genética determina en gran medida cómo nos vemos, de qué nos enfermamos e, incluso, influenciaría algunos comportamientos. Esto, claro está, aplica no solo humanos, sino a todos los seres vivos.

El campo de la genética es relativamente reciente (tomó fuerza a partir de los 70s) y, hasta cierto punto, aún bastante misterioso. Si no nos creen, lean a continuación algunos hechos relacionados con la genética de los seres vivos que te dejarán así:

El plátano más comido en el mundo es… ¿británico?

Aunque son incontables los alimentos “tallados” genéticamente por la mano humana, son pocos los casos que se comparan con el éxito del plátano moderno, “uno de los organismos más intrigantes de la tierra”, señala Dan Koeppel, autor de Banana: The Fate of the Fruit That Changed the World. Crece en plantas herbáceas, no en árboles, y el fruto es en realidad una baya (sí, como la frutilla).

¿Sabías que casi un 50% de los plátanos que se consumen en el mundo descienden de especímenes que un político británico cultivó en su invernadero, en el siglo XIX?

William George Spencer Cavendish recibió en 1834 especímenes de la fruta proveniente de África, que cultivó en sus invernaderos y luego exportó a lugares del Pacífico. El nombre de este plátano devorado en todo el mundo es, justamente, plátano Cavendish.

Bueno, no es que esta especie de plátano sea británica literalmente (dijimos venían de África), pero las muestras que dieron origen a su expansión por el mundo, nacieron en Gran Bretaña.

¿Odias el brócoli? Quizá está en tus genes

Seguramente no conocen “ni por si acaso” la feniltiourea, pero ciertos factores genéticos podrían modificar el sabor de este compuesto que se encuentra en varias especies de plantas, como el brócoli, el repollo y la coliflor. Mientras para algunos no tiene sabor, para otros es muy, muy amargo.

En promedio, un 70% de la población pertenece a este último grupo, pero los porcentajes varían mucho dependiendo del grupo humano. Casi todos los nativos de América lo perciben bien amargo, mientras que el porcentaje en nativos de Australia y Guinea cae a un 58%.

¿Anormalidad o superpoder?

En 1994, un hombre estadounidense sufrió un accidente automovilístico. Su cuerpo tenía varios moretones, pero los rayos-X no revelaron ni una sola fractura. Lo que sí llamo la atención de radiólogos fue su anormal densidad ósea. Llamadas a colegas y estudios posteriores revelaron que el hombre tenía una densidad ósea 8 veces superior a la normal, lo que lo hacía ultra resistente en estos casos, pero también le imposibilitaba nadar (se hundía como una piedra, decía).

Solo varios años después, doctores lograron dar con la causa: una anormalidad genética en el cromosoma 11 que afectaba a un árbol familiar que se extendía por toda la costa este de EEUU. Otro miembro de esta familia acusaba otro efecto negativo: no podían reemplazar su cadera porque la prótesis era imposible de atornillar al duro hueso.

Rubios no europeos

Según un estudio de 2006, el gen del pelo rubio europeo habría surgido hace unos 10 mil a 11 mil años atrás, durante la Era del Hielo. Este, sin embargo, no es el único gen rubio que existe.

Hace pocos años se descubrió que el pelo rubio que se observa en nativos de Oceanía no tiene nada que ver con el europeo. Se trata de una mutación en el cromosoma 9 que no se observa en el Viejo Continente. “La característica humana del cabello rubio surgió independientemente en Oceanía ecuatorial. Eso es bastante inesperado y fascinante”, comentó un investigador.

Adaptación genética en vivo

En 1954, un biólogo japonés cubrió con un paño oscuro a una colonia de moscas de la fruta. Más de 60 años y 1.500 generaciones de moscas después, esa misma colonia sigue sin conocer la luz. Se trata de uno de los experimentos de biología evolutiva más largos de la historia, y que ha servido para seguir año a año los cambios genéticos que debe sufrir la mosca para adaptarse a la total oscuridad.

Un estudio de 2012 descubrió que estas moscas, llamadas dark flies o moscas de la oscuridad, tienen mayor fecundidad en condiciones de total ausencia de luz, lo que los llevó a secuenciar su ADN para encontrar las razones. Finalmente llegaron a una lista de 84 genes candidatos donde se sufrieron mutaciones que pudieron favorecer esta adaptación. Serían genes responsables de, por ejemplo, la detección de olores y químicos en el ambiente, como también de producir feromonas.

Porque somos hermanos

Aunque nos gusta celebrar la diversidad humana, lo cierto es que, genéticamente, somos prácticamente iguales.

Para que se hagan una idea: un estudio que tomó muestras de 4 subespecies de chimpancés que habitan a apenas unos kilómetros unos de otros, encontró en ellos una mayor diversidad genética que en toda la raza humana.

Esto alimenta la hipótesis de que todos los humanos descienden de grupos ancestrales muy pequeños, posiblemente debido a una gran catástrofe natural que casi los aniquila.

Un estudio, por ejemplo, concluyó que los nativos de Norteamérica descienden de apenas 70 individuos que cruzaron el estrecho de Bering. Este fenómeno se conoce como un “cuello de botella”, y es la principal razón de escasa diversidad genética en seres vivos.

El bisonte europeo, por dar un ejemplo no humano, sufrió esto en el siglo XIX debido a la caza indiscriminada. Hoy, los cerca de 5.000 bisontes que existen descienden de apenas 12 que quedaron vivos.

Los genes que derribaron a una dinastía

Que la humanidad sea genéticamente muy similar es una cosa, casarse con la prima hermana es otra. Si no miren a los Habsburgo, una de las dinastías más poderosas que tuvo su fin en España, indica un estudio, por su tendencia al incesto.

El “producto final” de la obsesión de los Habsburgo por asegurar la sangre real, casándose entre parientes, fue el pobre Carlos II de España. Era física y mentalmente discapacitado, además de estéril. Su mandíbula era tan deforme y su lengua tan grande, que tenía dificultades para hablar y solía babear con frecuencia.

Retrato de Carlos II por W. Humer.

Tan poca variedad genética se halló en su árbol familiar, que investigadores concluyeron que la situación de Carlos II sería similar al producto de un incesto entre hermanos o entre un padre y una hija.

La muerte de Carlos II en 1700, con apenas 38 años, abrió paso a los Borbones de Francia, quienes se sientan en el trono español hasta el día de hoy.

Ajustando genes a voluntad

Mucho se habla de lo inteligentes que son los delfines, ¿pero han leído sobre cefalópodos como el pulpo y el calamar?

Su inteligencia es nivel “tengo miedo”: algunos son capaces de comunicarse mediante una especie de código morse, otros pueden abrir frascos e incluso sabotear los sistemas de un acuario. A todo esto se suma la fascinante capacidad de realizar un proceso llamado edición de ARN.

Recordemos que el ARN es el mensajero del ADN, y transfiere su información durante la síntesis de proteínas. Los cefalópodos pueden realizar cambios en el ARN, haciendo que las instrucciones del ADN se ejecuten de forma distinta.

Aunque otras especies (también el humano) son capaces hacerlo, los cefalópodos tienen un ADN mucho más permisivo para la edición de ARN. Científicos creen que estos animales utilizan la edición del ARN para ajustarse a cambios de temperatura y aumentar su capacidad mental.

Tres son multitud

¿Puede tener un bebé tres progenitores? Sí, de cierto modo. Mientras el genoma de un feto es compartido entre el padre y la madre, la mitocondria viene siempre dada de la línea materna, y ésta también contiene su propio ADN.

En algunos países, una mujer que sufre de enfermedades genéticas mitocondriales puede optar a un tratamiento que involucra inyectar los cromosomas de la madre en un óvulo vacío de una donante con una mitocondria sana. Luego este óvulo es fecundado.

En un caso de 2016, se encontró que el bebé poseía un 0,1% de ADN del donante, mediante el ADN mitocondrial.

¿Conoces otras curiosidades sobre la genética? 

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Comentarios
carmen concha | 2018-01-13 | 15:30
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Y muchas Más!. Trump los humanos son iguales o casi entre si!!!!! Escucha!!!
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