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Imagen: Louis Armstrong y The Beatles

Música y drogas: mitos, verdades y anécdotas

¿Cuánto aportó el LSD en el desarrollo de la música del siglo XX? ¿Qué tan beneficiosa es la marihuana para disfrutar nuestra música favorita? Hoy te contamos cómo estas dos drogas impactaron en la historia de la música, y los mitos que han generado.

Por Martín Poblete @martin_poblete | 2017-07-10 | 17:30
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Las drogas han caminado de la mano con el ser humano prácticamente desde los inicios de nuestra existencia, formando parte de casi todas las culturas. Más allá de que sean usadas con fines recreacionales, ceremoniales o militares, y de que su consumo sea un tema que genera grandes debates, lo cierto es que, su presencia e influencia en nuestra cultura es innegable.

La música, como todo arte, no ha estado apartada de esto, y en muchos casos se ha relacionado estrechamente con la experimentación alucinógena y la masificación de ciertas drogas en la cultura popular. Si bien la corriente que más fuertemente vinculó la música y la experimentación con drogas fue el movimiento hippie y la contracultura de los ‘60, ya en 1830 el compositor Hector Berlioz había hecho lo suyo con su Sinfonía Fantástica, la cual relata el viaje y las ensoñaciones de un fumador de opio.

Eso sí, durante el siglo XX la relación de la música y las drogas fue bastante más turbulenta, pues su  desarrollo fue ocurriendo a la par con la creación de nuevas sustancias y profundos cambios legales y culturales generados por la instauración de leyes y propagandas prohibicionistas en casi todo el mundo.

Actualmente el debate público en materia de drogas está centrado en dos bandos opuestos y extremos: en un lado tenemos la mirada prohibicionista que “sataniza” a las drogas y a sus usuarios, mientras que en el otro tenemos una postura liberal y, en ocasiones, romántica, que promueve el derecho individual a decidir con respecto a qué consumir y qué no. El problema, naturalmente, recae en la radicalización de ambas y en la argumentación a partir de mitos y no desde la evidencia. 

El tema da para largo, pero como esto es internet y hay que ser breves, nos remitiremos a dos drogas y artistas, cuya interesante relación llevó a acontecimientos clave para la historia de la música. Con esta revisión no estamos diciendo que es necesario el consumo de drogas para que haya grandes obras y genios, sino que queremos mostrar el efecto que algunas sustancias tuvieron en en la música.

Louis Armstrong y la marihuana

“La mayoría de los fumadores de marihuana son negros, músicos de jazz y artistas. Su música satánica es conducida por la marihuana, y el consumo de marihuana por parte de mujeres blancas les hace querer tener relaciones sexuales con negros, artistas y otros. Es una droga que causa locura, criminalidad y muerte. Es la droga que más violencia ha causado en la historia de la humanidad”.

Esta frase se le atribuye a Harry J. Anslinger, comisionado del Departamento de Narcóticos del gobierno de EE.UU. durante los años ‘30. Anslinger fue el principal impulsor de políticas restrictivas en materia de drogas y uno de los grandes rostros del prohibicionismo en el mundo.

Si bien en un principio no se mostraba contrario al consumo de marihuana, cambió su discurso al ser nombrado comisionado. Desde ahí, Anslinger se colgó de las primeras olas de inmigrantes mexicanos para asociar el consumo de drogas a la criminalidad y las minorías raciales. Fue entonces que la planta comenzó a ser conocida como marihuana, como la llamaban los mexicanos, y no como cannabis, como se le conocía en Estados Unidos. Con este nuevo rótulo, y con declaraciones del tipo “la marihuana hace pensar a los negritos que son tan buenos como el hombre blanco”, Anslinger hizo una fuerte propaganda cargada de connotaciones racistas y poco fundada en evidencia empírica.

Aunque Anslinger sí tenía un poco de razón en la relación de la marihuana y el jazz. Como bien lo sabía el trompetista Louis Armstrong, fumar porros era una práctica habitual entre los músicos de jazz entre los años ’20 y ’40. El cannabis les ayudaba a calmar la ansiedad y a desinhibirse, aumentando el fiato entre músicos y facilitando la improvisación tanto en los conciertos como en las sesiones que llevaban a cabo en sus casas.

Por culpa de este “hábito”, en 1930 Armstrong fue arrestado, tras ser sorprendido fumando marihuana en las afueras del Cotton Club, en Culver City, California, poco antes de subir a tocar. Él y su baterista Vic Berton pasaron 9 días en el calabozo, pero finalmente fueron liberados con una sentencia suspendida de 6 meses. Para su fortuna, los detectives que los arrestaron eran fanáticos de su música y les ayudaron en el caso.

Sin embargo, quizás la más sabrosa anécdota de Armstrong con los “cuetes” ocurrió en 1953 cuando, tras una gira por Asia, se encontró en un aeropuerto con el entonces vicepresidente Richard Nixon. Al percatarse de que Satchmo venía llegando de una gira internacional, Nixon tomó sus maletas y le hizo pasar por la vía preferencial de diplomáticos y autoridades, saltándose las aduanas.

Lo que Nixon no sabía era que Armstrong llevaba más de un kilo de marihuana en su equipaje, por lo que, más que un acto de cortesía, lo que hizo fue introducir involuntariamente droga de contrabando a los Estados Unidos. Gracias por tanto, Richard.


"Muggles" era, para decepción de los fans de Harry Potter, la forma en que Armstrong llamaba a los pitos.

Ciencia: ¿y sus efectos en la música?

Según estudios, la marihuana ayuda a disfrutar más de la música por su efecto en la recepción de dopamina, el neurotransmisor asociado a las recompensas y a ciertas formas de placer.

Esta sensación placentera y de relajo, sumada a una pérdida de la noción del tiempo, llevan al músico a un mayor goce del “aquí y el ahora”, haciendo de la música una experiencia más corporal que auditiva. Al estar maximizadas las sensaciones placenteras (entre las que se incluyen la creatividad, la comida y el sexo), la sensación del músico al tocar o al componer es más satisfactoria, pues cree que la marihuana le hace más creativo. Pero en términos estrictos, la marihuana no tiene ningún efecto demostrado en la creatividad.

Es necesario precisar, sin embargo, que la creatividad, al igual que las experiencias con drogas, dependen en gran medida de una buena disposición individual y de un contexto amigable ( set and setting, en inglés) para el libre flujo de ideas. La marihuana, al reducir ansiedades y tensiones, facilita estas condiciones y permite un desempeño más relajado entre compañeros de banda y, por ende, mayor productividad en la creación grupal de música. Pero, nuevamente: estas condiciones pueden alcanzarse sin necesidad de consumir drogas, simplemente procurando un ambiente óptimo para la creatividad.

De acuerdo a Sciencemag, un estudio realizado por Nora Volkow, directora del National Institute on Drug Abuse (Estados Unidos), demostró que el consumo abusivo de marihuana no afecta la producción de dopamina, pero sí su recepción. En la práctica, esto se traduce en pérdida de motivación y un aumento en emociones negativas, que desencadenan en la imposibilidad del cerebro de procesar las sensaciones de placer, forzando al individuo a consumir más marihuana con tal de obtener esas recompensas que su cerebro no logra procesar de forma natural. En otras palabras: consumo problemático.

¿The Beatles o The Beatrips?

En noviembre de 1938, el químico suizo Albert Hoffmann, logró por primera vez en la historia la síntesis de la dietilamida de ácido lisérgico, también conocido como LSD.

Sus usos, inicialmente pensados para la psicoterapia, chocaron fuertemente con los efectos alucinógenos y de euforia que arrojaron las pruebas de laboratorio durante los ‘40 y ‘50, los cuales llevaron (¡obviamente!) a su uso con fines recreacionales y espirituales durante los ‘60. 

En esa época, la psicodelia formó parte de la contracultura a ambos lados del Atlántico: entre flores, amor libre, cuestionamientos al capitalismo, la generación beat y la segunda ola del feminismo, la era psicodélica de The Beatles llegaba a conquistar el mundo, liderando una corriente de la que también formaron parte otras bandas como Jefferson Airplane, Grateful Dead, The Doors y Donovan.

Su música que comenzó como simple rock and roll, poco a poco fue evolucionando hacia dimensiones más experimentales a medida que su fama fue creciendo, llegando a expandir los límites de la música pop más allá de lo imaginable para entonces.

Un factor clave en esta expansión musical tuvo que ver con la experimentación que los cuatro músicos llevaron a cabo con drogas. Primero con la marihuana, gracias a la mala influencia de Bob Dylan, la música de The Beatles fue encaminándose en su disco Rubber Soul (1965) a una senda musical más introspectiva y profunda, y experimentando con nuevas técnicas de grabación e instrumentos nunca antes escuchados en música popular de occidente, como el sitar.

La máxima experiencia psicodélica, sin embargo, llegaría con el LSD.

Los primeros en probar los trips fueron Lennon y Harrison, luego de que un amigo pusiera cubos de azúcar cargados de LSD en sus tazas de café. La experiencia fue en principio terrorífica, pues fueron drogados a la fuerza pero, tras familiarizarse con los efectos, comenzaron un viaje que trajo revelaciones espirituales y cambios permanentes en sus formas de actuar. Harrison lo describiría como “una sobrecogedora sensación de bienestar, de que había un dios, y podía verlo en cada hoja de pasto. Era como ganar cientos de años de experiencia en 12 horas”.

Convencidos de que esa era la dirección en que la banda debía moverse, John y George intentaron convencer a sus otros dos compañeros de probar el ácido. Ringo Starr accedió, pero Paul McCartney fue más renuente a la idea y sus compañeros respetaron su decisión de no sumarse.

Con la experimentación con LSD y las vivencias obtenidas de varios “viajes” psicodélicos salieron algunas de las canciones más atrevidas de la banda. Así, su álbum Revolver (1966) rompió todos los esquemas posibles con canciones como She said she said, basada en una mala experiencia que tuvieron al compartir LSD con el actor Peter Fonda.

Pero si de psicodelia se trata, la pieza clave del álbum es Tomorrow never knows, que contiene citas textuales del libro La experiencia psicodélica: un manual basado en el Libro tibetano de los muertos (1964), de Timothy Leary, Ralph Metzner y Richard Alpert. Este habla sobre la experiencia con fines terapéuticos y religiosos, basado en un antiguo manual del budismo tántrico tibetano, que enseña cómo alcanzar la iluminación espiritual y prevenir la reencarnación (la volaita).

La genialidad de Revolver, sin embargo, fue injustamente opacada por el revuelo que provocaron en Estados Unidos las famosas declaraciones de John Lennon, cuando dijo que The Beatles eran más famosos que Jesucristo. Las amenazas de muerte y las quemas de discos en iglesias protestantes pusieron el foco en el escándalo mediático y no en la música, haciendo que prensa y público tardaran décadas en apreciar uno de los álbumes más valiosos de la historia de la humanidad.

Después de tomarse unos meses de descanso para huir de la controversia, emprender proyectos por separado y aflojar tensiones internas, se reunieron en 1967 para preparar su nuevo álbum. McCartney ya había experimentado con LSD por su cuenta, Harrison viajó a India para estudiar sitar y Lennon y Starr pasaron una temporada en España haciendo cine y activismo político. Al reencontrarse, era como si fuesen otras personas: se habían dejado crecer las barbas, sus vestimentas eran distintas y sus pretensiones musicales completamente diferentes a las de un par de años antes.

De estas búsquedas nació el que, quizás, sea el punto más alto en el desarrollo artístico de The Beatles: el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967).

El existencialismo, las revelaciones espirituales y las búsquedas trascendentales son frecuentes en los relatos de quienes han probado LSD. Esto lleva al individuo a experiencias de interacción con lo “divino”, a través de un estado en el que se le muestra el orden elemental del universo, una forma no personificada de “Dios”.

Ciencia, otra vez: ¿por qué pasa esto?

Según un estudio publicado en 2016 por el psiquiatra y académico de la U. de Cardiff, David Nutt, lo que el LSD hace en el cerebro es “unificar” las funciones que normalmente operan por separado. Las barreras que separan los canales de la visión, la audición o el movimiento, entre otras, se rompen y todo el cerebro comienza a trabajar de forma integrada.

Esta sería la explicación de por qué el LSD produce sinestesia (tan bien aprovechada por Jimi Hendrix), y por qué muchos consumidores experimentan lo que se conoce como la disolución del ego, fenómeno en el cual los límites del “yo” desaparecen en pos de una conexión más profunda con los demás, la naturaleza y la misma existencia.

En el caso de The Beatles, la experimentación con LSD fue el vehículo para catalizar una inquietud artística que venía arrastrándose desde hacía tiempo. Sumergirse e indagar en el ámbito espiritual les permitió expandir los límites del rock mucho más allá de su banalidad mundana y ayudó a la apertura de la banda a la genialidad creativa de George Harrison. Según Ringo Starr, el LSD les proporcionaba excelentes contenidos para sus canciones, pero para poder sacarles el máximo provecho debían estar completamente sobrios al grabar. En sus palabras: “ hacíamos música realmente mala cuando tocábamos drogados o trastocados en cualquier forma, por eso teníamos que vivir las experiencias y llevarlas a la música después.”

Dentro del campo de las drogas, el LSD ha mostrado ser bastante “inofensivo”, según algunos científicos, frente a otras drogas más peligrosas o fáciles de obtener. Eso no quiere decir que alcemos la bandera “LSD gratuito y de calidad para todos”, pero según un estudio dirigido también por David Nutt, en una escala del 1 al 100 compuesta por 16 diferentes tipos de daños posibles para el individuo y su entorno, el LSD marcó 7 puntos. El alcohol, por su parte, marcó 72.

Esto, sin embargo, no significa que el ácido no haga daño alguno. Su uso no supervisado por parte de personas con trastornos psiquiátricos podría tener graves consecuencias para su salud mental. En este ámbito la evidencia es controvertida y poco concluyente, pero si hay algo en lo que los expertos coinciden, es en que el uso de drogas de este tipo debe hacerse de forma responsable y por ningún motivo deben ser utilizadas por personas a las que una experiencia psicodélica les pueda suponer un riesgo.

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